viernes, 14 de septiembre de 2012

¡No Me Ayude Más Compadre!


Ayer aconteció algo de crucial importancia para el país. Aunque el soborno de Juan Carlos Caldera por parte de un conocido agente oficialista, multimillonario de la nueva burguesía socialista, dominó los medios y redes sociales, este no debe velar lo realmente trascendente para la nación: la confesión del ex magistrado Eladio Aponte Aponte autenticada ante notaría y legalizada por la cancillería costarricense. Esta constituye la prueba de que en Venezuela no existe la división de poderes desde hace -por lo menos- una década, y de que se han violado los Derechos Humanos de ciudadanos; de que el Jefe de Estado y miembros del Poder Judicial cometieron delitos de Lesa Humanidad.

Sobre el caso Caldera-Ruperti, que se inscribe en la estrategia escatológica de encochinamiento del adversario del régimen, es claro que el diputado opositor incurrió en ingenuidad irresponsable rayana en el crimen. Pero a la vez es la confesión de culpa por parte del régimen. Independientemente de si se trata de una transgresión de carácter penal, no cabe duda de que -por definición del tipo- quien soborna es tan delincuente como el sobornado. Y es público y notorio que quien sobornó a Caldera pertenece al entorno íntimo del jefe de Estado. Es imposible que esto escape a la percepción del venezolano promedio, así que la maniobra intentada para incriminar a Capriles, también incrimina a su contendor. Esto es incontestable e indiscutible.

Para componer la desesperada torpeza de la sórdida emboscada, el diputado oficialista Julio Chávez manifestó sus sospechas de que los fondos para el soborno provenían del narcotráfico. ¡¿De manera que sospecha (o sabe) que el amigo íntimo y colaborador estrecho del líder es narcotraficante?! Coincido con él y con Diosdado Cabello: el caso requiere una investigación exhaustiva.

Aunque la tragedia de Amuay afecta la columna vertebral de la economía nacional y que el caso Aponte Aponte se refiere a los propios cimientos del Estado, la mayoría oficialista de la Asamblea Nacional consideró que estos no revestían la importancia suficiente para requerir una investigación. Sin embargo, un caso de tercera importancia como el soborno de sólo Bs F 40.000 a un diputado sí merece la movilización de la maquinaria legislativa y de otras instancias jurisdiccionales, según demanda Diosdado Cabello. No disputo la necesidad de tal investigación, reitero, pero es claro que los ya mencionados casos y muchos otros de corrupción de funcionarios del régimen, merecen -por lo menos- igual consideración.

Es conocimiento elemental de Mercadeo que las campañas negativas que se fundamentan exclusivamente en la denuncia de los defectos del producto rival antes que promover las virtudes propias, son las peores, pues indefectiblemente implican el desprestigio del anunciante. Sus resultados son siempre negativos para este. Y si se hace patente que el propio acusador es corresponsable o culpable del defecto que se señala, es más claro que están condenadas al fracaso. En este sentido debe concluirse que la desesperación extrema del gobierno lo condujo a adoptar este tipo de estrategia tan ineficaz y peligrosa. La campaña del Candidato de la Patria, el amoroso comandante, en fechas recientes se ha reducido al insulto, a amenazas de guerra civil en caso de perder, y a lanzar paleadas de detritos desde el encierro en su palacio, al contendor que recorre las calles del país en diálogo con el Pueblo, comunicándole sus propuestas.

En los últimos diez días el país ha contemplado atónito cómo una y otra vez cada nueva emboscada que ha urdido el régimen contra la candidatura opositora, termina tornándose en su contra. Es indudable que sus métodos corresponden más al producto de mentes transgresoras y comediantes. Pareciera que trabajaran para la Oposición si medimos por los resultados. El psicoanálisis describe que es frecuente que quien se encuentra en una situación negativa o de colapso, incurra en una racha de rendimientos fallidos del inconsciente, e incluso, de la mente consciente, que agravan su situación. Parece ser el caso de la candidatura oficial. De seguir así, le seguirá prestando un invalorable servicio a la candidatura de Capriles.

En su lugar le diría a mi jefe de campaña “¡no me ayude más compadre!”

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