jueves, 4 de octubre de 2012

¿Fraude?



Este tema lo he soslayado durante mucho tiempo pues amigos de la Oposición me hicieron ver que podía ser dañino a la causa del voto masivo. El fraude es una de las características esenciales de este régimen, de hecho, el propio Socialismo que dice instaurar es en sí mismo un fraude, a juzgar por sus resultados y sus contradicciones. Y de esto no han escapado los procesos electorales.

En mi opinión, el fraude se puso de manifiesto por primera vez con la Constituyente de 1999. Es cierto que  esta asamblea tuvo lugar en medio de un clima de división, exclusión y venganza, hechos que por sí solos ya la viciaban; lejos de realizarse este sacramento máximo de la Democracia, el acuerdo nacional que define a la sociedad y al Estado y los rige, en un ambiente de armonía. Sentí que -a consecuencia de un método electoral espurio- el hecho de que el 45% del país que se oponía a lo que en aquel momento se conocía bajo el eufemismo “proceso”, sólo obtuviera ¡3 representantes para definir su destino!, era sin duda, un fraude: ¡el 45% del país sólo obtuvo 2,3% de participación en la redacción de la Carta Magna! Si esto no es fraude, me gustaría saber qué lo es. (Por cierto, el presidente de esa constituyente fue el mismo Luis Miquilena que llamó a la Sociedad Civil “excremento humano” -casi que hasta aquí debería dejar este artículo-). Junto con la eliminación del principio de la Representación Proporcional de la Minorías, este atropello perverso pasó bajo la mesa debido al velo impuesto por la dictadura de la mayoría, que también es dictadura. Que el 80% de la población haya aprobado el instrumento constitucional emanado de una Asamblea Constituyente ilegítima, solamente significó que la mayoría se impuso dictatorialmente a la minoría. Y en Democracia, ni el 99% tiene derecho a imponerse a la minoría con un atropello. Ese día me supe en dictadura.

Aunque sospeché fraude, no comentaré los procesos electorales posteriores. Sin embargo, en el Referéndum Revocatorio de 2004, se puso en evidencia nuevamente este flagelo. Para muchos la evidencia circunstancial era patente, misma que fue apoyada por estudios matemáticos años más tarde, realizados por, al menos, 6 grupos científicos y publicados en medios especializados de prestigio incuestionable. Aquel día vimos que las exit polls, predictoras fiables de resultados electorales en todo el planeta y también en pasadas elecciones en Venezuela, mostraban para horas de la tarde una apabullante derrota del oficialismo. Súbitamente, a las 7 pm, los venezolanos vimos desaparecer la imagen de nuestros televisores para retornar a las 3:30 am, siete horas después (algo curioso en un sistema 100% automatizado que sólo debía contar cuántos “sí” y cuántos “no” había), para informarnos que se había volteado la tortilla y el oficialismo aplastaba, en la voz de los rostros delatoramente graves de las autoridades del “independiente” CNE. En los días subsiguientes el gobierno se negó a auditorías de la votación. Más grave aún, los militares se apropiaron y desaparecieron las urnas contentivas de los comprobantes de votación. La respuesta a la protesta airada del pueblo en las calles a lo largo de un mes, fue el desprecio y el silencio. Ese día muchos por fin se percataron de que estábamos bajo dictadura.

Aunque tengo las mismas sospechas de fraude en las elecciones presidenciales de 2006, no me referiré a ellas. Sobre el Reféndum Consultivo de 2007 sólo comentaré que hoy es fecha en que el CNE no ha proporcionado sus resultados definitivos, lo que constituye un fraude pues incumple su función definida por la Constitución. Por cierto, la negativa del pueblo a aceptar las reformas propuestas por el régimen en ese referéndum fue burlada con leyes y decretos que ordenan esos mismos cambios rechazados. La voluntad de un hombre se impuso sobre la del pueblo. Esto es otro fraude. Fraude sobre fraude.

