jueves, 23 de agosto de 2012

Réquiem



Leonardo Silva Beauregard


Los hechos de los últimos tiempos que anuncian el final de una era, me han traído a la mente una de las expresiones del pensamiento humano que considero más sublimes: El Réquiem en re menor de Wolfgang Amadeus Mozart, su versión de la Misa de Difuntos. Aunque pienso que el más grande genio musical de la Historia es Juan Sebastian Bach, no conozco obra de la talla de esta misa. Jamás podré olvidar mi sorpresa, incredulidad y admiración la primera vez que en la cátedra universitaria de Composición Musical, el maestro John Goodman nos dio a leer por grupos a primera vista la doble fuga del Kyrie. Para expresarlo de forma sencilla, la Doble Fuga es una caso particular de esta forma musical en la que se presentan dos Sujetos (tema o melodía principal) en donde uno cumple también funciones de Contrasujeto (tema obligatorio o melodía en contrapunto que se opone al tema principal y que aparece siempre que el Sujeto se manifiesta) del otro. En medio de mi conmoción aquel día pensé “Bach hubiera estado orgulloso de Mozart”. Y es que el Arte de la Fuga es uno de los más importantes legados del maestro alemán y el estilo de este Kirie es totalmente bachiano. En mi opinión, la Fuga, en especial la canónica, sugiere eternidad, la idea de que una voz persigue a la otra como la serpiente a su cola en el Uróboros, en un juego que puede ser ad infinitum, circular; que no tiene ni principio ni fin. Me arriesgo a especular si este gran compositor austríaco la usó para simbolizar la vida eterna. Y el hecho de que sea doble podría reforzar la dualidad cíclica vida-muerte en la eternidad.






En este video se pueden ver las voces del doble sujeto-contrasujeto en la partitura de la doble fuga para una mejor comprensión con ayuda gráfica. Se aprecia el Sujeto I presentado en valores largos por los hombres (Bajos) y el Sujeto II con valores cortos por las mujeres (Contra-altos). Esto se invierte en el segundo planteamiento:




Haré una breve descripción de los textos que considero más relevantes de acuerdo a mis emociones, para el momento que vivimos. La estructura de la forma musical Misa se basa en la Misa Católica. El Réquiem o Misa de Difuntos es una misa que se diferencia -entre otras cosas- de la ordinaria en que no comienza con el Kyrie sino con el Requiem Aeternam (Introito), cuyo texto se inicia con “Requiem aeternam dona eis Domine, et lux perpetua luceat eis” que se traduce “dales Señor el descanso eterno y que la luz perpetua los ilumine”.  

Requiem Introitus:


Como en toda misa, el texto del Kyrie, luego del Introito, se enuncia tres veces con carácter obligatorio: “Kyrie Eleison, Christe Eleison, Kyrie Eleison” o “Señor ten piedad, Cristo ten piedad, Señor ten piedad”.




Kyrie:




Saltaré a la Secuencia (Sequentia), al “Dies Irae” o “Día de la Ira” (de Dios) o del Juicio Final, del cual sólo extraeré lo que considero una advertencia: “¡Quantus tremor est futurus, quando iudex est venturus, cuncta stricte discussurus!”, es decir “¡cuánto temor en el futuro, cuando venga el Juez (Supremo), a juzgar estrictamente!” Quizás también se podría interpretar “no esperes hasta que sea muy tarde para rectificar”.  


Dies Irae:


Pasaré ahora a una sección que encuentro muy conmovedora, si el lector escucha a Mozart quizás me explique, el “Rex Tremendae” o “Rey Tremendo” (Rey terrible, temible) que versa “¡Rex tremendae majestatis qui salvandos salvas gratis, salvame Fons Pietatis!: “¡Rey tremenda majestad que salvas sólo por tu gracia, sálvame Fuente de Piedad!” Es de hacer notar el contraste en la música que hace Mozart cuando invoca “Rex tremendae...”, comparado con la dulzura humilde cuando le dice "qui salvandos..." en una progresión armónica de quintas que visita brevemente el tono relativo mayor, para luego implorarle retornando al re menor original “sálvame...”. El movimiento del ciclo de quintas es -por definición- circular y tiene raíces pitagóricas. Nuevamente se presenta la idea de círculo o eternidad que ya fue esbozado brevemente en el Requiem Aeternam o Introito. Siempre ha sido difícil para mí contener las lágrimas ante este clamor quizás desesperado.  

