sábado, 1 de septiembre de 2012

Voten Por Mí Por Favor




Por largo tiempo he sostenido que nuestro líder no goza de la mayoría. Más aún, que su conducta y la de los demás voceros de su partido denotan que no la tiene. Sin embargo, es posible que nunca como en su discurso del 31-8-12 ha sido más patente su manifestación derrotista. Creo que fueron floridas sus expresiones conscientes e inconscientes de que se siente perdido electoralmente, en elecciones pulcras, esto es. Y las expresiones que describiré, están en perfecta congruencia con otras anteriores como “¡aquí lo que importa es Chávez!”

En primer lugar, en una actitud que ha sido la regla desde la elección popular de Capriles en las Primarias pero que parece haber llevado ahora a su máxima expresión, le dedicó casi exclusivamente sus palabras -en muchos casos soeces- a su joven adversario, con intentos de descalificarlo de todas las maneras posibles. Tanto en Política como en Mercadeo es conocido que debe dedicársele el menor tiempo posible al competidor, si cabe, ni mencionarlo, pues esto es darle exposición gratuita y relevancia. No es exagerado afirmar que el tema central de este discurso -y de todos sus discursos de los últimos meses- es el flamante campeón de la unión. Pero apartando este hecho, vale la pregunta: si -tal como afirma en su campaña nacional e internacional- es imposible que pierda las elecciones y prácticamente ni elecciones son necesarias ¿por qué desperdicia tanto tiempo y energía en Capriles? La respuesta es obvia hasta para un infante: porque no se siente ganador, porque conoce datos que le prueban que está perdiendo.

Pronunció frases que deben haber espantado o al menos preocupado hasta al más ingenuo de sus seguidores. “Estamos ganando, no digo que cómodamente”, contradiciendo sus propias encuestas -con las cuales, por cierto, acompaña su mensaje al mundo de que es inevitable su victoria que será desconocida por la Oposición- que muestran una holgada ventaja que en algunos casos llega a 30 puntos porcentuales. O sus encuestas son forjadas o considera que esa ventaja no es cómoda, lo cual no es racional.

Habló del enorme apoyo de los trabajadores socialistas. Hecho curioso y aun risible si tomamos en cuenta que no ha transcurrido ni una semana desde que tuvo que huir abruptamente de la sesión en cadena nacional que sostenía con los trabajadores de Guayana, ante los gritos de reclamo de estos por el disgusto por sus políticas que han destruido sus fuentes de trabajo y el incumplimiento de sus obligaciones de pago de los derechos laborales. Una verdadera contradicción en vista de que -por la definición marxista- socialismo es gobierno de y para los trabajadores, “dictadura del proletariado”. No es necesario mencionar que el clamor de los trabajadores guayaneses no es más que el reflejo de lo que experimenta la clase trabajadora (parte integrante y fundamental de la clase pensante) en todo el país.

Al tiempo que afirmaba gozar del soporte de los empleados públicos les pidió votar por él con un método poco convencional: la amenaza, con un ejemplar de un manual de la MUD en la mano; manual que -según entiendo- no es realmente emanado de ese organismo, les decía “aquí dice que hay que hacer un 'ajuste', esa palabrita...”, es decir, “si gana Capriles los van a botar del trabajo que yo les garantizo”. ¿Un candidato que se siente ganador necesita solicitar con tanta vehemencia el voto mediante chantaje? Nuevamente, la respuesta es obvia hasta para un invertebrado: no se siente ganador.

Como especial ornamento, en una cita de Capriles fuera de contexto (otra vez, hasta citas de su contendor, algo impensable en política) mencionó o gritó “¡jalabolas!” ¡once veces en un minuto! Perdió el control y se deshizo en insultos en los que no vale la pena abundar para no ensuciar más esta página. ¿Tiene sentido ensuciarse la boca por un adversario que no representa ninguna amenaza? La respuesta es un rotundo “no”.

Quizás la mayor confesión de su precaria situación, probablemente una traición de su inconsciente, fue la sentencia “¡hay que convencer a la mayoría!” No sé si es necesario comentar que quien cuenta con la mayoría no necesita convencerla, o sea, que si necesita convencerla es porque no la ha convencido y no la tiene.

En fin, la interpretación de este discurso podría resumirse en lo siguiente: la candidatura de Capriles es tan exitosa que hasta su adversario no hace sino hablar de ella. Y aparentemente no ve otra salida que rogar por los votos que tanto requiere.

Su palabra vaya alante, Comandante.

Twitter: @LeoSilvaBe

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