jueves, 23 de agosto de 2012

Kenia, Amor, Droga y Muerte. Acto III



Leonardo Silva Beauregard


La historia que comenzó con acusaciones de acoso sexual que hicieron los trabajadores de sexo masculino contra el primer secretario de la Embajada Venezolana en Kenia, Gerardo Carrillo Silva, tomó un giro grave e insólito esta semana. La prensa reportó que la policía de ese país ahora imputó al principal sospechoso del asesinato de la sucesora de Carrillo, Olga Fonseca, el señor Dwight Sagaray, actualmente detenido, quien según las autoridades actuó junto a su pareja sentimental el médico Mohamed Hassan, con estar también implicado en el tráfico de drogas por vía de la valija diplomática para los envíos de los alijos desde Venezuela.
 

De Sagaray todavía no se conoce el mentor que lo insertó en 2010 en la diplomacia revolucionaria. Se sabe que es abogado egresado de la UCV y posiblemente fungía como profesor de Inglés. No es funcionario de carrera, a diferencia de Fonseca que tenía una dilatada y exitosa gestión en la Cancillería, donde se le conocía como funcionaria seria, responsable y estricta, razón por la cual fue enviada “a poner orden”. Informan que Sagaray ascendió en la embajada debido “al apoyo de Caracas”.

Los periodistas kenianos que siguen el caso informan que Sagaray fue reticente y aun hostil para aceptar la presencia de Fonseca como nueva encargada. Que la obstaculizó al punto de impedirle acceso a las instalaciones de la sede y su alojamiento allí. La hospedó en un hotel haciendo caso omiso de las solicitudes de ella de llegar a la casa oficial como correspondía. Le opuso excusas para mantenerla fuera durante nueve días, al cabo de los cuales ella por fin logró acceder a la residencia a la cual tenía derecho, dos días antes de ser asesinada. Y luego de lograr su acceso, se sabe que Fonseca le comunicó a otros trabajadores que se sentía insegura, al extremo de cambiar las cerraduras. ¿Qué percibió de o habló la víctima con Sagaray? Nadie sabe.


Las reacciones del gobierno causan perplejidad:
1.- Las declaraciones sobre el caso las ha dado Tareck El Aisami, Ministro de Interiores, no Nicolás Maduro, el de Exteriores, quien se ha limitado a comentarios menores referidos al respeto a la memoria de la víctima. Esto es extremadamente raro, pues es claro que el servicio diplomático escapa a la competencia de aquel ministerio cuyas funciones se reducen al ámbito interno.
2.- Las informaciones emanadas del gobierno mantienen un velo de misterio sobre el affaire. En efecto, se han limitado a decir que no se van a anticipar a juzgar ni emitir opiniones sobre los hechos; aunque sí se procedió de inmediato a privar a Sagaray de su inmunidad diplomática por solicitud de Kenia.
3.- Por otra parte, se intentó una cortina de humo imputándole a la Oposición democrática con la solicitud de “respeto por la memoria de la difunta” cuando sus voceros solicitan que se investigue exhaustivamente y se informe al país. Quizás intentando desviar la atención del hecho de que los funcionarios responsables del escándalo y los crímenes accedieron a los cargos por sus credenciales partidistas y no por las profesionales. Es decir, de que la culpa de haberlos designado (In Eligendo) y no haberlos supervisado adecuadamente (In Vigilando) corresponde al gobierno.
4.- Si la droga se enviaba a Kenia en la valija diplomática es lógico pensar que se sabe con precisión quiénes son los responsables de preparar y enviar tal valija, y se debe proceder a investigarlos, por lo menos.
Se ha informado que el régimen solicitará a Kenia la extradición del sospechoso, lo cual es perfectamente acorde con nuestras leyes pues en ese país enfrentaría la pena de muerte por ese delito. Es obligación del gobierno la protección de nuestros nacionales en caso de la aplicación de penas mayores, infamantes o que comporten la muerte. Sin embargo, no es aventurado pensar que esto pudiera comprometer el resultado positivo de las investigaciones que se conduzcan en Venezuela y que alguna vez se llegue a conocer la verdad.

Así que caben algunas interrogantes:
I. ¿Por qué quien da la cara es el Ministerio de Interiores y no el de Exteriores extralimitándose así en su competencia en materia que le es extraña?
II. ¿Por qué no informa el gobierno el origen del nombramiento y los credenciales de Sagaray, o sea, quién lo recomendó, nombró o apadrinó ya que era nuevo y sin experiencia en la diplomacia?
III. ¿Quién -según señalan en Kenia- protegía a Sagaray en Caracas y le otorgaba el poder que lo elevó en posiciones de la misión?
IV. ¿Por qué en vez de abordar la médula del problema y dar respuestas concretas se distrae la atención hacia supuestos insultos de la Oposición hacia la víctima?
V. ¿Por qué no se revela el o los nombres de los responsables de preparar y enviar la valija con drogas y se anuncia su investigación?
Si el gobierno no responde estas elementales preguntas no podemos más que concluir que “hay gallo entaparao”.


Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

No hay comentarios:

Publicar un comentario