Rex Tremendae


 



Finalmente consideraré el “Confutatis” o “Rechazados” (condenados en el Juicio Final). Nunca he sabido qué me hace llorar con el Réquiem de Mozart, sospecho que es la música pues creo haberla entendido antes que las palabras, y cuando escucho esta súplica, sencillamente, pues, lloro: Confutatis maledictis, flammis acribus addictis. Voca me cum benedictis. Oro supplex et acclinis, cor contritum quasi cinis, gere curam mei finis”, es decir “Rechazados los malditos, lanzados a las terribles llamas. Llámame con tus elegidos, Bendito. Te ruego suplicante e inclinado, con mi corazón contrito hecho cenizas, cuídame en mi hora final”. Nuevamente es notable el contraste en la música entre el llamado a Dios y la humilde súplica, que es conmovedora, y vuelve a aparecer el concepto de círculo con la progresión armónica cíclica de quintas. 

Confutatis:


Mozart escribió su Réquiem en sus días finales. No sé si se trate de un caso de sincronicidad desde una óptica junguiana, puesto que lo comenzó todavía sano y además, es frecuente que el ser humano niegue su muerte conscientemente aunque la tenga próxima. Dudo que a su edad supiera que iba a morir. Pero en efecto murió y no pudo terminarlo. Hay cierto halo de misterio acerca de hasta dónde pudo escribir. Originalmente estudié versiones de que había escrito hasta las “Hostias”, orquestando solamente hasta el “Lacrimosa”. El resto lo dejó como bajo cifrado y canto dado, y el trabajo de completarlo lo acometió su alumno Franz Süssmayr. Todo músico que haya estudiado Armonía sabe que con estos dos recursos ya es posible inferir el resto de las voces y su comportamiento, que no la orquestación la cual puede ser resuelta por analogías estilísticas con el resto de su obra, pero no con absoluta precisión en cuanto a fidelidad con respecto a la intención que hubiera tenido el autor. Así que no tengo razones para creer que no es el pensamiento de Mozart el plasmado en el Réquiem.




 
Aunque es obvio que siendo de difuntos el tema de esta misa se refiere a la muerte, tengo la absoluta certeza de que con esta música Mozart escribió un canto a la vida, no solamente a la eterna, sino a la terrenal que tanto disfrutaba. Lo que no es sorprendente pues ya sabemos que vida y muerte son fenómenos entrelazados. Es cierto que este Réquiem me confortó en la muerte de mis padres y de otros seres queridos. Pero también es cierto que -aun entre llanto- ha estado conmigo cuando tuve felicidad. La verdad, no existe otra obra musical que me conmueva más. Y siempre que escucho sus notas el mundo se detiene para mí, es como la primera vez.




Vaya esta modesta y brevísima descripción a aquellos que pudieran haber invocado la muerte y sientan temor si la otean en el horizonte, pues como dije, también es un canto a la vida y todavía se puede rectificar en beneficio de esta opción, si no para sí, para otros.




A propósito de sincronicidad, fenómeno intrigante descrito por Carl Gustav Jung, cuando escribía estas líneas me llegaban desde la distancia las notas del Kyrie. Creí que imaginaba. Luego las del Rex Tremendae. Cuando sonó el Confutatis decidí investigar: mis hijos habían comprado el DVD de la película Amadeus y la estaban viendo en su cuarto. Quizás misteriosamente Mozart me habló otra vez con un mensaje de vida, posiblemente eterna.



El resto de las partes. Vale la pena escucharlas, son muy emocionantes, en particular el Domine Iesu. Nótese que en la Comunión (Communio) se repite la música del Introito y el Kirie, como cerrándose un círculo:

III. Sequentia

ii. Tuba Mirum


iv. Recordare


viii. Lacrimosa


IV. Offertorium

ix. Domine Iesu Christe




x. Hostias



V. Sanctus 




VI. Benedictus


VII. Agnus Dei


VIII. Communio



Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe






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