martes, 18 de septiembre de 2012

Formalismo Revolucionario



Una consecuencia del maniqueísmo propio de toda revolución, es el exagerado formalismo en su método de implantación. La revolución declara malo todo lo anterior y lo que le es extraño, y bueno lo que le es propio, lo que cree nuevo. En ese proceso, pretende cambiar la sociedad y las instituciones, transformarlas de acuerdo a sus supuestos postulados. A estos efectos adopta una técnica que juzgo formalista, pues se refiere sólo a la forma, jamás al fondo, al cual no solamente no altera, sino que frecuentemente deteriora.

Así, el pretendido cambio del país comenzó con un cambio de nombre, cambio de sus símbolos, cambio de la Constitución que se podría discutir si merecía sustitución o sólo reforma. Con estos cambios no han variado los problemas arrastrados del país anterior y, más grave aún, se agravaron. Es falso que las diferencias sociales se redujeron, que disminuyeron las plagas sociales, que se sustituyó un sistema económico fallido por uno exitoso. La realidad es que surgió una nueva burguesía con riquezas súbitas de magnitudes inéditas y se mantiene la pobreza. Las tasas de criminalidad se acrecentaron a niveles inaceptables en una sociedad sana. La economía está en ruinas y la capacidad productiva de las empresas privadas desaparecidas no ha sido sustituida por la interveción del Estado empresario. Así que es imposible afirmar que la “nueva” República Bolivariana de Venezuela es un mejor país que la antigua República de Venezuela.

Cambiaron el nombre del Cuerpo de Policía Técnica Judicial, que con todos sus defectos llegó a ser una referencia mundial como policía científica criminalística. Ahora -aunque tiene un nombre impronunciable que incluye la palabra “científica” en lugar de la de inferior connotación “técnica”- la hemos visto cobrando peajes en alcabalas irregulares y asesinando, como en el caso de Karen Berendique en Maracaibo. Hoy está desprofesionalizada, los criminalistas antiguos portadores de una cultura organizacional de 50 años y conocimiento, han sido sustituidos por jóvenes del partido sin experiencia, y ahora está conformada por policías “científicos” que pareciera que la única “ley científica” que conocen es la Ley de Fuga. ¿Con la cantidad abismal de casos no resueltos e impunes es superior la nueva policía “científica”?

La Corte Suprema de Justicia pasó a ser el Tribunal Supremo de Justicia. Con este cambio, hoy sabemos que dejó de ser el órgano rector independiente del Poder Judicial y que se prestó a confeccionar sentencias emanadas del éter de una “juridicidad” que llega a desafiar principios básicos de derecho, cayendo hasta en el terreno del absurdo jurídico, redactadas por magistrados al servicio incondicional del Ejecutivo, para someter a la Sociedad Civil. Hoy es noticia la confesión autenticada y legalizada del ex magistrado Aponte Aponte, quien -aun cuando el jefe de Estado y demás jerarcas nieguen- fue leal servidor del Ejecutivo y autoridad máxima de la Justicia Penal, cuyas órdenes cumplió sumisa y obedientemente. Confesó cómo bajo órdenes directas del jefe de Estado instruyó a innumerables jueces y magistrados condenar a 30 años a venezolanos inocentes de los delitos imputados; delitos que en algunos, ni siquiera están tipificados en el Ordenamiento Jurídico. Por cierto, esta confesión conlleva la declaración de que en Venezuela no hay Democracia desde hace una década.

El Parque Nacional El Ávila pasó a ser Guaraira Repano. Pero sus programas de conservación fueron -a todos los efectos prácticos- abandonados. Sus cortafuegos fueron dejados al curso de la Naturaleza, al punto de que dejaron de cumplir su función y el “nuevo” parque ha sido presa de enormes incendios forestales, además enfrentados por personal sin la preparación adecuada. Algunas áreas han sido invadidas, en especial en la zona de la puerta de Caracas y Catuche. Los funcionarios antiguos, de carrera en Imparques, de distintas orientaciones políticas o sin orientación alguna, fueron sustituidos por desconocedores de la materia absolutamente incompetentes.

