miércoles, 5 de septiembre de 2012

Imperio de la Verdad




Como ya he dicho en otros artículos, existe concierto en el Psicoanálisis acerca de que la mentira es la proyección de la maldad del individuo y la sociedad. Independientemente de si una escuela lo llama la sombra, el doble, o la imagen en el espejo, es el lado negativo, vergonzoso, culposo, maligno, el odio de ese inconsciente que se proyecta en otros; y una de estas formas de proyección es la mentira.

Una de las características más conspicuas del stalinismo además de la represión y que es complemento de esta, es el manejo de la mentira y el forjamiento de una realidad paralela propia sostenida con su aparato de propaganda; técnica más tarde adoptada por el nazismo. Uno de los casos más trágicos y conocidos de este método curiosamente enfrentó a alumno y maestro: la Masacre de Katýn, contra Polonia en 1940. 22.000 polacos -principalmente oficiales del ejército, profesionales e intelectuales- fueron ejecutados por orden de Stalin, su esbirro del NKVD (KGB) Beria y el Soviet Supremo, y luego enterrados en los bosques de esa localidad. El amoroso Koba (apodo de Stalin) decidió que se debía decapitar a la sociedad polaca matando a toda la clase pensante que pudiera oponerse a su dominación, ¡a todos los universitarios de un país! Llegó al extremo de ordenar posteriomente la muerte de sus aliados comunistas polacos, pues consideró que debido a su capacidad intelectual, eventualmente se rebelarían contra él. Después de que Alemania ocupara militarmente a Polonia, las fuerzas alemanas encontraron las tumbas colectivas, llamaron a la Cruz Roja para la exhumación y denunciaron ante el mundo en 1943. Stalin respondió acusando a las SS de Hitler del crimen y desató una intensa propaganda que contó con el apoyo de los ingleses, sus aliados capitalistas de la época.



Aunque todavía existen autores comunistas que defienden la mentira de Stalin, una investigación posterior demostró la autoría soviética de la masacre. Cabe mencionar que a todos los cadáveres exhumados se les practicaron autopsias, y todos recibieron un tiro en la cabeza, o sea, muchas balas fueron recuperadas y se pudo establecer su fabricación. Sin embargo, no fue sino hasta 1992 que el Estado ruso reconoció su responsabilidad. No obstante -como si esto realmente hiciera una diferencia- solamente reconoce 1.800 exterminados, y se niega hasta hoy a pagar indemnizaciones por estos actos genocidas.




El gobierno venezolano ha adoptado esta técnica stalinista de la mentira y creación de una “realidad” ficticia paralela. No solamente referida a los asuntos de la Economía, como ayer hicieron los rectores de la economía nacional Nelson Merentes y Jorge Giordani, quienes nos hablaron de un país maravilloso, con crecimiento, fuentes de empleo, desarrollo, abastecimiento y sin inflación que contradice la realidad que enfrenta todo venezolano que va al mercado o la farmacia o busca trabajo. O con la inseguridad y los 50 asesinados cada día, de los cuales culpa al capitalismo, área en que afirma estar mejor que países como EUA, aunque los índices de criminalidad nuestros superan a éste y otros países capitalistas hasta en dos órdenes de magnitud. Y así, en general, como con relación a la infraestructura eléctrica que proclama haber salvado pero que todo venezolano sabe que está colapsando pues ni siquiera puede ver las cadenas nacionales del líder por falta de electricidad. O la independencia alimentaria que declara haber “alcanzado” cuando toda la agroindustria está arrasada y dependemos de las importaciones...

Con la tragedia de Amuay se puso en marcha el aparato de la mentira, imitando la maniobra soviética con Chernobyl: haciendo honor a su especialidad de paracaidista, el jefe de estado se apareció casi dos días después y -a priori- sin haber tenido tiempo de informarse y menos de hacer una investigación, desmintiendo los testimonios que acababan de proporcionar miles de habitantes de la zona y trabajadores de la refinería, sentenció “no hubo fuga de gas”, no hubo escape de gas y dejó asomar la idea de que se trataba de un sabotaje. A partir de ese momento, el bombardeo propagandístico en apoyo de esta tesis y de la de la eficiencia del Estado y la diezmada industria petrolera, no es necesario referirlo como tampoco su asqueroso oprobio, pues todos estamos saturados de él.


Todos los medios, ONGs, organismos internacionales, indígenas, etc. denunciaron el asesinato masivo de 80 yanomamis en territorio venezolano por parte de garimpeiros brasileños. De inmediato el gobierno, único ente en el planeta que lo hizo además de su aliado el gobierno brasileño, negó la especie y hasta se resistió a investigar. La ministra de asuntos indígenas, una indígena ella misma, afirma no tener evidencia de que la matanza tuvo lugar. Hasta este momento no se sabe siquiera si han acudido al sitio de los hechos.



El canal de todos lo venezolanos (esto es, de todos los venezolanos con franelas rojas y -sobre todo- con bolsillos llenos pero verdes), VTV, nos muestra 24 horas al día la mentira de un país que desafía los paradisíacos Suiza y países nórdicos, y al que todos quisiéramos emigrar. Pero no me canso de insistir: en la época de Stalin y Hitler no había TV, y más grave aún, no existía Internet -uno de los progenitores de ese "vicio" del Capitalismo conocido como Globalización- tampoco celulares; la democratización del video y la palabra, es decir, de la verdad, no atentaba contra la mentira. Y esto significa que el imperio de la mentira colapsa ante el imperio de la verdad, como la mentira que fue el Imperio Soviético -podemos decir- se derrumbó derrotado por el Imperio de la Verdad. La verdad siempre se impone al final por la sencilla razón de que la mentira pende en el éter del no ser, mientras que la verdad existe.

Twitter: @LeoSilaBe

1 comentario:

  1. Sencillamente genial. Me detona unas cuantas ideas sobre esto de la mentira durante este período oscuro que pretende ser luminoso.
    iola mares

    ResponderEliminar