viernes, 28 de septiembre de 2012

Lo Único Que Importa

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El historiador mexicano Enrique Krauze escribió esta semana que le reconoce la conciencia social al soldado de Sabaneta. Ya en fecha reciente, en un mítin en Valencia,  escuchamos al Centauro de Barinas declarar, mejor, reprocharles a sus seguidores que le reclamaban, en un rugido desesperado “¡aquí lo que importa es Chávez!”. Hoy en Maturín, en un discurso signado por la súplica casi postrada de votos, reiteró esta sentencia, pero en un grado superlativo que no ha tenido precedente en nuestra historia y quizás tampoco en la de la Humanidad.

Su alocución trascendió al narcisismo, al egoísmo, a la egolatría: parecían las palabras de una personalidad psicopática o sociopática. No sé qué pensarán los expertos, quienes han coincidido en que padece un grave trastorno narcisista de la personalidad. Aunque en el fondo no es una sorpresa para muchos, les dijo a sus fanáticos que reconocía las fallas de su gobierno, que se autocriticaba pero que debían aceptarlas. “No importa que no tengan casa, que no tengan agua, que no tengan electricidad, no importan los apagones, no importa la inseguridad (que los secuestren, que los maten), no importa que mis funcionarios los maltraten (y sean groseramente corruptos y ricos), no importa que sufran hambre, nada de eso importa; aquí lo único que importa es que ganemos (yo gane) las elecciones, es la vida de la patria (o sea, la mía, pues sabemos que ha declarado ser la patria). La verdad -no puedo más que pensar- que tal nivel de desprecio por el sufrimiento humano y de atención exclusiva a sus intereses particulares, es propia de psicópatas o sociópatas, como dije.

La opinión de Krauze se corresponde con la que ha logrado transmitir nuestro gobernante al mundo. La Humanidad lo percibe como un socialista comprometido con los problemas sociales, valga la redundancia. En el peor de los casos, un populista. Pero ante este discurso ya no debe existir esta opinión internacional; cuando menos, su signo trastornado egoísta es inequívoco. No creo que reste un ciudadano en el orbe y menos un intelectual que pueda interpretarlo de otra forma. En el ámbito nacional, si no disuade a sus seguidores, es seguro que los indecisos captaron el mensaje. Lo que sugiere que fue un error grave: sus leales posiblemente no disminuyan en alta proporción, pero tampoco aumentarán, y quienes tenían dudas ahora saben la verdad y votarán en su contra en mayor proporción.


La alternabilidad es esencia de la Democracia. Más aún, es vital para su supervivencia y la de la sociedad. El refrescamiento del liderazgo cada cierto número de años, garantiza el fortalecimiento y el florecimiento de esta, su desarrollo. Hasta el mismo Bolívar, en total contradicción con el bolivariano que nos gobierna que pretende perpetuarse en el poder, advirtió acerca del peligro mortal para un país de que un gobernante se entronice ad aeternam. Y es esto lo que les solicita el líder de la revolución a sus acólitos a costa del propio sacrificio, no sólo por los males actuales, sino los futuros derivados del seguro fracaso a consecuencia de su eternización en el poder.

Lo que resulta insólito es que sus fanáticos acepten sumisos esta orden: voten por mí aunque sufran las más terribles miserias. Pero como ya he mencionado en otros artículos, así sucederá. Es de esperar que un alto porcentaje de ellos continúen creyendo ciegamente que su líder se duele por sus problemas y desea resolverlos. Estos fieles no cambiarán de opinión, aunque lo vieren cometer ante sus ojos los crímenes más abyectos. Los he llamado el chavismo refractario. Es así porque estamos ante una relación patológica que algunos erróneamente han confundido con la de un predicador con sus feligreses. Es mucho peor, es la de un líder destructivo con una masa fanática, una secta guiada por un enfermo y contagiada por la enfermedad. El doctor Franzel Delgado Senior, médico psiquiatra especializado en estos temas, la ha diagnosticado como “secta fanática destructiva”. El ejemplo clásico, además del nazismo, es la congregación del infame reverendo Jim Jones, que en Guyana condujo a 900 seguidores al suicidio, y al asesinato de los muy pocos que no cumplieron su orden de acabar con la vida por propia mano, en la década de 1970. Lo que es consonante con lo que he venido sosteniendo en diversos artículos: el chavismo y su líder son autodestructivos; y esto significa que, de lograr perpetuarse en el poder, nos conducirá a la destrucción y autodestrucción.

Invirtió los valores existentes en política, por lo menos, desde la Grecia antigua. Cabe pensar que en este sentido es contra Natura: no es el político quien se sacrifica por sus electores, su pueblo, sino los electores, el pueblo, por el político. Lo que importa no son los gobernados sino el gobernante, sola y exclusivamente.

El bolivariano confesó quién es, y esta confesión sólo puede explicarse por la desesperación.

Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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