lunes, 15 de octubre de 2012

Reconciliación



Dedicada a ella: la Libertad
 
Es indiscutible que un país dividido y en pugna es incapaz de emprender su construcción. La unión es fundamental para hacer una nación, de lo contrario, está condenada a no existir, a no ser más que un yermo campo de batalla. Atendiendo a esta premisa, los líderes del gobierno y de la oposición han reiterado un llamado a la reconciliación nacional en los días inmediatamente siguientes a las pasadas elecciones presidenciales. Pero ¿cuán sinceros son estos llamados? ¿Corresponden al plano de la realidad?

En un proceso mental colectivo que contradice lo aprendido en insuficientes lecturas de Psicoanálisis y  Psicología (hay que conceder que la cualidad de ciencia de estas disciplinas todavía es discutida), hemos visto que voceros de la oposición, intelectuales, y demás líderes, muchos que reclaman para sí el monopolio de la verdad; misma verdad que poseían algunos de ellos cuando abordaron aquel portaaviones militarista para freír cabezas; ante la derrota electoral reclamaron de inmediato el optimismo y la euforia de la población sumidad en la pena. El argumento era simple: “pasemos la página, ahora debemos trabajar para las elecciones de alcaldes y gobernadores. No nos podemos dar el lujo de la tristeza que además, está injustificada pues ahora somos más que en 2006 (soslayando los números del Referéndum 2007, los de las últimas elecciones parlamentarias y regionales  con el baladí “son casos distintos”), y los “sentimientos negativos” (?) como la tristeza y depresión son lesivos a la causa”. Y poco importa si el alegato de preservar parcelas de poder en alcaldías y gobernaciones –básicamente de recibir mendrugos del gobierno nacional- se derrumba ante el fantasma de la Ley de Comunas que dejará como meras figuras decorativas a los alcaldes y gobernadores que sean electos en Diciembre.

Ya mencioné en artículo anterior que la tristeza es un sentimiento noble muy humano y la depresión un estado que puede ser patológico, y que luego de su elaboración en un necesario duelo, pueden y deben ser sublimados en emociones que permitan seguir en pie de lucha. Pero saltar del dolor de la pérdida por la derrota a la euforia optimista (muy parecida a la negación) en cuestión de minutos no es el proceso natural y frecuente de reacción a esta clase de hechos en el Ser Humano. Y como dice la psicoanalista Ana Teresa Torres en su brillante artículo “Acerca de la Tristeza”: hablar de sentimientos positivos y negativos corresponde al ámbito de los manuales de autoayuda. Son sólo sentimientos, punto.

Ya esta diferencia de actitud: la de aquellos que no pudimos más que guardar luto activo, llevar la pena y embarcarnos en el proceso de elaborarla, en contraposición a los otros, sin duda superiores, que la aplastaron con una pretendida euforia basada en la negación, quienes acusaron, repudiaron, rechazaron e incluso, llegaron a insultar a los dolientes en su legítima tristeza, causó una división que contradice el espíritu conciliador de los eufóricos.

Además, las extrañas circunstancias en que se desarrollaron los acontecimientos en las últimas horas de la jornada de ese Domingo electoral, hicieron elevar el espectro del fraude en el conteo de votos, que ya existía en todos los demás aspectos del proceso y campaña electorales, verbigracia, en la desproporcionada utilización de los recursos casi ilimitados del Estado en la promoción de la candidatura de la Patria. Aunque han circulado distintas especies en los medios, especialmente en Internet que exponen la comisión de tal fraude y no tengo motivos para dudar que lo hubo, esperaré pacientemente la presentación al país del 100% de las actas de votación cotejadas que los líderes de la MUD y Comando Venezuela –cuya honestidad, reitero, presumo y no dudo- se comprometieron con los electores que les depositaron la misión de guardar sus votos. Este acto disipará toda duda con respecto a este tema. Esperemos. Pero mientras tanto, la diferencia de opiniones a este respecto ha causado también un cisma entre quienes rechazan dogmáticamente la posibilidad de fraude de parte de un gobierno al que acusan de cometerlo en todos los terrenos salvo en el escrutinio de votos, y aquellos que o dudan o abiertamente denuncian que lo hubo, lo que les ha granjeado hasta los insultos de los primeros. Esta diferencia también ha ocasionado el insulto a priori y la descalificación a los líderes de oposición que deben tener explicación satisfactoria respaldada por las actas mencionadas. Todo lo anterior atenta contra la reconciliación. Reviste gravedad, pues como no me canso de expresar, la UNIDAD opositora es la única posibilidad de sobrevivir.

Debo solicitar la licencia de que se me permita dudar, a diferencia de tantos líderes de oposición, algunos otrora marineros y aun oficiales de aquel portaaviones, del llamado a la reconciliación del líder triunfador; licencia que me veo obligado a pedir cuando recuerdo que me califica como cochino majunche, plasta, apátrida, traidor, y otros infames epítetos, al tiempo que se acompaña con el ya famoso “el que no es chavista no es venezolano” o el “Patria socialista o muerte” (mi muerte, nuestra muerte). Un gesto positivo de tal propuesta de reconciliación sería el cese del uso del la Lista Tascón-Maisanta para excluirnos a tantos de la vida nacional. Otro no menos deseable sería –cuando menos- una reducción significativa de los insultos a quienes pensamos distinto, no pido que los elimine (que sería lo mejor) sino que tan solo los reduzca. Y claro está, la liberación de los presos políticos brindaría un importante aliciente a este fin tan necesario.



Una vez más insisto, por encima de los líderes y las personalidades que son mutables, por encima de los intereses individuales o partidistas, por encima de las diferencias acerca de cómo confrontar la situación actual, por encima de si la decisión es acudir a las elecciones regionales para recibir la menguada pero “generosa” recompensa del líder máximo o resistir pacíficamente sentados en el medio de la calle; el fin supremo debe ser la UNIDAD, hoy más necesaria que nunca. Aún en la muerte, erguidos, no arrodillados, la UNIDAD es nuestro mayor activo.



Leonardo Silva Beauregard
Twitter: @LeoSilvaBe

1 comentario:

  1. "Aún en la muerte, erguidos, no arrodillados, la UNIDAD es nuestro mayor activo". Y para estar erguidos es necesario ver que nuestros derechos, consecuencia de cumplir nuestros deberes, sean validados. La mejor manera de construir es asumiendo la autocrítica y la responsabilidad por todos nuestros actos. Este artículo promueve buenos y nobles ánimos.

    ResponderEliminar