jueves, 6 de septiembre de 2012

Simulacro de Simulacro


Cuando escribí mi artículo “Simulacro” no imaginé -ni en mis elucubraciones más descabelladas- los hechos que siguieron como consecuencia del simulacro electoral del Domingo 2-9-12. En efecto, en ese escrito demostré sin mucha dificultad que todo en nuestro país, incluso el mismo país, es un simulacro. Pero se me escapó -no adiviné- lo que bajo mi tesis era obvio: el propio simulacro también tenía que ser un simulacro.

Luego de recuperarse de los rostros descompuestos, las declaraciones atropelladas, contradictorias y absurdas, los voceros del gobierno también declararon ganador absoluto y aplastante a su candidato. A diferencia de la Oposición que fundamentó la declaración de resultados favorables a Capriles en exit polls, el oficialismo habló primero de “sus cifras”. Luego dejó inferir a la audiencia con palabras vagas, que conocía los datos de los resultados capturados por los sistemas del CNE; datos derivados de una operación que supuestamente no iba a arrojar tales resultados pues la intención del ejercicio era solo probar sistemas y procedimientos.

Posteriormente, aún con rostro muy desencajado, ojeroso e hinchado, el psiquiatra Jorge Rodríguez declaró en una rueda de prensa que efectivamente tenían acceso a los datos del neutral y pulcro árbitro electoral, y que estos datos eran ampliamente favorables a su candidato. Una confesión impúdica de que el organismo es -cuando menos- vulnerable al espionaje del mismo partido de gobierno, pues se supone que por las vías legítimas no debe tener acceso a la información que en primer lugar, ni siquiera debía existir. Pero en este país de Oz, todo es posible. Ni a Ionesco se le hubiera ocurrido.

Luego vino el aguacero de encuestas de encuestadoras “independientes” presentando sondeos de opinión pública favorables al líder rojo por amplísimo margen (¡a pesar de que él confiesa no sentirse cómodo con su ventaja!). Datanálisis, rebautizada por los escépticos como Ratanálisis o Matanálisis, del señor Luis Vicente León, cuyas declaraciones recuerdan conciertos de Barbara Hendricks con neumonía, reveló que el gobernante-candidato tenía una ventaja de 15 puntos porcentuales, lo que implica una desviación con respecto a las observaciones de otras firmas que varios profesionales de la Matemática consideran muy atípica, para expresarlo generosamente. No nos detengamos mucho en el hecho de que la fiabilidad de esta compañía de investigación estadística no es muy digna de crédito, a juzgar por el hecho de que jamás ha acertado un resultado electoral, como en el caso de las elecciones regionales en que dio como ganador en Miranda a Diosdado Cabello quien fue derrotado por el propio Capriles, en la que tuvo un margen de error inusitado. Sus predicciones en las elecciones parlamentarias merecen mención: con docta exposición a la cual el señor León nos tiene acostumbrados, ornada con términos técnicos aptos sólo para físicos del CERN pero que finalmente se reducen a perogrulladas, anunció que era imposible que la Oposición obtuviera más de 40 escaños, estimando más probable que obtuviera 35. Hay que condeder que el error en su predicción alcanzó la modesta proporción de “nada más” 70%: obtuvo 68 escaños, así que 68 menos 40 escaños es igual a un error de 28 escaños y 28 dividido entre 40 es 70. Con un pelón como ese, la NASA en vez de llegar a la Luna hubiera llegado a Plutón.

Luego saltó otro estadístico “independiente”: Oscar Schemel de Hinterlaces. La firma representada por este señor reveló cifras que desafían la razón. Aquí sí es verdad que estamos entrando en el realme de Lewis Carroll. Según este buen señor, luego de todos los desastres, los cuales incluyen Amuay, Cúpira, Guarapiche, apagones, falta de agua, desempleo, inseguridad asfixiante y pare de contar, la popularidad del -semiausente- jefe de Estado se incrementó a nada menos que 64%, ¡mayor que su máximo histórico de 56% en 1998 y que los resultados de las parlamentarias donde el oficialismo obtuvo 48%! (muy ayudado). Mientras que a Capriles le asigna 38%. Independientemente de que se desvía bárbaramente de los resultados del promedio de otras empresas encuestadoras reputadas, hablar de 64% de popularidad cuando no hay cabida a la duda de que el gobernante-candidato se encuentra en la sima (con “s” no con “c”) de su historia luce, bueno, ¿absurdo, disparatado?

Basado en los estudios de estos encuestadores, en sus propias teorías y en una confesión que dejó estupefactos a muchos, el propio candidato oficial en declaraciones paroxísticas con gestos e insultos que contradicen sus palabras, informó que de acuerdo al simulacro, que no era más que un simulacro sin totalización, ¡obtuvo 86% de la votación! Apartando el hecho de que esto equivale a la confesión de que o espía los sistemas del CNE o los maneja o está inventando las cifras, sinceramente no recuerdo tales magnitudes salvo en países como Cuba, donde Castro rutinariamente obtiene más de 99% de la votación, o Irak, donde Hussein obtenía más de 99,5% del total o la extinta Alemania Democrática (Comunista). Y para respaldar su manifestación, anunció que solicitaría al árbitro electoral la publicación de los resultados que el mismo organismo le declaró a la sociedad no serían obtenidos, ni totalizados, suscribiendo un contrato con el país y sus electores que, si obedece al gobernante, incumpliría en flagrante desprecio hacia la población y las leyes. La rectora Socorro, del PSUV, anunció que el organismo consideraría la solicitud (¿u orden?).



Según escrutinios oficiales, en este simulacro participaron menos de 2 millones de electores (lo lamento, pero me niego a escribir “y electoras”), con un enorme esfuerzo de movilización del oficialismo que contó con todos los recursos del Estado, camiones y camionetas de todos los organismos públicos y sus empresas. Pero no olvidemos que en la Primarias de la Oposición asistieron motu proprio más de 3 millones de electores , en lo que no fue precisamente ningún simulacro. Es decir, si aceptamos la proporción descabellada de 86%, tenemos que con un esfuerzo formidable, sólo 1.720.000 votantes (tampoco escribiré “y votantas”, duélale a quien le duela) se movilizaron por “el líder”. No creo necesario señalar que esto sólo representa el 55,4% de los votantes espontáneos y no arreados de las Primarias.

Pero volviendo al tema principal y para concluir, si lo que se contrató con la ciudadanía del país fue un ejercicio que no arrojaría resultados, en el que no se recogerían datos, en el que no habría ningún tipo de totalización, es decir, si hubo el compromiso en un convenio sagrado con el Pueblo en el sentido de que no habría otro efecto que probar los mecanismos electorales, de que sería sólo un simulacro, y este -por orden del gobernante- se convierte en una encuesta de intención de voto absolutamente violatoria de tal contratación y que comporta la conclusión lógica de que se mintió acerca de sus efectos; y además, que la mentira es por parte de un órgano del Poder Público que -si según dice el propio jefe de Estado- revelará su triunfo y por lo tanto no será otra cosa sino una encuestadora más al servicio del gobierno; no podemos más que colegir que ese simulacro fue un simulacro de simulacro.

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