viernes, 31 de agosto de 2012

Seguro y Reaseguro: La Verdad, Parte II




Ya en un anterior artículo expliqué la definición de la actividad aseguradora como de carácter eminentemente internacional que se rige -no sólo por los grandes números- sino por el llamado Principio de la Dispersión del Riesgo, que significa que las pérdidas de todo siniestro se atomizan en todo el sistema asegurador mundial de manera que un solo ente jamás se verá afectado en su salud financiera por un siniestro, esto es, si el reaseguro está bien suscrito. El sistema está diseñado para que funcione, no es el caso de las famosas pirámides para hacerse millonario. Expliqué cómo en una progresión exponencial, el número de reaseguradores y retrocesionarios crece en la distribución del riesgo: si el asegurador tiene 10 reaseguradores y estos a su vez 10 retrocesionarios cada uno, ya podemos ver que 100 compañías pueden verse envueltas en una colocación. Y si estos retrocesionarios a su vez colocan con 10 más cada uno, tenemos que en un tercer nivel de retroceso del riesgo, 1.000 empresas ya estarían participando. Y así continúa la progresión.

Por los montos en cuestión y por la especialidad del riesgo, los reaseguros industriales petroleros requieren someterse al régimen descrito, no hacerlo contrariaría los principios generales y fundamentales del Seguro. Por lo demás, no existe un solo reasegurador en el mundo que tenga la capacidad en sus contratos para asumir individualmente la suma reasegurada de la refinería de Amuay. El sistema está diseñado para que las pérdidas se distribuyan en todos sus participantes con cantidades pequeñas y para que las mismas se recuperen con ajustes de primas en un plazo de varios años (Payback o Período de Recuperación). Nadie pierde si la contratación fue bien hecha.

Ahora bien, abordaré la materia relacionada con el manejo del seguro directo y su relación con el reaseguro, bajo la existencia o ausencia de la Cláusula de Control de Siniestros, en la que el derecho a manejar el siniestro es cedido al reasegurador.

Para suscribir un seguro de cualquier índole se requiere una inspección previa que pasa a formar parte del contrato. Todos hemos llevado el carro para estos efectos o nos hemos sometido a un exámen médico para un seguro de vida. En esta inspección se define la naturaleza del riesgo y el estado de la cosa. En el extremo, podría determinar que el bien no es asegurable. De ella se pueden derivar recomendaciones del profesional inspector para protección del riesgo asegurable, que también serán condición obligatoria del contrato. Esto es especialmente cierto en los Ramos Técnicos e Ingeniería, caso de la industria petrolera. Además, se estipula en los contratos del seguro directo y de reaseguro, la realización de inspecciones periódicas que también pasan a ser parte del contrato y tienen carácter vinculante. Estas sirven dos propósitos: la verificación de que se mantiene la integridad de la cosa asegurada (principio de seguro y obligación principal del asegurado) y de que se mantienen los estándares para su preservación, como es el caso de los procedimientos de mantenimiento e -incluso- de los operativos. También de estas pueden generarse recomendaciones con efectos vinculantes.


La importancia de las inspecciones descritas se hace patente a la hora de un siniestro. Por ejemplo, si se detectaron fallas que no fueron corregidas oportunamente (que también podrían ser causa de la revocatoria del contrato de seguro directo si no se ejecutan en el plazo prescrito), podría haber lugar a un rechazo de la reclamación. Y se puede tener la absoluta seguridad de que estas inspecciones se han realizado en la industria petrolera venezolana pues son condición insoslayable para la existencia del contrato de seguro, impedirlas conduciría a la anulación de las pólizas o a que el reasegurador cancele el contrato, lo que equivale a que no exista seguro pues el asegurador no tendrá la capacidad financiera para amparar una eventual pérdida.

No conozco las condiciones particulares (todo contrato de seguro tiene Condiciones Generales y Condiciones Particulares) del seguro de Amuay. Pero puedo generalizar diciendo que la negligencia e impericia podrían estar cubiertas en algunos casos, en especial, de empleados bajos, así como los daños maliciosos (en Seguro cualquier condición lícita -por descabellada que parezca- puede estipularse si se paga la prima). Sin embargo, bajo ninguna circunstancia estarán cubiertas las pérdidas a consecuencia de incumplimiento de los protocolos de mantenimiento, de los procedimientos operativos (que como dije, ambos pasan a ser parte de las condiciones particulares del contrato) ni de las recomendaciones originadas en las inspecciones de riesgo previas y periódicas. Y estas condiciones que cito, incluyendo inspecciones, con absoluta seguridad, existen y se hicieron en Amuay. Todos los reaseguradores del planeta que participan tienen copias. La verdad contenida en ellas es inocultable y eventualmente aflorará. (Ya se ha reportado la filtración de algunos de estos informes a la prensa).

Las inspecciones, así como las investigaciones y ajustes de pérdidas en esta materia son realizadas por expertos internacionales de múltiples disciplinas, de primera línea, que son vitales para la mera existencia del sistema, que no son manipulables ni sobornables y que forman parte de firmas generalmente de trayectoria de antigua data, cuyo número puede contarse con los dedos. Los reaseguradores ni contratarán ni aceptarán la contratación de firmas distintas a estas que tengan sede en Zimbabwe o en Papua u otro rincón desconocido.

Así que reitero lo sostenido en el escrito anterior: la única manera de ocultar la verdad es renunciar a la indemnización, la cual no es sólo un derecho del Estado, sino que su gestión es la obligación de todo funcionario público con bienes nacionales a su cuidado.


Twitter: @LeoSilvaBe

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