martes, 28 de agosto de 2012

La Función Debe Continuar




Comenzaré por manifestar mi pésame a los deudos de las víctimas en la tragedia de la refinería de Amuay, que en el fondo, son todos los venezolanos.

No tengo elementos de juicio para pronunciarme sobre las causas de la explosión en una de las instalaciones de refinación de petróleo más grandes del mundo. Pero tampoco voy a ignorar las reiteradas declaraciones de expertos petroleros durante años en el sentido de que la planta industrial de PDVSA ha sufrido un dramático deterioro debido a tres principales causas: falta de mantenimiento, falta de inversión y la ausencia de los 20.000 técnicos y gerentes capacitados abruptamente despedidos en 2002, que constituían la columna vertebral y el know how de PDVSA, el cual era considerado de los primeros del planeta; ni los los anuncios de alarma de tales expertos que advirtieron la altísima probabilidad de que una catástrofe ocurriera, acompañados con datos acerca del aumento en la tasa de accidentes en la industria, con un saldo importante de muertes y daños ecológicos previos al nuevo accidente. Han denunciado el incumplimiento relativo y en algunos casos absoluto de los programas de mantenimiento. Y todos sabemos que de ser una compañía de elevadísima especialización y competencia, pasó a practicar negocios tan diversos como la distribución de alimentos y la construcción.



De manera que no me concentraré en los aspectos técnicos en los que pudiera hallarse la causa del siniestro sino en las reacciones del líder y el gobierno pues las encuentro peculiares.

En primer lugar, llamó poderosamente la atenciòn que el jefe de estado no apareció ante el país ni en el lugar de los acontecimientos sino hasta transcurridos casi dos días (40 horas) del evento. Sólo hizo una llamada relefónica hacia el medio día del Sábado con voz que sonaba congestionada. Como sustitutos hicieron acto de presencia –además de la gobernadora del estado Falcón- el Vicepresidente Elías Jaua y el ministro de energía y presidente de PDVSA Rafael Ramírez. Estos funcionarios, en compañía de un grupo de vecinos de las zonas pobladas afectadas que se deshicieron en elogios y agradecimientos al líder por la atención prestada ante el suceso (!?), pronunciaron frases como: “dentro de dos días la refinería reanudará operaciones (una imposibilidad técnica absoluta)… No se afectará el suministro de gasolina” dijo Ramírez (a pesar de que se informaba la destrucción del 50% de la planta que producía casi toda la gasolina del país y de exportación, 600.000 barriles diarios); “en el pasado no se hacía esto” dijo Jaua refiriéndose a la respuesta eficiente del gobierno (sin mencionar de que en pasado jamás sucedió “esto”, un siniestro de esta naturaleza y magnitud); y “por algo bueno pasó” declaró la gobernadora, última esta que me abstendré de comentar.

Por fin, 40 horas después del suceso, apareció el líder para manifestar su dolor e informar en una cadena de TV en la cual, además de las justificaciones y consignas, resaltó un encuentro con la corresponsal de RCN de Colombia. Cuando la dama preguntó al candidato a la cuarta reelección acerca del olor a gas en los días previos que denunciaron los propios vecinos, junto con los saqueos posteriores que -incluso en las anteriores emisiones televisadas oficiales- también habían sido denunciados, éste respondió displicente y despreciativamente ¡con risas y carcajadas! que era imposible que tales cosas hubieran sucedido, atropellándola con palabras y gestos. (¡¿Risas en tan grave situación?!). La verdad, sin ser semiólogo pienso que no hubo concordancia entre el mensaje en las palabras de pena del contristado gobernante y el metamensaje patentemente jocoso expresado con sus gestos y actitud.

Luego, en la noche, además de una misa católica con la plana mayor del gobierno y la FAN (hecho interesante tomando en cuenta que esa Iglesia ha sido calificada de “tumor” por el jefe de Estado), se hizo un acto de celebración de los actos de heroísmo de los militares que participaron enfrentando los hechos y en los rescates de víctimas. Hubo palabras de reconocimiento y aplausos emocionados, ¡una celebración antes de que los cadáveres de las víctimas se enfriaran y los quemados terminaran de llegar a los hospitales!, con la imposición de condecoraciones a los héroes. Y me pregunto, ¿en qué momento se hicieron las investigaciones y procedimientos que concluyeron en tales premiaciones como se hace en todos los países del mundo? No cuestiono que premien el valor, pero esas ceremonias –en medio del sufrimiento humano- pueden hacerse en privado, máxime si hay manifestaciones de júbilo como el aplauso. De nuevo, incongruencia entre el mensaje luctuoso y el metamensaje de júbilo; palabra ésta que en un rendimiento fallido freudiano, usó la periodista del canal del Estado cuando anunció el decreto presidencial de tres días de “júbilo”, cuando debió decir “duelo”. Según Freud, estos actos revelan –en una suerte de traición del inconsciente- la realidad interna del individuo.

Después vinieron las nada sorprendentes acusaciones contra la Oposición, también conocida bajo los alias “derecha fascista” y “burguesía”. No solamente se le imputa el tratar de aprovechar la tragedia con fines electorales, sino que hasta sugieren que la causó con sabotaje: “Ojalá haya sido un evento fortuito y no causado por manos criminales” declaró Diosdado Cabello. Lo primero, no obstante que desde un comienzo, las transmisiones oficiales con afectados desde el sitio del suceso contenían un sin fin de alabanzas y loas al candidato del gobierno y toda clase de consignas políticas gobierneras; transmisiones que culminaron con una cadena en la noche del Lunes puramente publicitaria, en la que este aparece abrazando sobrevivientes solidario con su dolor. Lo segundo, sin tomar en cuenta que hay indicios vehementes de que la negligencia pudo ser la causa, lo que comportaría responsabilidad penal por dolo eventual.

Ha habido contradicciones entre los voceros del gobierno, mientras unos señalan cifras de fallecidos y desaparecidos, otros proporcionan escrutinios distintos, o, como en el caso de la Fiscal, afirman que no existen desaparecidos. Ramírez declaró que el fuego estaba bajo control mientras ardían dos tanques de combustible, pero tan solo unas horas después, otro tanque se incendió (hoy el fuego está extinguido). Y claro está, su promesa de que la refinería entraría en funcionamiento a los tres días de la catástrofe, aparentemente no será cumplida.

En todo caso, sea hecho fortuito o accidente por negligencia, lo evidente es que el manejo del evento a posteriori por parte del régimen emite un mensaje –cuando menos- inquietante y quizás indignante, aun para sus seguidores, pues de lo que no hay duda es que desde todo punto de vista, humano y material, Venezuela entera es doliente en este terrible acontecimiento.

“La función debe continuar”, frase pronunciada por el líder con motivo de esta tragedia, extrañamente traducción del Inglés “the show must go on”, que es un icono de la cultura yanqui tan odiada por él, se originó en el mundo del circo en el siglo XIX de donde fue adoptada por el teatro norteamericano. Quizás fue la más apropiada para el circo que montó con nuestro dolor y temor, y la tragicomedia que ha vivido Venezuela en los últimos años. No fue, como él afirma, producto del pensamiento de un filósofo, a menos que éste tuviera la nariz grande, roja y redonda, y se llamara Fofó.

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