domingo, 4 de noviembre de 2012

¿Nave De Los Locos?







“Vivan, vivan los locos que los locos inventaron el amor”
Horacio Ferrer, Balada Para Un Loco

"La única diferencia entre un loco y yo, es que el loco cree que no lo está, mientras yo sé que lo estoy."
Salvador Dalí

Ignorante, s. Persona desprovista de ciertos conocimientos que usted posee, y sabedora de otras cosas que usted ignora.”
Ambrose Bierce, Diccionario del Diablo


Con mucho agrado leí el excelente artículo "La Nave de los Locos" escrito por Carlos Raúl Hernández, en el cual derrocha la calidad indiscutible de su pluma con su sólido conocimiento. Disfruté sus aciertos casi tanto como sus desatinos. En él se deshizo en argumentos y epítetos dirigidos a aquellos que piensan en la posibilidad de un fraude electoral el pasado 7 de octubre, y cuestionó y lamentó –como he hecho también en mi caso- el cisma que la discusión acerca de los extraños hechos de ese día y la derrota ha causado en las filas opositoras.

Reclamó, con justa razón, la forma en que los opositores han caído en el insulto como herramienta de debate interno. Pero no deja de ser curioso que precisamente haya utilizado la misma especie –a la que he podido apreciar en su Twitter es aficionado- para sustentar su tesis: “frauduleros, ignorantes, medios cultos, locos, etc.”. Donde hay razón no tiene cabida el insulto, el último es innecesario y anula a la primera. En lo particular, independientemente de que el insulto siempre define, descalifica y degrada a quien lo emite, no a quien lo recibe, jamás me atrevería a debatir mi ignorancia pues perdería de calle. Pero sí la de personas como Alfredo Weil, María Corina Machado y otros que no nombraré pues la lista es larga.


La angustia extrema, bajo ciertas circunstancias, puede llevar a la locura. Pero no debe confundirse con esta. Aunque es cierto, como bien dice en su artículo, que la palabra "loco" indica algún grado de desvinculación del individuo con la realidad, y agrego: de escisión de la personalidad, de psicopatía; no es menos cierto que la sociedad desde antes de que exista Historia ha declarado locos a los incomprendidos, a los incómodos, a los divergentes, a los disidentes, a los temidos, en fin, a muchos que osan no adscribirse al pensamiento único o main stream, e incluso, a replantear el mundo y subvertir paradigmas. El loco va contra la moda siempre.


No huelga mencionar que en las sociedades totalitarias comunistas las palabras “loco” y “locura” han cobrado especial importancia en el trato con la resistencia. Es práctica en ellas -como lo fue en el notorio caso de la URSS- que a los opositores se les diagnosticara locura, se les internara indefinidadmente y se les sometiera a tratamiento con toda clase de drogas y hasta electroterapia (electroshock). Por supuesto, el porcentaje de curación es cercano a cero.


Pero no es sólo en los insultos donde claudica mi admirado escritor cuyo artículo me ocupa. En él manifiesta una profunda contradicción: al tiempo de declarar la imposibilidad absoluta de fraude, critica duramente la actitud del liderazgo opositor (al cuál sólo le he objetado que no presente las actas auditadas para desmentir la tesis del fraude) y su silencio ante los hechos, sin pasearse por la idea de que precisamente ese silencio constituye la confesión ficta de que algo turbio sucedió; quien calla otorga. No cabe otra intepretación.

No puedo argumentar acerca de Erasmo o Sebastian Brandt, citados por el autor de marras, principalmente porque no los conozco tanto como quisiera. Pero sí puedo declarar que si por dudar ante las extrañas circunstancias que estamos viviendo se me embarca en una nave para lunáticos, sentiré elogiada mi locura y humildemente me dispondré a disfrutar de la travesía en la distinguida compañía de otros locos de la Historia, como Jesucristo, Galileo, Copérnico, Beethoven, Vincent Van Gogh, Gandhi, Wilhem Reich y pare usted de contar mi querido lector. Y por cierto, aquí no parafraseo a Bolívar en su delirio.



Nota: A continuación las definiciones de "loco" y "locura" del Diccionario del Diablo de Ambrose Bierce:

Loco, adj. Dícese de quien está afectado de un alto nivel de independencia intelectual; del que no se conforma a las normas de pensamiento, lenguaje y acción que los conformantes han establecido observándose a sí mismos; del que no está de acuerdo con la mayoría; en suma, de todo lo que es inusitado. Vale la pena señalar que una persona es declarada loca por funcionarios carentes de pruebas de su propia cordura. Por ejemplo, el ilustre autor de este Diccionario no se siente más convencido de su salud mental que cualquier internado en un manicomio, y -salvo demostración en contrario- es posible que en vez de la sublime ocupación a que cree dedicar sus facultades, esté golpeando los puños contra los barrotes de un asilo y afirmando ser Noé Webster, (autor del diccionario Webster) ante la inocente delectación de muchos espectadores desprevenidos.

Locura, s. Ese "don y divina facultad" cuya energía creadora y ordenadora inspira el espíritu del hombre, guía sus actos y adorna su vida. 

Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe 

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