Algunas fuentes citan que en las elecciones parlamentarias de 2010 la Oposición obtuvo una votación cercana a 60%. Reportan que los militares presionaron al gobernante para que aceptara los resultados adversos. También que este hizo llamadas de consulta a su tutor Fidel Castro, quien le aconsejó ceder a la presión militar, pero maquillando la brecha para no mostrar la debacle. Así, la cifra oficial fue alrededor de 52% vs. 48%. Sin embargo, en un giro que nadie ha podido explicar satisfactoriamente; ni siquiera el propio líder, como consta en un bochornoso video colgado en YouTube en el que ofende a la periodista Andreína Flores, quien tuvo la osadía de solicitarle la explicación en una rueda de prensa en cadena nacional; explicación que en adición a las ofensas a la dama se basó en lo que podríamos definir como cantinfladas y ha sido motivo de burla en todo el orbe; la Oposición obtuvo sólo 68 escaños, o sea, un 30% de la Asamblea Nacional. Nadie puede explicar que el 52% del país tenga 30% de representación. Otro fraude.

En los últimos días, el Candidato de la Patria ha dedicado buena parte de su discurso a advertir sobre un fraude de la Oposición (¡?), algo difícil de imaginar puesto que ¡es él quien maneja el CNE! Con mayor energía ha hecho énfasis en que la Oposición no aceptará su “inevitable” victoria, y que junto con “el pueblo” sofocará cualquier intento desestabilizador de la “burguesía golpista”. El Ministro de la Defensa, con declaraciones propias de un dirigente del PSUV manifestó que la fuerza pública “y hasta el pueblo” reducirán cualquier intento de alterar el orden por parte de grupos “que ya están identificados”, a pesar de que es ampliamente conocido que la violencia es característica de los líderes y seguidores de la revolución; o sea, que es el único gobierno conocido que altera el orden público. Valero, el embajador ante la ONU, descaradamente declaró a la Asamblea General que en Venezuela había peligro de conflicto bélico interno (si gana la UNIDAD), claramente, a la vez, amenaza y confesión. Las cabezas de los otros poderes públicos exigieron que la Oposición se comprometiera a aceptar el resultado electoral, lo que es un absurdo en Democracia pues tal aceptación le es esencial al juego democrático, además de ser “un saludo a la bandera”. A mi modo de ver, todas estas maniobras que intentan puerilmente de cimentar una coartada, constituyen casos clásicos de lo que la Psiquiatría llama “proyección identificativa”, una constante de este gobierno, y propia del fascismo, en general. Proyección que recuerda una partida de metras en la que un niño se adelanta al otro anticipando sus intenciones y creando una norma que legitimará su próxima jugada “¡se vale pujinche, se vale parrilla!” No somos tontos señores, y la Humanidad tampoco lo es.

Pareciera que pensamientos disparatados y criminales pasan en este momento por mentes delicuenciales desesperadas. En realidad, pensamientos de tal carácter autodestructivo que son suicidas. Referidos a maniobras que no encontrarán simpatía ni en el contexto nacional ni internacional y que por lo tanto, están destinadas al fracaso rotundo. Ni la FAN que no es más que el reflejo de la sociedad, escapa a la realidad del fenómeno social que vive Venezuela. Sus valientes miembros son tan ciudadanos como el buhonero. Ellos, junto con sus parientes y amigos, sufren exactamente las mismas plagas que el resto de sus hermanos, y tienen la formación necesaria para saber -por ejemplo- que un régimen que devenga ingresos petroleros a razón de $ 100 por barril; que ha endeudado al país hasta los tuétanos, al que ya se le cerraron los créditos internacionales; que está liquidando las reservas de oro para financiar gasto; que no tiene una sola obra que mostrar luego de 14 años; es insostenible y amenaza el futuro de sus hijos. Esto si no son asesinados al salir a la calle (como sucedió con el abominable y lamentable asesinato del teniente sobrino de Acosta Carlez y su esposa), en un país con la tasa de homicidios más alta del continente.

No existe manera artificial de impedir la voluntad arrolladora de un pueblo. De ahí que no puedo subrayar suficientemente la necesidad del voto masivo. No votar en las presentes circunstancias en un pecado. El fraude electoral, que tiene varias vertientes que van desde el abuso de los recursos del Estado hasta la contaminación del padrón electoral; fraude que sería burdo y abierto, es posible. Pero es imposible hacerlo sin que se sepa, sin quedar en evidencia ante la Civilización. No dudo que cabezas transgresoras desesperadas estén contemplando impúdicamente tomar la calle del medio con las terribles consecuencias. Pero deben tener presente que tal crimen les asegura la perdición; y no hablo solamente ante Dios y la Historia. Fracasarán.

No se atrevan. Están solos.

Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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