jueves, 23 de agosto de 2012

Guerra y Enemigo






                                                  

Por Leonardo Silva Beauregard

"La guerra civil es fratricida pero necesaria".

"Soy yo o la guerra"

Hugo Chávez Frías

"El mal de nuestro tiempo consiste en la pérdida de la conciencia del Mal".

Krishnamurti

"Nuestra vida es un tejido entrelazado con el Bien y el Mal..."

William Shakespeare.



Estamos acostumbrados a leer en los libros de Historia listas de diversas causas económicas, políticas, geopolíticas, ideológicas, religiosas, en fin, sociales, para las distintas  guerras que ha conocido la Humanidad. Sin embargo, diferentes escuelas de psicología y psicoanálisis han propuesto razones subyacentes, mucho más profundas y eficientes como motivos desencadenantes de este fenómeno, inscritas dentro de la Naturaleza Humana. Estas las ubican en la dualidad Bien y Mal que parece regir las manifestaciones psicológicas del Ser Humano.

La división entre Bien y Mal resulta simplista y maniquea, por supuesto. Varios autores plantean estos dos conceptos como partes integrantes de una realidad indivisble, dos caras de una moneda, dos polos de una unidad, e incluso, dos caras de Dios. Nada es enteramente el Bien, nada es enteramente el Mal. Tal separación representaría una escisión, una división, una disociación de la mente tanto desde del punto de vista individual como colectivo. Por ejemplo, es válido plantearse la interrogante acerca de si el bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki fue obra del Mal, o contra el Mal y por lo tanto expresión del Bien. (Por cierto, Carl Gustav Jung sostiene que la imagen de la explosión nuclear, el famoso "hongo" es un símbolo de disociación, es decir, de escisión, psicosis). La misma pregunta cabe acerca del terrible bombardeo estratégico de Alemania en la Segunda Guerra Mundial.

No obstante, sí parece haber cierto consenso en que el Mal es la manifestación de los aspectos negativos de la mente humana. De la sombra para Jung, del doble (la imagen en el espejo) para Rank, de Thanatos para Freud, y lo relacionan con la muerte. Por supuesto, la guerra se relaciona y aun se identifica, con la muerte, en consecuencia, es expresión del Mal. Por otra parte, todo líder proponente de una guerra, invoca al Bien, a Dios, y los enfrenta al Mal, al Diablo. Siempre la propone para buscar bienestar para los suyos. Esto ha sido cierto sin importar si el nombre del líder es Josué en Jericó, Hitler en Europa, Bush en Afganistán o Hussein en Irak. Y toda guerra se hace contra un enemigo, éste es fundamental. Es aquí donde llegamos al proceso de creación del enemigo.

"Dibuja en el rostro de tu enemigo


la envidia, el odio y la crueldad

que no te atreves a admitir como propios.



Cuando hayas terminado el retrato de tu enemigo

podrás matarlo y descuartizarlo sin sentir vergüenza ni culpa alguna."

Sam Keen

El Diablo se considera una proyección del aspecto maligno de la mente humana, y su personificación. No está de más mencionar que la palabra "diablo" proviene del Griego "diabolos" que significa "desgarre, división, escisión".  Además, pasa al Latín antiguo y a la Biblia con el significado de "enemigo, adversario, el que calumnia, divide", con la palabra hebrea "satán", del mismo significado. Y al enemigo se le asignan características diabólicas. Cada líder en la guerra califica de Satán al otro y dice tener a Dios de su lado. El Hombre proyecta inconscientemente su esencia maligna, por la cual siente vergüenza y culpa, en el otro, y lo designa "enemigo". Lo culpa de todos sus males propios, se trate de judíos, yanquis, capitalistas para los comunistas, comunistas para los capitalistas, etc.. El enemigo no es más -pues- que una imagen proyectiva del propio individuo. Y el enfrentamiento con el enemigo, su destrucción, es la redención ritual propia, del aspecto maligno propio, y su cura. En este sentido, el enemigo es indispensable para el Humano.

La guerra es pues, la excusa y ritual necesario para redimir las faltas y culpas propias. Es la curación del alma: al destruir al enemigo portador de su esencia, el humano mata su lado negativo que tanto le pesa. Siempre me llamó la atención la expresión "bombardeo quirúrgico". ¡¿Por qué un término de la Medicina, la Cirugía, se usa para calificar la muerte y destrucción?! Debemos concluir que la curación lograda por tal "cirugía" es la de los males del agresor, pues los muertos -ciertamente- no quedan curados. Y como es de esperarse, Dios lo ha de recompensar por ello.

Como he dicho, frecuentemente el líder propone la guerra para lograr el Bien común. Pero la evidencia Histórica demuestra que generalmente la guerra conduce a algún grado de destrucción y muerte de quien la inicia. Los casos de Alemania y Japón, países que iniciaron la Segunda Guerra Mundial y quedaron totalmente arrasados, son bien conocidos. En este sentido, y en consonancia con la definición psiquiátrica-psicoanalítica de la personalidad destructiva como autodestructiva, la guerra es autodestructiva; y en ella la sociedad destruye la imagen de sí misma proyectada en el enemigo, lo que sin duda, constituye también autodestrucción.

Además de autodestructiva, toda guerra es fratricida, no solamente la civil como afirma Chávez, en ella siempre mueren hermanos, pues -más allá de las concepciones religiosas y éticas- estudios del ADN mitocondrial así lo demuestran: el Género Humano desciende de sólo cuatro madres y éstas podrían estar emparentadas entre sí. Pero más grave aún, según el psiquiatra-psicoanalista argentino Arnaldo Raskovsky, la guerra siempre es filicida, en ella mueren los hijos de toda la sociedad, porque son los más jóvenes los mandados primero al campo de batalla, además de que mueren detrás de las líneas por hambrunas y enfermedades. Y finalmente, con confianza se puede afirmar, que quien propone la guerra y la considera necesaria, inconscientemente estima necesaria su propia destrucción y la de su pueblo. Es suicida.

Twitter: @LeoSilvaBe

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