lunes, 24 de septiembre de 2012

Encuestas vs. Realidad




La Matemática es un modelo de la realidad (lo que sea que esto quiera decir). La Estadística aplicada a las Ciencias Sociales es un intento desesperado de modelar la realidad por medio de la inferencia. Todos hemos escuchado que las estadísticas son manipulables, es decir, que se prestan para distintas interpretaciones, o peor aún, a malas intenciones. La proliferación de encuestas electorales tan disímiles en estos días, hace reflexionar acerca de su valor como explicación de la realidad y predictoras del resultado del 7 de Octubre.

La manipulación estadística permite demostrar casi cualquier cosa con el solo límite de la chequera del cliente y la honestidad del estadístico. El caso Phillip Morris, la transnacional tabacalera, es motivo de estudio en la universidad a tales efectos. Cuando se desató la campaña contra la industria del tabaco en EUA por los efectos cancerígenos del cigarrillo, esta compañía contrató y publicó un estudio “independiente” que demostró más allá de toda duda que dejar de fumar era nocivo para la salud, de hecho, en extremo peligroso pues las muertes por esta causa eran desproporcionadamente altas. La metodología estadística del estudio era incuestionable, salvo por una sola cosa: la muestra estaba constituida por ex fumadores que justamente habían dejado de fumar pues su estado de salud ya era grave. Y por supuesto, era indiscutible un fenómeno que los encuestadores adoran usar para confundir al público con causalidad: Correlación; esta existía entre dejar el cigarrillo y morir. La Correlación sólo indica que existe alguna conexión entre dos hechos, pero no que uno es causa del otro, como sugirió Phillip Morris.

Así que el método de levantamiento de datos por parte del encuestador es decisivo. Si está viciado la encuesta será espuria. En la campaña por la Presidencia de los EUA en 1956 entre el entonces presidente Dwight Eisenhower (un general de verdad que jamás vistió uniforme para gobernar) y su contendor Adlai Stevenson, una encuestadora causó gran revuelo al predecir la victoria de Stevenson, quien más tarde fue derrotado estruendosamente por el líder militar del Desembarco de Normandía. La razón del craso desatino de la encuestadora -sin duda pagada por el Partido Demócrata del perdedor- fue que los datos se levantaron telefónicamente y por lo tanto estaban desviados. Este es caso de estudio en primer semestre de Estadística para enseñar al alumno que las encuestas hechas por teléfono tienen un valor científico exactamente igual a 0.

Es público y notorio que una de la encuestadoras nacionales, inexplicablemente líder pues jamás se ha acercado ni remotamente a acertar un resultado en el pasado, y que peor aún, ha errado por márgenes tan vergonzosos que ya no debería estar en el negocio; empresa cuyo directivo con voz de soprano con neumonía pontifica perogrulladas y oximorones crípticos a la oposición desde una fingida y “verde” neutralidad; da una ventaja de 15 puntos porcentuales a la candidatura exhausta del Corazón de la Patria, al tiempo que protege su retaguardia reportando un fantasioso y gigantesco número de indecisos, lo que le permitirá afirmar cuando se derrumbe su predicción el 7-O: “al final los indecisos se decidieron por Capriles, no me equivoqué”; palabras que harán resonancia a sus previas declaraciones perogrulléricas en el sentido de que quien convenza a los indecisos ganaría. También es público y notorio que esta encuestadora menos acertada que Walter Mercado, levanta sus datos por medio de llamadas telefónicas. En lo personal, puedo dar fe de que me han llamado. Y como ya dije, hace 56 años que la Humanidad sabe que encuesta telefónica no es encuesta.

Salvo por la ya mencionada encuestadora y otras (que ni merecen comentario) que sirven al régimen y publican resultados tan alejados del grupo general que parecen lo que en estadística llaman outliers (puntos muy remotos de observaciones altamente improbables), el resto de encuestadoras serias dan ganador a Henrique Capriles con margen de 2 a 6 puntos. La desviación a favor del gobierno de las encuestadoras en cuestión, ha sido estudiada por -por lo menos- 3 matemáticos en distintos puntos del planeta, que con métodos diferentes han arribado a la conclusión unívoca de que sus métodos son -al menos- poco confiables y sus resultados muy improbables. Esta tesis es sostenida por otro experto de incuestionable trayectoria y profesionalismo, el ingeniero Christian Burgazzi. Al aceptar las cifras de las encuestadoras serias, debemos hacerlo con las siguientes reservas: 1) en todo régimen autoritario existe el factor miedo, o precaución de revelar a un extraño la opinión disidente, miedo imposible de ponderar; y 2) que están sujetas a las limitaciones del análisis de regresión para predecir los resultados del 7-O.

Aparte de la asignación de probabilidades subjetivas, no conozco método que permita estimar lo desconocido: cuántos se guardan su intención de voto por temor a la represalia del régimen; y en consecuencia, corregir el resultado de la encuesta. Por otra parte, el análisis de regresión produce una curva (lineal, parabólica, logarítmica, exponencial, etc.) de la observación de un cúmulo de datos en el pasado, con su pendiente o derivada (conocida como tendencia) positiva (ascendente) o negativa (descendente). Pero la regresión es una vista al pasado que predice un futuro muy inmediato (máximo uno o dos puntos en intervalos similares a los ya observados si existen suficientes observaciones); y le es casi imposible predecir la curva o función futura si la presente será alterada por un evento futuro como un deslave de votos. Es decir, el deslave estará descrito por una nueva curva de función distinta a la ya conocida con una nueva pendiente de mayor magnitud o tendencia más acentuada. Así que predecir el resultado del 7-O en base a la curva existente hasta el presente es cuando menos impreciso. Lo que sí es cierto es que todas las encuestas -sin excepción- coinciden en que la tendencia del candidato del gobierno es descendente y la Capriles es ascendente. Hasta las más bufas como la citada y las pagadas por el régimen así lo muestran.

Es un principio que de una población estadística conocida se pueden colegir las estadísticas (composición, proporciones, curva) de otra desconocida, que hay correlación. O sea, no es aventurado especular que las preferencias del grupo conocido y sus tendencias permiten predecir lo que sucederá con el grupo de indecisos. De manera que en este grupo existen altas probabilidades de que cada candidatura tenga -al menos- las magnitudes del grupo principal, es decir, mayoría de y tendencia favorable a Capriles.

En consecuencia, no es temerario concluir que con la avalancha de votos que a última hora se volcará a favor de la opción de la Democracia, la ventaja descrita por las firmas serias para este momento será mayor en las urnas electorales. La estimación de 10 puntos de margen favorable hecha por el propio Capriles (unos 1.500.000 votos) es no sólo posible sino superable. Y esto está anunciado ya por una realidad que se contrapone a la de las de las encuestas: el vacío en los actos oficialistas, su carencia de convocatoria, versus al entusiasta y multitudinario apoyo incontenible en las callles al Flaco, Campeón de la Libertad.

Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

No hay comentarios:

Publicar un comentario