martes, 30 de octubre de 2012

Tristeza




Veintitrés días después, no sé cuál tristeza es mayor, si la causada  por el atropello del que fuimos víctimas los demócratas por parte del gobierno y todas sus “instituciones”, incluyendo su CNE, o la generada por la reacción de nuestros líderes, algunos pensadores y académicos, y hasta por el representante de la oposición ante el CNE, Vicente Díaz. A las dudas razonables sobre fraude electoral han contestado o con insultos, o con elogios al cuestionado árbitro (exclusivamente en el escrutinio de votos, de resto lo consideran asquerosamente corrupto) y aun, al líder de la revolución, haciendo caso omiso de todas las violaciones de leyes y derechos por parte de estos.


Es querer creer. Quise creer. A pesar de mi desencanto con Juan Jacobo Rousseau y lo que he dado en llamar desde aquellos días “la Naturaleza Humana”, creí. Me disuadieron de pensar en el éxito del fraude con dos argumentos, el segundo más pesado que el primero: habría testigos de mesa opositores en casi todas las mesas de votación, y –como prueba de que los votos serían defendidos- presentarían al país todas las actas de votación debidamente auditadas con sus respectivas Constancias de Verificación Ciudadana (el documento verdaderamente válido y vinculante). Además, asumieron el compromiso expreso de exigir respeto a los resultados electorales a todo evento: “ganaremos y cobraremos, sabemos cómo hacerlo”.


Efectivamente, después de mucho dilatar, quizás compelidos por el reclamo del pueblo en el sentido del cumplimiento de la solemne promesa y las denuncias de desaparición de 3.900 actas que representarían unos 2 millones de votos, presentaron unas actas. Con esto pretendieron apoyar su sentencia incuestionable de que no hubo fraude. No obstante, con gran pesar debo expresar que tales actas carecen de toda validez jurídica: ni son auditadas ni respaldadas por las Constancias de Verificación que las validan. En consecuencia, nada prueban. Y si es así, son un engaño, una mentira. ¿Por qué no presentan los documentos realmente probatorios de que el proceso fue transparente? ¿Será que las cifras no cuadran? No tengo las respuestas a estas interrogantes pero sin duda el lector sí.


Reiteraré ad infinitum que encuentro incoherente que a todo el sistema revolucionario, no solamente al CNE, el liderazgo opositor junto con los intelectuales, empresarios y académicos que lo acompañan, muchos de ellos ex revolucionarios, lo considere fraudulento; que al árbitro se le estime corrupto y parcial en todas sus facetas salvo en el cómputo de votos. Esto, desde mi perspectiva poco iluminada, carece de sentido.

Pero más grave veo aún que se alaben las bondades, no sólo del CNE, sino hasta del propio líder; mismo que tiene presos políticos; ha violado la Constitución y las leyes; ha permitido la muerte de unos cuantos compatriotas; ha tolerado toda suerte de actos de corrupción; ha corrompido jueces para torcer la justicia; se ha valido ilícitamente de todos los recursos del Estado, pecuniarios o no pecuniarios, para su campaña de reelección; y ha amenazado ¡con guerra civil y sangre a sus hermanos! entre otras barbaridades. Tal es el caso de Vicente Díaz, cuyas loas al amo requieren la ingesta inmediata de un antiemético en dosis elevadas para mitigar las náuseas. El buen rector “opositor” declara que “admira” al Comandante pues se entregó en su campaña heroicamente a pesar de su terrible enfermedad incurable con riesgo para su salud. ¿Un tiro para el gobierno y otro para la oposición? ¿”Tíreme algo manque fallo, Comandante”? ¿”Estoy a punto de jubilarme Comandante, no me olvide”? Huelgan los comentarios.


Así que ante esta terrible decepción tan inmensa (que en lo profundo de mi conciencia no lo fue), no puedo más que sentir infinita tristeza; tristeza que en modo alguno hará cambiar mi convicción de que la UNIDAD le es esencial a la oposición para sobrevivir, independientemente de las equivocaciones y fraudes de sus líderes, quienes son absolutamente sustituibles, máxime en un grupo en el que sobra el talento como lo es esa multicolorida resistencia democrática.





Sé que por expresarme como ahora lo hago seré acusado de radical, seguramente insultado, se me imputará atentar contra esa misma UNIDAD en la que creo y por cuya existencia jamás dejaré de luchar. Pero sepan señores: atenta contra la UNIDAD quien insulta, miente y engaña en su nombre, no quienes ven con ojo crítico a su liderazgo que es mutable, y consideran que depurarla de sus vicios es garantizarle larga y más saludable vida, además de perfeccionarla; que es garantizarle con la diversidad de pensamiento y espíritu autocrítico, por lo menos, una infinitesimal probabilidad de tener éxito en la causa de la libertad. Y me refiero a la libertad de mis hijos, no a la mía.


Leonardo Silva Beauregard
Twitter: @LeoSilvaBe

2 comentarios:

  1. Imagino que no participaras en las elecciones del 8 de diciembre! Yo no iré a votar, y muchisima gente tampoco lo hará...¿para qué ir a votar si ganemos o no, el resultado sera que perdimos?

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  2. Al contrario. Si no hubiéramos partcicado el 14A (para cuando yo preveía el fraude) no hubiéramos ganado y descubierto el fraude, no hubiéramos tenido nada qué defender. Es inidspensable votar para seguir dejando en evidencia al régimen y seguir demostrando a nosotros, a la dictadura y al mundo que somos mayoría y que no abandonaremos la lucha. Si no votamos no tendremos nada que defender. Esa sería la gran derrota. Cuando suframos el fraude, ganaremos perdiendo pero el gobierno perderá ganando. Saludos.

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