jueves, 23 de agosto de 2012

Mercenario


Por Leonardo Silva Beauregard

Una característica frecuente de la personalidad narcisista es la paranoia. Esta le es común también a la sociopática. Por otra parte, el narcisismo es también propio del sociópata. Y el sociópata tiene razón en sentirse paranóico: suele terminar guindado de un poste como Musolini, suicidándose acorralado en un bunker como Hitler, acribillado por sus antiguos servidoress como Ceaucescu, ahorcado por la Justicia como Hussein o linchado por sus víctimas como Kadafi. Para este tipo de individuo, el mundo gira alrededor de su persona y sus intereses egoístas. Y nada, absolutamente nada, se le interpone como obstáculo para la consecución de sus fines, ni la Moral, ni la Ley, ni ningún tipo de norma o consideración ética. Pero este no es un tratado de Psiquiatría. Sólo hago el preámbulo para un tema que se ha incorporado descabelladamente a la campaña electoral, en un desesperado intento por conseguir simpatía y votos para el Candidato de la Patria: El Caso del Mercenario Magnicida.

Para 2006, los servicios de inteligencia cubanos mencionaban la cifra de 638 intentos de asesinato contra Fidel Castro desde que el dictador cubano llegó al poder en 1959. Es decir, que la CIA ha intentado fallidamente de matar al hombre nada menos que 1,13 veces por mes. En otras palabras: la CIA es capaz de desarrollar un efectivo rayo cancerígeno pero no pega una cuando trata de despachar por vías más tradicionales a un líder progresista latinoamericano. Y me pregunto, si la CIA es tan inepta, ¿por qué los revolucionarios se preocupan tanto por sus actividades? Sinceramente, sospecho que aunque no dudo que  haya habido intentos de matar al tipo, se trata de un subterfugio para ganar las simpatías de ese pueblo que tanto lo ama.

Siguiendo la tradición de su mentor, nuestro líder también ha podido evitar unos cuantos intentos de magnicidio, como le gusta calificarlo a él. En efecto, recordemos aquel en que lo iban a raspar con un misil (diría uno, el asesino quería ir sobre seguro, ¿no?). Hoy es noticia la captura en la frontera con Colombia de un nuevo perpetrador que ya conocemos como “El Mercenario”, debido a que así lo calificó a priori la presunta víctima. Se trata de un norteamericano de quien como prueba irrefutable de que en efecto es un conjurado, dice que tenía apariencia de mercenario (imagino que los mercenarios tienen rasgos característicos que sólo conocen los militares), tenía un cuaderno sospechoso que "intentó romper" (seguramente para después comérselo pues no lo creo tan bruto como para ignorar que los papeles se pueden volver a pegar), ha viajado en los últimos 10 años a Irán y otro país del Medio Oriente (esto sí es determinante porque a nadie se le ocurre ir de turista a esa tierra desértica cundida de embatolados sudorosos que no usan desodorante), y sirvió en los US Marines alguna vez (la prueba más vehemente pues todos sabemos que todo Marine es maluco). Y dice Chávez que esto de que sea Marine sí es verdaderamente la demostración de que es un agente "que nada bueno viene a hacer aquí, puéj". 

Pero, ¿es tan rara ocurrencia que un estadounidense sea ex Marine? Veamos unas cifras: El número de efectivos de esa fuerza en tiempos de paz es 200.000. El tiempo de servicio de un Marine es 4 años. Es decir, cada 4 años rotan 200.000 efectivos, entran 200.000, salen 200.000. Esto significa, a vuelo de pájaro, que en los últimos 20 años se han generado 1.000.000 de ex Marines, en otras palabras, el 0,35% de la población adulta de EUA. Si consideramos individuos que hayan prestado servicio hace más de 20 años, debe haber millones; y por cierto, los Marines tienen un dicho "once a Marine, always a Marine", o sea, jamás dejan de serlo.

Por diversas razones, en especial porque sé que no es mucho lo que la Ciencia Médica puede hacer ya por él, me abstengo de escribir de la terrible enfermedad del líder de la revolución bolivariana. Pero hemos leído distintos informes emanados de servicios de inteligencia extranjeros que reportan que es muy grave, incurable y diseminada. Entre ellos están los casos de dos funcionarios vinculados a los organismos de seguridad norteamericana: el general James Clapper, Director Nacional de Inteligencia (todos los servicios de inteligencia de ese país reportan a él), y el general Douglas Fraser, Jefe del Comando Sur. El primero declaró al Senado que la enfermedad del bolivariano era extremadamente grave y no se esperaba su curación, y el segundo solicitó recursos adicionales al Congreso para enfrentar la contingencia de una emergencia en Venezuela debido a la gravedad de la salud de nuestro líder y su posible muerte. Ellos deben saber de qué hablan. Entonces me pregunto: si el gobierno de EUA estima que la enfermedad de Chávez es grave e incurable, ¿es lógico pensar que tiene interés en impedir que la Naturaleza siga su curso inexorable? No parece razonable...

Pero lo importante del show del mercenario es que se inscribe dentro de la reciente estrategia que ha venido desarrollando el gobierno recurriendo a otra ridiculez: El Caso de la Gorra. Efectivamente, el asunto de la gorra se torció para intentar demostrar un plan macabro golpista y desestabilizador de la Oposición. Con el mercenario hacen lo mismo. Resulta que es agente traído por la Oposición en complicidad con el Imperio para desestabilizar al país y evitar la segura victoria de Chávez en las elecciones. Unas elecciones que -de acuerdo a las encuestas serias y lo que se respira en la calle- serían ganadas por Capriles con holgura. Lo que sugiere que preparan el terreno para arreciar la represión contra las fuerzas democráticas con la excusa de que conspiran contra el orden constitucional.

Pero hay una interpretación más, quizás la más obvia: Ante la apatía del Pueblo hacia su candidatura que ofrece la continuidad del desastre y que -de paso- finalmente comienza a sospechar que después de 14 años no cumplirá ninguna de las promesas que le hizo en 1998; promesas que siguió haciendo durante todo su gobierno y que todavía hace en su campaña electoral; razones por las cuales se ha ausentado de sus actos de campaña; el líder hace intentos desesperados por atraer su atención para que regrese a su lado jugando a la víctima. ¿Será otra versión del cuento de Pedro y el Lobo?

Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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