jueves, 23 de agosto de 2012

Democracia Participativa y Protagónica Cívico-Militar


Por Leonardo Silva Beauregard


El término “cívico-militar” siempre me ha causado urticaria refractaria a la cortisona y los antihistamínicos. Creo que tiene que ver con una incapacidad hepática que padezco que no me permite metabolizar la presencia militar en el gobierno, esto es, si no se despoja del uniforme, la cachucha y las botas, no sólo de cuerpo, sino de mente. Más grave aún, jamás me he podido sacar de la cabeza la idea de que su significado inequívoco es “civiles sin dignidad sometidos a la bota militar para que les permitan participar en el expolio o recibir mendrugos”.
 
Por otra parte, la expresión “Democracia Participativa y Protagónica” me divierte tremendamente. No sólo porque la encuentro redundante: creo que desde los tiempos de la antigua Grecia tenemos más o menos claro que este sistema se fundamenta en la participación de todos, de eso que llaman “pueblo” (Demos, pueblo), y que es el gobierno del Pueblo y para el Pueblo. Ya desde 1961 en Venezuela se consideraba participativa la Democracia, con vías de participación popular en el voto directo y ciertas formas de referéndum. (No soy ajeno a los conceptos de Democracia Representativa, Directa, Indirecta, etc., así que ruego no me corrijan pues no pretendo escribir un tratado sobre los diferentes tipos de Democracia). Y sin duda, la Constitución de 1999 amplió esta participación con nuevas formas de referéndum. Pero no es la Teoría Constitucional lo que deseo abordar, sino la hipocresía contenida en esta definición tan invocada por nuestro líder.
 
Nadie duda de que en los últimos catorce años hemos experimentado un número récord de procesos participativos electorales. Sin embargo, recientes hechos como la designación de Francisco Ameliach como candidato del partido de gobierno a la Gobernación del estado Carabobo por encima de Rafael Lacava, quien contaba con el apoyo y cariño de la mayoría de la base de tal organización en esa jurisdicción, hablan en contra de la real existencia de esta “Democracia Participativa y Protagónica”, no sólo en el país sino en el partido oficialista, especialmente. Y soslayaré alegar el hecho de que ninguna designación de candidatos de ese partido a cargo público, se trate de alcaldías, curules o presidencia, se ha realizado por pronunciamiento de la base sino de su máximo líder.
 
Pensaba que la palabra “protagónica” se refería a que el Pueblo no solamente es quien participa, sino quien protagoniza. Pero en Carabobo se puso de manifiesto otra cosa: Ante una audiencia que no llega a hacer sombra a la que convocaba en otros tiempos, que voceaba “¡Lacava, Lacava, Lacava!” aclamando a su líder natural y expresando su voluntad de que fuera el abanderado del partido, el jefe máximo impuso a su previamente seleccionado, Ameliach. Y en respuesta a la protesta enardecida de la gente que reaccionó a su imposición, arremetió furiosamente con gritos y rugidos convulsivos y paroxísticos que pudieran haber puesto en peligro su delicada salud, “¡he dicho Ameliach! ¡está en juego el 7 de Octubre y aquí lo que importa es Chávez!” Un regaño feroz que finalmente sometió a su “amado pueblo participativo y protagónico” y lo puso de rodillas. Junto con ese “bravo” Pueblo, Lacava calló y miró las nubes.
 
Esta conducta del Teniente Coronel sin duda delata cómo concibe su carácter de jefe militar asociado a civiles, sea de los que están a su servicio o de los que votan por él. Los trató cual oficial superior a una tropa de mercenarios infrahumanos hacia quienes siente profundo desprecio. E implacablemente los doblegó con su autoridad de talante castrense. O sea, demostró en plenitud el significado que “cívico-militar” tiene para él, y que coincide en un ciento por ciento con el que tiene para mí, como ya planteé al comienzo. Por supuesto, no faltó un civil de entre sus filas, el profesor Aristóbulo Istúriz, que justificara tal designación individual, inapelable y autoritaria con una novísima y adulante teoría del Estado que supera la visión de Luis XIV: “a Ameliach lo seleccionó el Pueblo pues Chávez (y su dedo) es el Pueblo”. Y -claro está- el señor Lacava declaró su complacencia por la decisión adversa a sus aspiraciones.


El arrebato del Jefe de Estado, es absolutamente cónsono con la propaganda gubernamental para su campaña a la tercera (yo digo que cuarta) reelección, que se basa en testimonios de individuos que le agradecen por sus dádivas y que expresan claramente que se consideran tan incapaces y pobres de espíritu -cosa que yo no comparto-, que no imaginan la posibilidad de surgir como personas sin que un solo hombre paternal les tienda la mano. Es decir, que piensan que no existen como seres humanos sin su benefactor.

Pareciera que en este caso se aplican dos principios de Derecho Romano arrogados por el Derecho Constitucional Revolucionario: “In ferrarum habitaculum, cuchillus palum”1 y “ubi tigris ronchabat, asinus cum rheumatismus non habere”2. Es posible que el líder supremo de la revolución se haya inspirado en estos para darle la interpretación correcta a la expresión “Democracia Participativa y Protagónica Cívico-Militar”, vale decir, “ustedes participarán pero el que protagoniza soy yo; y donde manda capitán no manda marinero, menos si es civil".

  1. En casa de herrero, cuchillo de palo”.
  2. Donde ronca tigre no hay burro con reumatismo”.

Nota del autor: Pido no me corrijan tampoco los latinazos pues son solamente una licencia para reírme del atropello a nuestros hermanos.

Leonardo Silva Beauregard
Twitter: @LeoSilvaBe

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