jueves, 23 de agosto de 2012

Hugo Popov


Por Leonardo Silva Beauregard

Uno de los iconos más resaltantes de la cultura del extinto Imperio Soviético es el gran Oleg Popov, considerado por muchos el más grande payaso de la Historia. Desarrolló una amplísima actividad circense después de graduarse de la Escuela de Circo Ruso de Moscú, ha tenido una dilatada carrera a nivel mundial, incluyendo el mundo capitalista donde goza de una entusiasta legión de admiradores, y fue distinguido por el Estado con el título Artista del Pueblo de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Por cierto, me asalta la duda de si ese título todavía sigue vigente si tomamos en cuenta que tan exitosa unión colapsó y desapareció hace más de veinte años.

Pero le pido amigo lector que no salte a conclusiones debido al título de este escrito. No, no me voy a concentrar en el obvio hecho de que por sus excentricidades  algunos malintencionados pudieran asimilar nuestro líder al excepcional payaso -además- comunista. No. Y sería injusto con el talentosísimo Popov. La cosa va más allá. Me refiero a las similitudes que tienen como hombres de circo. ¡Sí, de circo!

Hemos sido testigos de las poquísimas y escuálidas concentraciones “populares” que ha podido realizar el “Candidato de la Patria”. También hemos observado cómo para llenarlas de fieles, el Estado recurre a caravanas interminables de cientos -si no miles- de autobuses que trasladan al personal de la audiencia de tales mítines atravesando todo el territorio nacional, de Norte a Sur, de Este a Oeste. Caravanas que -además del espectáculo que luego montan en las pocas localidades donde han tenido lugar y la pintoresca intervención del candidato- recuerdan al circo clásico que levanta y después desmonta la tienda en cada población, para luego viajar con todos los artistas, trabajadores y bestias  (me refiero a los elefantes, leones, tigres, caballos, chimpancés, focas y osos) a un nuevo sitio para el mismo espectáculo. ¡El Circo Itinerante de Hugo Popov!

Es cierto que este método de hacer campaña contribuye al amalgamiento y aun uniformidad de nuestro idioma y cultura. Por ejemplo, no puedo evitar imaginar al mismo maracucho que ya estuvo en el mítin de Barquisimeto preguntando en el de Cumaná: -¡mirá primo!, ¿qué molleja es esa de “esnobol”? -Ezo es lo que ustedes llaman zepillao, compai, zepillao. O al guaro que ya estuvo en Guárico preguntando en el de San Cristóbal: -¡Ná guará!, ¿¡qué me habrá querido decí ese pendejo con eso de “toche”?! -¡Te dijo “pendejo”, pana!

Pero mientras que a causa de las limitaciones físicas y logísticas el Candidato de la Patria logra trasladar su circo una, quizás dos veces por semana para -a lo sumo- dos actos de “masas” en distintos lugares, el Candidato Apátrida ha convocado hasta ¡cinco actos diarios! en diferentes sitios pues cuenta con los partidarios de cada localidad. Y no deja de ser curioso que con esta limitación el flaco "escuálido" de la gorra y la unión atraiga multitudes que hacen lucir escuálidas las obras circenses de su contendor.

¿Sería esta la razón por la cual el líder anunció que no realizaría más actos de masas en su campaña? O será que la masa no está pa bollo. Prefiero pensar eso y que no sea por la enfermedad.

Nota: Me permití la licencia de escribir "esnobol" en vez de "eznobor" (correcta pronunciación oriental de "snow ball" o "raspado" caraqueño) para facilitar la comprensión.



Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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