jueves, 23 de agosto de 2012

Escuálido




Por Leonardo Silva Beauregard

Cuando escuché la palabra “escuálido” pronunciada por primera vez por nuestro líder contra sus opositores, de inmediato supe, desde una visión freudiana, que se trataba de una proyección identificativa, una de tantas a las cuales él es particularmente proclive: la confesión inconsciente de que sabía que ya no era mayoría y de que su reserva intelectual, moral y espiritual era inferior. Proyectaba su propia esencia en sus adversarios políticos que siempre percibió como enemigos a muerte, ya que no es político, es militar, a quienes a la vez odiaba y temía. Ellos pasaron a ser su propia imagen reflejada en el espejo -su doble- que describió Otto Rank.

La palabra escuálido tiene tres acepciones: 1.- persona flaca, macilenta; 2.- andrajosa, sucia; y 3.- pez selacio también llamado tiburón. Soy firme creyente en el poder infinito de la palabra en base a su significado, raíces etimológicas y desarrollo linguístico. Es notable que en la la palabra “escuálido” se encierre una contradicción. Si bien es cierto que denota debilidad e inferioridad, al mismo tiempo se refiere a uno de los depredadores más poderosos y temidos del mar. Esto es importante aún cuando él no estuviera consciente de su pleno significado: a la vez que superficialmente le atribuía minusvalía a la oposición, internamente le reconocía inmenso poder y le temía. Es posible que conociendo la acepción de flaco, macilento, sucio y asqueroso, inconscientemente le proyectara ese valor significante, definitorio de sí mismo, en el oponente; y que desconociendo el de tiburón conscientemente, a la vez le asignara esta definición igualmente significante sin percatarse. También pienso que en algún grado debe haber relacionado “escuálido” en su inconsciente con su muy cercana pariente etimológica y sinónimo: “escualo”, que todos sabemos es “tiburón”, lo que podría ser una sustitución digna de un artículo para Psicopatología de la Vida Cotidiana de Freud. Vale decir, inconscientemente consideraba superior a la Oposición y manifestaba miedo a ella.

En este orden de ideas, no creo que haya sido casualidad el uso del nombre clave “Tiburón 1” dentro del infame “Plan Ávila” que intentó implementar el 11 de Abril de 2002 pero que no contó con el apoyo de los jefes militares, para aplastar la protesta popular en su contra con la Fuerza Armada, ante su desmesurado temor de las consecuencias de que la marcha del Pueblo llegara a Miraflores. Esa vez usó la misma palabra, “escuálido”, en su sinónimo “tiburón” (aquí puede -en efecto- haberla relacionado con “escualo”), para significar su poder. Un supuesto escuálido enfrentando a otro supuesto escuálido. Su poder enfrentando al otro poder (¿superior?).

Pienso que todo insulto comporta una proyección del inconsciente en el enemigo. Lo cual indica que -al igual que “escuálido”- otros epítetos como “majunche, premajunche, pitiyanqui, fascista, apátrida, traidor”, etc. encierran la confesión de la propia realidad de quien los profiere. Es posible que otros espetados contra el candidato opositor como “marico, castrado y carente de vello en el escroto” sean una excepción a esta regla... Sin embargo, el de “cochino” que reiteró hasta el infinito (independientemente de que con su hinchazón medicamentosa esta pudiera recordar a algún observador su propio aspecto) no es un rendimiento fallido, es una clara alusión al ancestro semita de Capriles, pues sabemos que “marrano” era el calificativo usado por los gentiles españoles contra los sefardíes, o judíos ibéricos que -aunque conversos- seguían practicando el judaísmo en secreto.

Entre paréntesis, el inconsciente colectivo decidió manifestarse espontáneamente y enaltecer el insulto “escuálido” asignándole el significado de su primera acepción a su flamante candidato, a su campeón, dándole nacimiento al apodo “El Flaco”... Condición que -además- alguna vez tuvieron los revolucionarios antes de enriquecerse y engordar en el poder.

Pero en un desarrollo asombroso, encontramos que la caquexia propia de la consunción catabólica causada por el cáncer, hace del paciente que sufre esta terrible enfermedad un verdadero escuálido, en su primera acepción de flaco y macilento. ¿Será que la lengua es castigo del cuerpo? Esperemos que no.

Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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