viernes, 31 de agosto de 2012

Voluntad Impopular



No es nada sorprendente la reciente prohibición de la publicidad del partido Voluntad Popular por parte del impoluto y neutral CNE. Independientemente del hecho de que esta tan sólo representa la realidad que vivimos todos los venezolanos que carecemos del privilegio de escolta, de que ya unas 200.000 madres han pasado por el trance descrito en ella, y de que no es -de acuerdo a la definición- publicidad electoral de un candidato; lo más grave es que demuestra el descenso del organismo electoral desde su majestad de árbitro electoral y poder independiente del Estado a vil censor del gobierno. El CNE ya no actúa como un ministerio como sostienen algunos, sino como una oficina de segunda importancia del Ministerio de Relaciones Interiores, pues la censura es conducida por dependencias de esa jerarquía. Para descender más, sus funcionarios tendrían que ir a dirigir el tránsito en la avenidas del país.

El árbitro independiente actuó resonando por simpatía con la denuncia introducida por la diputada oficialista Blanca Eckout, quien acudió ante aquel con argumentos como: “es siembra de odio, representa un culto a la muerte, llama a la división, no puede ser que se exalte la muerte de esa manera...”. Y lo hizo de forma muy expedita, en menos de 24 horas la cuña estaba fuera del aire.

Los argumentos de la Eckout -sin la menor duda- se inscriben dentro de lo que la Psiquiatría define como Proyección Identificativa. En efecto, todos estamos ya curtidos ante el concepto Muerte, no sólo porque nos están matando como moscas en un país que tiene 14,5 veces la tasa de homicidios de EUA (considerado país violento entre los desarrollados), 94 veces la de España, y el triple que la de México y Brasil, de hecho, la tercera más elevada del planeta; sino porque el oficialismo, comenzando por su máximo líder, a hecho de la muerte el leit motiv de la revolución: “Patria, socialismo o muerte, esta revolución es armada y la defenderemos con sangre (¿de quién?), si ganan tomaremos los fusiles rodilla en tierra (¿para qué?), soy yo o la guerra (guerra y muerte son sinónimos)”. La proyección es la atribución de lo propio a otros. Esto lo conoce muy bien el psiquiatra Jorge Rodríguez quien -no obstante- incurre en la misma proyección con los mismos argumentos de la diputada, agregando la palabra más técnica “necrofilia”, lo que queda comprobado con los argumentos defensivos de Carlos Vechio, representante de Voluntad Popular: Rodríguez no puede hablar de necrofilia cuando en el último semestre ha habido en Caracas 2.800 asesinatos, 2.000 de ellos en Libertador, donde él es alcalde.

La verdad es que más allá de lo que señalo, la medida del CNE es irrelevante en la era de Internet, YouTube, Twitter, Celulares, etc.. El video está disponible en la Web para un altísimo porcentaje de la Humanidad. Por otra parte, no hay manera de velar la realidad, de tapar los hechos. A todos nos han matado a un pariente o a un amigo. Llamar al odio es permitirlo, no denunciarlo; es dirigir la mirada hacia otro lado, lo que -además- no elimina ni resuelve el problema.

Por cierto, cuando la Eckhout hizo la denuncia como un llamado al odio y a la división, también denunció sin pruebas algo sumamente grave: “la tragedia de Amuay fue sabotaje de la derecha” (es decir, la Oposición; aunque nunca he sido de derecha me meten en ese pote). A todas luces, es difícil pensar en una peor y más efectiva maniobra dirigida a fomentar el odio entre hermanos que acusar a uno de ellos -además sin pruebas- de que es culpable de un terrible crimen contra la familia. Lo hizo Milosevic en Yugoslavia y también Hitler con el incendio del Reichstag (edificio del Parlamento), por ejemplo, el cual mandó a quemar para acusar a los comunistas y opositores del delito, luego solicitar poderes especiales al parlamento que le permitieron perseguir a sus adversarios, comunistas y no comunistas, y consolidar definitivamente su dictadura. De hecho, Hitler demostró que el odio y la división derivada de este, son una excelente fórmula para acaparar el poder, cosa que aprendió de los soviéticos y el terrible Stalin, cariñosamente conocido como Koba.

Para cerrar, usando el estilo del nuevo Castellano al cual son tan afectos los funcionarios revolucionarios, me atrevo a hablar por mis compatriotas cuando digo “venezolanos y venezolanas, electores y electoras, estamos muy contentos y contentas pues aunque nos sentimos atropellados y atropelladas, la decisión de los funcionarios y funcionarias del CNE demuestra la desesperación de un régimen que impone su voluntad impopular en un pueblo al que con ella convence cada día más de cuánto lo desprecian”.

Twitter: @LeoSilvaBe

1 comentario:

  1. Bueno el artículo, el complemento del video es muy oportuno.

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