domingo, 30 de septiembre de 2012

La Muerte



Hoy voy a tratar un tema que muchos preferimos evitar en especial cuando nos aproximamos a ella, como nuestro gobernante lamentablemente acosado por una terrible enfermedad incurable. Es una cruel vuelta del destino para aquel que hizo del tema de la Muerte el centro de su discurso desde que era candidato en 1998. En aquella fecha vi con espanto cómo el venezolano -incluyendo pensadores-, en un fenómeno parecido al fanatismo por un equipo de fútbol y con la frivolidad de quien sigue una moda, se decidió mayoritariamente por la opción de la Muerte. Para mí fue un shock que me conmovió hasta las fronteras de la personalidad, porque era clara esta propuesta que correspondía a un impulso anormal. Como he mencionado antes, la destrucción es autodestrucción, y en todo caso, la muerte de otros jamás es una opción y menos política, por formidable que sea el deseo de venganza.

Ya con 40 años afectivamente en la oposición pues nunca fui ni adeco ni copeyano y llegué a pensar que nada podía ser peor que ellos, me negué a aceptar que sus cabezas deberían ir a un caldero con aceite a 180° Celsius para ser freídas, pues para preparar tal platillo, necesariamente deberían ser cortadas previamente. Y decapitar es matar. Esto no admite otra interpretación. Mis hermanos lo entendieron muy bien. Para freír cabezas decidieron montarse en un portaaviones. El Ser Humano no conoce arma más poderosa que este navío militar, capaz de llevar muerte y destrucción a los más recónditos parajes del planeta. No había forma de que lo confundieran con el barco hospital de la Cruz Roja de Florence Nightingale. Sabían lo que hacían. Deseaban muerte, quizás la confundieran conscientemente con esperanza, pero en las profundidades del inconsciente era muerte.

El discurso de la Muerte continuó desde el comienzo del gobierno y a lo largo de sus 14 años. Frases como “el que no esté conmigo está contra mí y lo destruiré, lo pulverizaré; esta es una revolución armada y la defenderemos con sangre; soy yo o la guerra”; todas en perfecta consonancia con su famosa “la guerra civil es fratricida pero necesaria”. Guerra es sinónimo de muerte. Creo que el lema “Patria. Socialismo o muerte” no requiere mayor análisis: significa la muerte de todo aquel que se oponga al Socialismo o la del socialista si no logra instaurarlo; esto es, del socialista carne de cañón pues los líderes prefieren un Chateau Margaux en algún restaurant de París. En la embriaguez propia de la dictadura de la mayoría que disfruta su poder, esta oratoria tanática era aceptada.

El discurso de la Muerte, alimentado por la inoculación del odio hacia un enemigo creado a tales efectos -que algunas veces adoptaba las facciones del imperialismo, o del sionismo, y casi siempre de los que han dado en llamar “burguesía” (es decir, de todos aquellos que se ganan la vida con un oficio o arte)-, caló en algún porcentaje de la población; lo que no es sorpresa pues muchas veces lo ha hecho en la Historia de la Humanidad, como  ocurrió con el fascismo que nos llevó a la Segunda Guerra Mundial. Ha sido casi tan efectivo para llevar y mantener a un líder en el poder como para llevarlo a pender guindado por los pies de un poste o a ser asado en una fogata afuera de un búnker; además de haber conducido a sus países y a sus pueblos a la casi total aniquilación. La Muerte sólo conduce a la muerte. Pero los líderes la vuelven a invocar, una y otra vez.

Hoy guardamos duelo profundo por la muerte de tres hermanos asesinados anoche en Barinitas. Tres inocentes “fascistas” que cometieron el terrible pecado de bajarse de sus vehículos para hablar con líderes locales del partido de gobierno que impedían el paso de la caravana opositora, recibieron la respuesta de estos seguidores del Corazón de la Patria, del Candidato del Amor, del creador de la Misión en Amor Mayor, pues. A la solicitud de diálogo y razón de los jóvenes, contestaron con los sencillos, antifascistas y democráticos plomo y muerte.

Es asombroso que en una época en que se conoce que todos somos hermanos, que no sólo tal valor tiene fundamentos morales y religiosos, ¡sino que hasta la Ciencia ha descubierto que no es un valor sino un hecho!: todos los seres humanos descendemos de, a lo sumo, 4 madres comunes que, además, pudieran estar emparentadas entre sí. Lo que se ha demostrado con el estudio del ADN mitocondrial, el cual es únicamente transmitido por la madre y todos los humanos lo compartimos. Además, independientemente de lo que algún militar ignorante pudiera decir, ¿acaso todos los venezolanos, chavistas o no chavistas, no somos hermanos?

Y parece mentira que ni el mensaje del comunista Ho Chi Min lo conozcan: “pueden matarnos a todos, pero jamás destruirán al pueblo”. No importa si matan a 1.000.000, 5.000.000, 10.000.000, es imposible derrotar la causa de un pueblo que ha decidido pronunciarse, y cada muerte de un hermano hace más profundo el foso de la perdición de un régimen oprobioso.


Que en paz descansen mis hermanos que con sus muertes dan una contribución inconmensurable a la causa de la libertad, pues con ella denuncian ante la Civilización la verdadera naturaleza del régimen que gobierna a Venezuela; en un sacrificio que emula al de otro Hermano: el judío Yoshua Ben Yoseff, Jesús Hijo de José, Jesús de Nazareth, Jesús Hijo de María.

Las lágrimas tienen el inconfundible sabor de ¡la LIBERTAD!, pues insisto: a la muerte siempre sigue la vida, es la esencia del Ciclo Vital.


Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

No hay comentarios:

Publicar un comentario