viernes, 9 de noviembre de 2012

Comunista





Vengo de un hogar de izquierda. Mis padres fueron militantes de la Juventud del Partido Comunista de Venezuela. Mi padre ingresó al partido a los 13 años en 1944. Repartía “Tribuna Popular” en las calles bajo las órdenes de Luis Miquilena. Tuve la oportunidad de conocer a importantes comunistas como el gran Aníbal Nazoa, quien fuera entrañable amigo de mis progenitores desde aquellos días y me dignó con su amistad. No fue sorpresa, pues, que a los 10 años de edad ya era yo un “cabeza caliente” y que las lecturas de Engels y Marx fueran acompañadas por afiches en mi cuarto que iban desde el Ché hasta Gandhi pasando por letreros de “Yankee, go home!” y “¡Camboya, Camboya, Nixon es argolla!” 

Mi tía Luisa del Valle Silva, la famosa poetisa y educadora, fue pionera del PCV y cofundadora de la Federación Venezolana de Mujeres en representación de ese partido; luchadora pionera por el voto femenino en Venezuela. Su influencia sobre mi padre y luego sobre mí –más indirectamente- fue decisiva en cuanto a posiciones políticas. De todos estos comunistas de la vieja guardia pude observar ciertas características, si se quiere, definitorias de lo que a mi entender era la personalidad de un comunista: austero, modesto, solidario, culto, entre otras. No hablo de que fueran personas de pobreza material, sino en general, despreocupados de las riquezas terrenales, salvo por lo pertinente a solucionar el sufrimiento del prójimo.



Pero la personalidad del comunista que conocí a través de mis parientes y amigos es muy distinta a la de la nueva casta nacida en el planeta hacia finales del siglo XX. La explosión económica de China a raíz de su volcamiento al Capitalismo, mostró al mundo a un comunista oligarca de niveles de riqueza personal sencillamente brutales. Un grupo muy reducido de magnates y dirigentes políticos entrelazados que no debe pasar de los cientos, maneja cientos de miles de millones de dólares a costa del sufrimiento de 1.400 millones de chinos. Por cierto, en estas fechas, el Congreso del Partido Comunista de China Popular elige la sucesión de Hu Jintiao, y se espera que sea su sucesor Xi, para continuar la ola de corrupción dentro del régimen. Esto tendrá lugar en medio de severas críticas dentro del propio Partido Comunista Chino debidas a los oprobiosos y groseros casos de corrupción en el gobierno que abarcan a parientes del Primer Ministro. Sin embargo,  se anticipa que no habrá mayores consecuencias y que muy poco o nada con relación a esta materia trascenderá al velo de secreto que siempre se ha mantenido sobre estos asuntos. 



El Caribe tropical tiene sus versiones de esta nueva casta. Aunque Fidel Castro lo ha negado, la revista Forbes reiteradamente lo coloca entre las personas más ricas del mundo con una fortuna que supera los 1.500 millones de dólares. Y ya es harto conocido que revolucionarios bolivarianos y boliburgueses han ganado acceso a este “distinguido” club. Sus nombres todos los conocemos. Nada puede ocultarse en la era de la Globalización, Internet y la democratización de la información. 



A nadie se le niega derecho a llenar sus arcas en especial en el sistema capitalista, pero llama la atención que socialistas y comunistas que pregonan la distribución equitativa de la riqueza, logren esta distribución de riqueza solamente en su entorno y obligan a sus gobernados a sufrir la distribución equitativa de la pobreza. No obstante, lo más grave es que esas arcas personales no las llenan con dineros habidos de la actividad empresarial privada como un Donald Trump, un George Soros o un Bill Gates, sino a la sombra de la Administración Pública. En dos platos, robando los reales de los mismos pueblos que oprimen con la excusa del bienestar colectivo.




En pocas palabras: No existe capitalismo más salvaje que el comunismo salvaje.


 


Leonardo Silva Beauregard
Twitter: @LeoSilvaBe

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