La antigua Fiscalía General de la Nación ahora es parte del nuevo Poder Ciudadano, junto con la Defensoría del Pueblo. Pero la transformación consistió en que dejó de cumplir las funciones propias del Ministerio Público y se presta incondicionalmente a satisfacer instrucciones en algunos casos hechas en cadena nacional, por el Comandantepresidente. Sin embargo, cuando conoce denuncias, aun de hechos de gran trascendencia para la vida nacional, las ignora si son inconvenientes al gobierno.

El Consejo Supremo Electoral -que en la Democracia fue manejado pluralmente y en muchos casos presidido por personas absolutamente asépticas políticamente- es ahora el Consejo Nacional electoral. Pero ha desvirtuado su función al extremo de constituirse en organismo censor del régimen y apéndice del comando de campaña del oficialismo.

PDVSA es ahora la “Nueva” PDVSA. Pero se ha deteriorado tanto en su planta industrial y en su función, que la otrora 5ta compañía del planeta, una de las más solventes financiera y profesionalmente, hoy tiene una deuda de $ 43.000 millones ¡14 veces la que tenía en 1998! Ahora la que alguna vez fue una especializadísima estructura, vende verduras y construye casas. La desinversión y falta de mantenimiento la ha hecho disminuir la producción en un tercio, o menos de la mitad de lo que el propio gobierno planificaba producir. Su menoscabo y fuga de know how con el despido de 30.000 expertos, son considerados la causa de la terrible tragedia de Amuay. ¿Es mejor la “Nueva” PDVSA que PDVSA?

En 1999 había 13 ministerios, lo que ya el entonces candidato de la revolución consideraba cifra exagerada y sentenció debía reducirse a 9.  Hoy son 34 y no son ministerios, sino ministerios del poder popular, aunque el pueblo anda a pie mientras los ministros del poder popular y sus subalternos viajan en vehículos lujosos importados. Demás está mencionar que los ministerios cuyos nombres fueron transformados y los nuevos creados como el de Prisiones, han fracasado en sus funciones.

Las Fuerzas Armadas Nacionales cambiaron su nombre a Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Pero aquella fuerza que antes, con la excepción de los sediciosos hoy en el poder, era leal a la Constitución (Constitución que le exige su absoluto sometimiento a su mandato por encima de parcialidad política o presidente), se declara por medio de sus jefes “chavista, revolucionaria y socialista”, grita consignas de fidelidad al actual gobernante y amenaza al Pueblo de usar sus armas contra él en caso de pronunciarse electoralmente en contra de su líder político, e incluso enarbola símbolos patrios de potencia extranjera. No es secreto que la esta fuerza obedece a jefes militares cubanos presentes en los cuarteles.

La lista de casos es interminable. La revolución cambia la forma más no el fondo, el cual casi invariablemente es destruido o lesionado. Y esto no se refiere sólo a instituciones: se pretende eliminar una supuesta discriminación racial con palabras como “afrodescendiente”, en una sociedad que en virtud del mestizaje, en cada familia existe un hijo al que apodan “el negro” y otro al que apodan “el catire”, pero la única persona de raza negra que logro recordar en el gobierno es Aristóbulo Istúriz (cosa que me recuerda la realidad cubana); o se pretende mejorar las condiciones de vida de los presos comunes, quienes ahora se conocen oficialmente como “privados de libertad”, pero que debido al deterioro por el  abandono del régimen vive en condiciones de hacinamiento jamás vistas en el pasado y que están muriendo asesinados como perros, lo que constituye violación de Derechos Humanos; o que pretende salvaguardar los derechos de la mujer consagrando en la Constitución expresiones como “concejales y concejales, electores y electoras, ciudadanos y ciudadanas, presidente y presidenta, vicepresidente y vicepresidenta”, etc. en violación de las normas del Castellano, al tiempo que las mujeres son maltratadas verbalmente hasta en cadena nacional y en manifestaciones de protesta por las autoridades.

Se puede concluir que con su aproximación meramente formal la revolución ha fracasado en transformar la sustancia de la sociedad y de las estructuras del país, el fondo, y aun, ha ocasionado un alto grado de destrucción. Y la destrucción del fondo ha causado que sólo sobreviva la forma, es decir, la cáscara vacía de lo que llegaron a ser instituciones en aquella Democracia sin duda defectuosa e, incluso, en regímenes anteriores a la Democracia.

Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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