sábado, 1 de septiembre de 2012

FAG



Ni por un segundo piense estimado lector que este es un escrito homofóbico debido a la traducción al Inglés del título. ¡No! Son la siglas para el nuevo ejército que asedia a la revolución, al gobierno, a sus cuerpos de seguridad y la gloriosa FANB: las Fuerzas Armadas de Globovisión.

El presente lo redacto luego de haber logrado incorporarme del suelo en el cual pasé varias horas convulsionando de risa ante las recientes acusaciones del señor El Aissami contra los periodistas de Globovisión, quienes -dice- representan elevado peligro para la comunidad por andar armados y ser gatillos alegres prestos a disparar a la menor provocación y aun sin ella.

Voy a soslayar el hecho público y notorio de que hemos visto en repetidas ocasiones a los profesionales de ese canal ser objeto de toda clase de agresiones por parte de las turbas oficialistas, que hasta hospitalizaciones han requerido, en las que no se han salvado ni las damas, como Delvalle Canelón en días pasados; agresiones que han requerido hasta el uso de chalecos antibala y cascos por parte de estos “peligrosos delincuentes subversivos”.

Lo más gracioso de esta disparatada acusación es quizás el alegato de la propia torpeza. En efecto, equivale a una confesión de incompetencia que un ministro de relaciones interiores declare que existen personas armadas cuando es él precisamente quien otorga el privilegio de portar armas. Y si los periodistas de marras no gozan de tal permiso, es competencia de ese ministerio capturarlos, despojarlos de las armas y pasarlos a los órganos competentes para ser procesados por sus delitos. ¿En verdad es verosímil la imputación que implica que un gobierno militarmente fuerte sólo alcance a lamentarse acerca de unos comunicadores armados que no puede desarmar? ¡Si están armados desármenlos y punto!

Pero es obvio que se trata de una burda y pueril maniobra más en la persecución de uno de los sueños de este gobierno desde su asunción del poder: el cierre del exitoso canal de noticias que se resiste a someterse a la férula del pensamiento único. Y si está dispuesto a saltarse toda norma y proceder finalmente a ese cierre, será sin duda, la más grave decisión política que pueda cometer en esta hora desesperada para la revolución.

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