miércoles, 17 de octubre de 2012

¡¿Fraude?! ¡Jamás!




A pesar de que los hechos de las últimas horas y el desenlace de la jornada electoral del 7 de octubre me llenaron de interrogantes; de que no entendí cómo el mensaje inequívoca y absolutamente triunfal de dos líderes que gozan de mi absoluta confianza en términos morales, como lo son Briquet y Aveledo, se transformó en derrota en cosa de dos horas; de que todos los líderes de la oposición, sin excepción, me han manifestado por años que enfrentamos a un régimen tramposo en todos los aspectos de su desempeño, sea en la administración de fondos públicos o de justicia; de que sus trampas –afirman- se extienden a todo el proceso electoral, tanto de la campaña como en la permisividad del árbitro para con el oficialismo (pero cuya absoluta pulcritud a la hora de contar votos -y sólo para contar votos-, me exigen, debo aceptar dogmáticamente); de que acusan al gobierno de los más espantosos crímenes, aun, de lesa humanidad; hasta la presente fecha me he abstenido de cantar fraude.



Decidí que lo más sano para todos era –confiando en la buena fe de nuestros líderes opositores- esperar el cumplimiento del compromiso que formó parte del contrato verbal que suscribimos con la MUD y el Comando Venezuela, con el propio Capriles, de que, ante las razonables dudas y aun reticencia de quienes comprometeríamos el voto contra un Estado fraudulento todopoderoso; voto que unido a nuestra presencia en la urnas electorales tenía el potencial de legitimar la ficción de Democracia y al propio régimen; ese voto sería defendido, y como prueba la totalidad de las actas de votación del proceso, debidamente auditadas, nos sería presentada. No obstante, once días más tarde, esto no ha sucedido.


Vamos a sincerarnos, cantar fraude a estas alturas del partido reviste interés puramente académico; como mucho, dejará rastro histórico, pues ya la oposición lo ha aceptado, si lo hubo. Pero la verdad tiene un valor inestimable, y los contratos, deben cumplirse. Y más que la verdad, es la mentira la que más tiene importancia por su vocación dañina, especialmente para quienes la esgrimen. Esto es particularmente cierto si el liderazgo pretende seguir gozando de la credibilidad de los defraudados y preservando la UNIDAD.

Aunque en contra del raciocinio, de las referencias históricas, tanto de procesos anteriores como el de 2004 y nuestro pasado remoto, como con las experiencias en otros regímenes totalitarios; estoy dispuesto a metabolizar la tesis de que no hubo fraude (en el solo aspecto del escrutinio de votos, repito, pues existe concierto con respecto a que en todas las demás áreas sí); a seguir manifestando que creo en la buena fe de quienes hoy nos incumplen con la falta de presentación de las prometidas actas; y a aceptar que debemos seguir esperando.

Sin embargo, les sugiero a nuestros líderes que apresuren un poco ese paso que tanto contribuiría a disipar la nube del fraude, ya que Internet, YouTube, las redes sociales, la Informática, en fin, la democratización de la información, ponen en peligro a la mentira –no quepa la menor duda, la omisión es una mentira-, y los condenará a que la Historia los alcance. Y esto, señores, sería un atentado imperdonable contra la UNIDAD que nos es vital. UNIDAD o muerte es.

Leonardo Silva Beauregard
Twitter: @LeoSilvaBe

1 comentario:

  1. Muy agradecida. Cada vez son miles y miles y miles, cada vez son miles que piden las actas... MUD pronúnciate, danos el beneficio de la duda.

    ResponderEliminar