miércoles, 14 de noviembre de 2012

Música y Dictadura





“Personalmente no puedo vivir sin mi arte, pero jamás he puesto mi arte por encima de toda otra cosa”
“Por la definición (el artista), no puede estar al servicio de quienes hacen la Historia, sino al servicio de quienes la sufren”
Albert Camus





Sin duda uno de los directores de orquesta más grandes de la Historia de la Música es Herbert Von Karajan. Su grandiosidad no fue empañada por el hecho de que colaborara con la dictadura nazi mientras sus colegas y hermanos eran perseguidos y exterminados. Es muy conocida la anécdota del virtuoso director conduciendo la orquesta con ocasión del cumpleaños del Führer, al tiempo que músicos judíos recibían "gas del bueno", Zyklon B, en los campos de concentración, y otros maestros, como Bruno Walter, Eric Kleiber y Otto Klemperer huían hacia el mundo libre. El padre de la Dirección Orquestal Moderna, Arturo Toscanini, tuvo que escapar de Italia antes que arrodillarse ante el Duce, pues su vida y las de los suyos corrían peligro. Nadie dirigía un Wagner o un Beethoven como Herbert, así que esto lo colocaba por encima del bien y del mal; esto lo excusaba de la mínima solidaridad social y humana; esto lo colocaba por encima de la Raza Humana. Y es que el magnífico músico consideraba su arte tan elevado que resultaba “neutral”.

Bruno Walter





Shostakovich
La URSS contó con su cuota de colaboradores. Shostakovich es quizás el más conocido. El genial compositor fue inicialmente perseguido por trotskista, pero terminó capitulando con el Kremlin para poder sobrevivir y llegó a ser miembro de Soviet Supremo. Aram Khachaturian, el más grande músico armenio y autor del Himno Nacional de ese país, quizás el más bello de los himnos nacionales, también tuvo que someterse a la bota cosaca luego de haber sido perseguido por burgués contrarrevolucionario. Caso aparte merece Yevgeni Mravinsky, otro de los genios de la dirección orquestal. A diferencia de Shostakovich y Khachaturian, este también colocaba su arte “por encima de toda otra cosa”; encontraba cómodo dirigir la orquesta mientras que millones de rusos morían de hambre o en el Archipiélago del Gulag de Stalin.

Mravinsky


Khachaturian
Comparto la opinión de Camus: el artista no puede sustraerse de la realidad y tragedia que lo rodean con el pretexto de que su arte obedece a designios superiores a la Humanidad, que está “por encima de toda otra cosa”; que es divino. No es un idiota o imbécil social. Después de todo, nada distingue más a la condición de humano que la manifestación artística; un chimpancé puede utilizar una herramienta pero difícilmente pintará una “Última Cena” o compondrá una “Tocata y Fuga en Re menor”.

A pesar de la falta de compromiso social por parte de algunos miembros de las nuevas generaciones, en Venezuela existe una historia dorada de grandes luchadores de la Música. Tales son los casos de dos grandes de la Música Venezolana y Universal: los maestros Vicente Emilio Sojo y Alfredo Sánchez Luna, el único Alfredo Sadel. Y en épocas recientes no podemos olvidar a la virtuosa pianista Gabriela Montero.

Sojo fue absolutamente intolerante con la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, ante éste no cedió un milímetro. Puso en riesgo su carrera, su integridad física, su trabajo y su propia Escuela Superior de Música que tantos artistas ha dado a la sociedad venezolana: Estéves, Calcaño, Lauro, Pérez Díaz, Carreño, Abreu, Díaz, Ruiz, Núñez, y un larguísimo etcétera. Es ampliamente sabido por los venezolanos que ante la solicitud del dictador se negó a dirigir la orquesta para deleitarle. Por cierto, ya para entonces existía Radio Caracas Televisión.




Sadel luchó en todos los terrenos de la resistencia contra el sátrapa de Michelena. Para aquellos tiempos, el gran tenor del siglo XX ya era un ídolo de carácter universal sólo comparable con Carlos Gardel (Sadel es la combinación de Sánchez con Gardel). Su éxito trascendió al continente y llegó a Europa. La Metro Goldwyn Meyer lo contrató para que no le opacara la carrera a la estrella en la que tanto habían invertido: Mario Lanza, cantante de menor talla que el venezolano. Gozaba de infinitamente más proyección de la que disfruta Dudamel hoy, por ejemplo. Durante años la Seguridad Nacional le pisó los talones no sólo porque con sus importantes ingresos financiaba la disidencia, mantenía a políticos en el exilio, pagaba por la manutención de los hijos de luchadores presos, sino porque arriesgó su vida en la vanguardia de la lucha, en la primera línea de fuego: entre otras cosas, servía de correo para los líderes opositores perseguidos. Y aquí no había cuento, la SN de Pedro Estrada y Miguel Silvio Sanz, alias El Negro Sanz, era temible por sus torturas y asesinatos, como atestigua la muerte del cantante Genaro Salinas en el puente  frente a la Iglesia San Pedro de Caracas.
 
La gesta de estos grandes venezolanos, y la de muchos otros en el pasado y el presente debe aplacar y compensar con creces por cualquier decepción que sintamos quienes vemos artistas al servicio de la dictadura mientras muchos de sus hermanos son excluidos y hasta apaleados; mientras cientos de miles mueren asesinados; mientras miles pasan hambre antes que capitular; mientras cientos de miles son despojados; mientras hay presos políticos; mientras millones no se arrodillan. El conocimiento de la historia, la de nuestros grandes héroes en el Arte debe darnos el aliciente necesario para seguir de pie soportando los embates de la opresión y de las plagas sociales diseñadas para doblegarnos y aniquilarnos. Y repito, como dijo Ho Chi Min: “pueden matarnos a todos, pero jamás derrotarán al pueblo”

¿Será por esto que prefiero a Beethoven dirigido por Bernstein que por Von Karajan?


Leonardo Silva Beauregard
Twitter: @LeoSilvaBe

1 comentario:

  1. Leo, como siempre, excelente articulo, muy bueno el inventario de los grandes artistas Venezolanos comprometidos con su pais y con su tiempo. Lastima que seamos testigos de actitudes tan poco solidarias. Un dato Perez Jimenez, quien seguramente habra pasado por Capacho camino a San Antonio, era originario de Michelena, de Capacho fue el no menos celebre y satrapa Cipriano Castro. Un abrazo y siga adelante

    ResponderEliminar