jueves, 23 de agosto de 2012

Imperio de la Mentira



Por Leonardo Silva Beauregard

No hay nada más peligroso que la verdad”
Hugo Chávez Frías
El privilegio de la mentira es que siempre vence al que pretende servirse de ella (...) El odio es en sí mismo una mentira (...) No se puede odiar sin mentir”.
Albert Camus

Las citas precedentes parecen hacer innecesario el presente artículo, pero de todas formas procederé a plantear el tema que hoy me ocupa. Como dice el adagio: a confesión de parte relevo de pruebas.  Pasemos por alto el silogismo paradójico subyacente en la cita del gobernante: si nada es más peligroso que la verdad, luego miente, y si miente la misma cita es falsa. Quienes tienen discernimiento están perfectamente conscientes de que el jefe de Estado venezolano hace honor a su propia sentencia, no sólo porque reiteradamente miente sin control, sino porque siempre en misteriosa conjunción con la palabra “amor” (¡que dice cristiano!), manifiesta vehementemente odio a quienes estima son sus adversarios. Hemos escuchado de su boca frases como “yo no soy comunista; yo fui un niño de familia muy pobre (cuando ambos padres eran maestros y uno dirigente político copeyano); si el pueblo me lo pide, renuncio; Cristo era socialista; Bolívar era socialista; yo no acepté la renuncia ni ordené activar el Plan Ávila (aun cuando hay grabaciones de sus órdenes en este sentido el 11-A); alcanzamos la soberanía alimentaria; resolvimos la crisis eléctrica del país; la pobreza se redujo a casi cero; el agua es potable; en Venezuela hay menos crímenes que en EUA; el Capitalismo es la causa de la criminalidad”; además está la retahíla de promesas incumplidas; y un gran etcétera. ¿Pero es la mentira la estrategia adecuada para mantener popularidad en el largo plazo?

Es harto conocido que el político -como el vendedor- recurre frecuentemente a la mentira, suele hacer una venta engañosa. Más aún, la Psicología describe la cualidad de mentiroso verosímil como característica del líder. Sin embargo, la mentira es una estrategia que sólo funciona en el corto plazo; causa fatiga en el receptor. En el caso del vendedor, el consumidor no vuelve a comprar su producto luego de comprobar reiteradamente que la calidad no se corresponde con la foto del paquete. No crea fidelidad hacia la marca. Ya son lugar común las palabras de Abraham Lincoln “se puede engañar a parte del pueblo todo el tiempo y a todo el pueblo parte del tiempo. Pero no a todo el pueblo todo el tiempo”. Y es cierto. Después de escuchar exactamente las mismas mentiras durante más de 14 años, la gente -como mínimo- debe comenzar a tener ligeras sospechas de que le están jugando quiquirigüiqui.

Por ejemplo, entre otras, en días recientes hemos visto tres mentiras importantes: la enésima inauguración del hospital Pérez de León, el cual en realidad no abrió sus puertas, sazonada con la dosis adicional de falsedades en contra de la Alcaldía; a los trabajadores de Guayana les prometió hacer un emporio minero-energético-industrial de su estado (como si eso no lo hubiera hecho ya la Democracia desde hace 50 años) cuando ellos mismos saben que su gobierno lo llevó a la ruina, destruyó las industrias básicas y hasta la planta de tubos con la que les ofreció producir 500.000 tubos petroleros ahora, la paralizó hace 4 años, de manera que los chinos suplen a PDVSA con tales tubos; y la acusación contra los enfermos de cáncer de que son actores en una conspiración mediática para desacreditar al gobierno (que por lo demás no necesita que nadie lo desacredite porque tanto el líder como sus acólitos hacen un excelente trabajo de auto-descrédito). Esta última es particularmente cruel, y sin duda constituye violencia, no solamente por negárseles tratamiento médico sino por la agresión implícita en tal infundio. A estas dolidas almas, además de las colas y humillaciones que sufren para tener tratamiento médico, se les imputa que mienten pues sí reciben la atención adecuada y que las máquinas de terapia son apagadas solamente cuando vienen los medios a informarse. Me resisto a creer que esos seres humanos sufridos, llorosos, suplicantes, sean actores de Hollywood contratados por la “derecha fascista” para fingir. Tengo la plena seguridad de que esos llantos de lamentación y esos clamores desesperados no son una película de ficción, son una espantosa realidad que ningún ser vivo merece vivir.

La mentira finalmente resulta inútil. El pueblo no es tonto, los vecinos de Petare saben exactamente cuál ha sido la gestión de Ocariz y cuál fue la de Rangel, sabe cuántas veces han inaugurado ese hospital y sabe que en realidad es una inauguración ficticia; sabe que esas puertas no están abiertas para atención médica. Los trabajadores guayaneses saben tan bien que los está engañando con su nueva promesa de desarrollo para Guayana y hasta con el pago de sus beneficios laborales que les adeuda desde hace 30 meses, que a gritos le hicieron suspender abruptamente la cadena nacional y abandonar el recinto. Los enfermos, sus amigos, vecinos y parientes saben que han sido abandonados y que se les escapa la vida. Y no hay forma de que ese pueblo se vuelque a votar por quien le miente tan burdamente insultando su humanidad, sensibilidad e inteligencia. En la era de Internet, YouTube, Twitter, etc. nada, ni la mentira y mucho menos la verdad, se pueden ocultar. Esas mentiras -y todas- se las cobrarán en las urnas electorales. Como afirma Camus: la mentira finalmente siempre derrota y destruye al mentiroso. ¿O será que los votos en realidad no le importan porque tiene un plan alterno y sólo le interesa crear un clima nublado con mentiras que genere la ilusión de que está construyendo y todavía cuenta con una mayoría que se beneficia de su obra?


Es idiota creer que los demás son idiotas. La estrategia correcta para relacionarse con otros humanos no es presumirlos imbéciles, sino por el contrario, respetar su intelecto y sentimientos. Así que yo agregaría a la cita de Camus: “el privilegio de la víctima de la mentira es que siempre el mentiroso -en actitud idiota- le cree idiota y por esto también aquella siempre termina venciéndolo”.




Y Camus también dice que la mentira y el odio no son más que sinónimos. Es decir, la mentira es la proyección de la maldad, del lado oscuro, y finalmente siempre queda en evidencia.

Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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