lunes, 10 de septiembre de 2012

Corticoincoherencias




El tema de la guerra es uno de los leitmotivs en la vida de nuestro Comandante, en el más estricto sentido wagneriano. El mismo acto subversivo de 1992 fue un acto bélico, interno, pero bélico. Son bien conocidas sus frases reiterativas invocando la muerte y amenazando con guerra: “soy yo o la guerra, esta revolución es armada”, etc.. En consonancia con su "aforismo" escrito en la cárcel de Yare “la guerra civil es fratricida pero necesaria”, el amoroso gobernante advierte continuamente a los venezolanos que la guerra entre hermanos es una alternativa legítima de no ser él el jefe de Estado; su solución final.

Sin embargo, la semana pasada dio marcha atrás a su cotidiana amenaza de corte inequívocamente democrático “si no gano las elecciones habrá guerra civil”, al declarar sorpresivamente “bueno, si no gano es posible que no haya guerra pero habrá crisis”. Además del obvio cambio en su actitud, la segunda parte de la frase denota que sin duda es un hombre visionario, un genio de la Política y la Economía. Llegó a la aguda conclusión -quizás luego de profunda meditación trascendental- de que un país con una Deuda Externa Total de $ 228.000 millones, lo que grosso modo representa un 200% de sus ingresos anuales, totalmente dependiente de la exportación de petróleo y de los avatares de sus precios; con la infraestructura (carreteras, sistema eléctrico, etc.) seriamente deteriorada; con la economía herida gravemente por la casi aniquilación del sector privado, en la cual la participación del Estado como empresario no ha podido compensar la desaparición de casi 200.000 empresas y 200.000 cooperativas, y ha fracasado en esa actividad empresarial; cuya industria petrolera se ha menoscabado al punto de producir 1.000.000 de barriles diarios menos que en 1999 y 3.500.000 menos que los 6.000.000 planificados por el mismo gobierno  para esta fecha; y que a pesar de haber molido $ 1,5 billones en 13 años y tener el petróleo en $ 100 dólares el barril, está desesperado pidiendo más préstamos internacionales para financiar su populismo; entrará en crisis. ¡Claro que habrá crisis, gane quién gane! Y la única manera de enfrentar esa crisis es con una administración medianamente sensata, responsable y honesta; calificativos que no han caracterizado a la revolución.

No obstante, su declaración de que no habría guerra fue efímera, duró menos que un suspiro en un chinchorro. Algunos especulan que ella fue producto de presiones del estamento militar. Lo cierto es que menos de una semana después, en su escuálido mítin de Charallave, el cual dicen los vecinos de la localidad estaba nutrido por numerosos foráneos con acentos de distintas regiones del país, retornó al bajo obstinado de su sempiterno pasacalle: “si gana el majunche habrá guerra civil”. El Comandante, en su visible desesperación, rectificó, posiblemente en reacción de temor ante encuestas que conoció recientemente. ¡Quién sabe!

En el mismo encuentro de Charallave dijo cosas que harían dudar al incauto de su condición mental. Pero -a pesar de lo que muchos piensan- él no es loco, simplemente cree que puede seguir mintiendo exitosamente como lo ha venido haciendo desde 1998 que se sepa. Quizás tenga sentido afirmarle a una audiencia que recibe dádivas y alimentos subsidiados o gratuitos por su fidelidad partidista “nuestro modelo socialista es exitoso, es un modelo exitoso”, que “la gran cantidad de empresas socialistas (en realidad cerradas o paralizadas) han traído prosperidad”. Pero lo que veo un tanto inverosímil es que a unas personas que las están matando 10 veces más que en 1998 (y contra esto no hay subsidio ni limosna que valga), período en que la tasa de homicidios pasó de 6,6 a 67 por cada 100.000 habitantes -¡dos órdenes de magnitud de incremento!- y 50% más que en 2007, cuyos amigos y parientes están cayendo como moscas, se las pueda convencer de que “su lucha” contra la inseguridad ha sido otro triunfo de la revolución. Dudo que la prédica de que ha implementado 19 planes -obviamente fallidos- contra este flagelo -lo que no es más que la confesión de la propia torpeza- convenza a los deudos de su victoria sobre este. Es posible que sus seguidores sean ignorantes pero ni tontos ni desvinculados de la realidad son, y esto lo sabe el Comandante, no creo que los desprecie tanto.

Quizás la más llamativa de sus frases en Charavalle que a tantos hizo reír (el Comandante es un histrión que le disputa el sitial a Cantinflas en la Historia de la Comedia), fue “¡a los ricachones les conviene que gane Chávez!” Independientemente del cortocircuito mental que debe haber causado en sus acólitos entrenados durante catorce años con consignas de odio y muerte a los ricos como unos de los principales causantes de todos sus males, y que sin duda debe haber requerido dosis de Lexotanil para ellos digerir tal afirmación, haría pensar al observador ordinario que el Comandante desvariaba incoherencias. ¡Pues no! No hace falta ser un analista agudo para concluir que es -en el fondo- la declaración de que a los revolucionarios que se han enriquecido en el poder y sus socios de la nueva burguesía, sin duda les conviene que él gane ya que se seguirán beneficiando de su permanencia en el poder. Esto es indiscutible y el Comandante hizo bien en aclararlo. Y sin duda es un llamado a que los bienes y mansiones de los socios neoricos de la plebe socialista no sean profanados en la lucha social.

Algunos especialistas de la medicina han especulado que las incoherencias, falta de sindéresis, cambios de opinión, insultos desaforados del Comandante -incluso contra aquellos a quienes les solicita el voto y que, es justo decir, cuya novedad consiste sólo en su creciente desproporción- pudieran deberse a dosis excesivas de corticosteroides para su terrible enfermedad, entre cuyos efectos secundarios -además de la hinchazón y la gastritis- están descritas la psicosis, la manía y la confusión mental. Aunque suena plausible tal teoría, me inclino a pensar que esos desvaríos no son más que la más natural expresión de alguien que se siente extremadamente temeroso y acorralado pues conoce su fatal destino electoral.



Leonardo Silva Beauregard
Twitter: @LeoSilvaBe

1 comentario:

  1. Impresionante entonces, cómo el miedo puede producir tanto delirio. ¿Será el miedo del comandante una patología?

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