lunes, 19 de noviembre de 2012

No Volverán



Represa de El Guri


Reiteradamente he hecho referencia a las profundas contradicciones de la revolución. La frase “no volverán” la acuñó el Supremo Líder para referirse a la imposibilidad de retorno al poder de todos aquellos que formaron parte de la historia democrática de Venezuela, a quienes culpa, aún 14 años después, de los males que todavía aquejan al país. Tiene varios significados, entre ellos el simplista y maniqueo de que todo lo pasado es malo y todo lo nuevo bueno; de que quienes detentaron poder en el pasado son –por definición- responsables de todas las plagas que padece nuestra sociedad; y el más grave: como en esta categoría incluye a todo el que lo adversa, de que no habrá alternabilidad en el poder, a menos que traigamos marcianos, a quienes le sería muy difícil –pero no imposible- culpar por las fallas del pasado.

Lamentablemente esta oración ha hecho eco también entre las filas opositoras y la hemos escuchado estupefactos e indignados, pronunciada por intelectuales de oposición (“nosotros también decimos ‘no volverán’”). Entiendo que fanáticos iletrados invoquen esta idea sin sentido que implica un rompimiento con un pasado que –para decirlo crudamente- nos parió. Desconocer o peor, negar el pasado es negar la historia de la cual somos hijos. Y es que sin ese pasado no seríamos este presente.

Autopista Regional del Centro


Quienes “no volverán” son los responsables de que la tasa de homicidios se multiplicara por más de 14 en estos 14 años de gobierno; de que la producción petrolera decayera en un tercio desde 2003; de que la gran potencia petrolera tenga que importar más de 800.000 barriles diarios de gasolina; de los apagones que mantienen el país en las penumbras en los últimos años; de que se importe hoy casi toda la comida que ingerimos; de que el otrora país cafetalero ahora tenga que importar casi todo el café que consume; de los niveles inauditos de corrupción en la Administración Pública…

Particularmente no formé parte ni tuve contacto alguno con ningún gobierno de la Democracia. Mi voto jamás llevó a un presidente a Miraflores y como no soy activista político, siempre he estado, desde que tengo libre albedrío, afectivamente en la oposición. Pero quienes votaron contra ese pasado en 1998 y han seguido haciéndolo desde entonces, son exactamente los mismos que antes votaron a favor de quienes ahora son recipientes de su “¡no volverán!” En un absurdo total, los mismos que vistieron franelas, cascos y sombreros blancos y verdes, los mismos que sonaron maraquitas y piticos blancos y verdes, gritan entusiastas “¡no volverán!” (¿Acaso intentan decir que ellos mismos no volverán? Alguien que me explique, por favor). Y esto es indiscutible pues a Venezuela no vinieron ni chinos ni rusos a votar por el presente gobernante.

Lo anterior es especialmente cierto con respecto a la familia del autócrata. Es verdad que no vestían la socialdemócrata indumentaria blanca, pero sí la derechista democratacristiana verde. Sus padres y hermanos fueron simpatizantes de COPEI e incluso dirigentes el mismo partido. Él comió con el dinero proveniente de salarios copeyanos pagados en la Administración Pública, pues sus padres eran maestros de escuelas del Estado, y se educó precisamente en los mismos colegios, liceos y academias fundados por los mismos que “no volverán”.

Puente Sobre el Lago de Maracaibo


En su casa había luz para el televisor y la nevera porque aquellos que “no volverán” construyeron represas y el sistema eléctrico nacional que todavía hoy forma la columna vertebral de la infraestructura del país. Esos mismos que “no volverán” construyeron todas las vías de comunicación que sirvieron para movilizar los tanques en 1992 y que todavía son las únicas vías que se han construido en el país. En fin, esos que “no volverán” son sin duda culpables de muchos pecados pero también son responsables de haber construido buena parte del país que conocemos. Uno de los que “no volverán” lo dejó en libertad a pesar de los cargos por sedición y las decenas de muertos que causó en 1992, sobreseyendo su causa y permitiéndole acceso a la candidatura para la presidencia. Un Consejo Supremo Electoral conformado por quienes “no volverán” computó limpiamente los votos (por cierto, de los mismos que se supone que “no volverían”) necesarios para hacerlo presidente. Vemos pues, que en todo sentido el autor de la sentencia “no volverán” es precisamente hijo de los que “no volverán”.

Puente de Angostura

Leonardo Silva Beauregard
Twitter: @LeoSilvaBe

No hay comentarios:

Publicar un comentario