jueves, 23 de agosto de 2012

Capriles, Símbolo de Venezuela

Por Leonardo Silva Beauregard

"Nuestra vida es un tejido entrelazado con el Bien y el Mal...” 
William Shakespeare

Desde que Hugo Chávez lanzó su candidatura en 1998 fue claro que su discurso se fundaba en la división entre el Bien y el Mal: el Bien personificado por Chávez, el representante, sucesor e -incluso- reencarnación de Bolívar; y el Mal representado por la Democracia nacida en 1958, por él llamada IV República Puntofijista, por todos sus líderes, y -además- por toda la era republicana que sucedió a Bolívar.

Es claro que toda revolución tiene una visión maniquea del mundo, lo percibe escindido en Bien y Mal. El mismo Bolívar reflexionó sobre esto y manifestó sobre la Revolución Independentista en escritos hechos hacia 1914: “Hemos destruido 300 años de Historia”. Y es que toda revolución se arroga el Bien y destruye lo que juzga el Mal: el pasado, lo anterior, lo distinto a ella. Como escisión, la óptica maniquea revolucionaria es disociación: la separación de dos conceptos que integran un todo. El Bien y el Mal, lejos de ser opuestos desintegrados, son complementarios como partes de una unidad que constituye el Ser, como dice Shakespeare, son entrelazados. E imponer en una sociedad tal disociación significa inocularle psicosis, enfermarla.

Así, Chávez se erigió en purificador de una sociedad que dividió entre buenos, “nosotros”, y malos, “ellos”. Y para purificarla, era necesario erradicar el mal conformado por los malos, “ellos”; eliminarlos. Esto queda plasmado en dos de sus frases conocidas: “La guerra civil es fratricida pero necesaria”, Yare 1992, y “soy yo o la guerra”. En esta última se aprecia claramente también la escisión: Yo: Vida, Bien; y no-Yo: Muerte, Mal. Dos caras de su personalidad, de un Yo posiblemente escindido en algunos aspectos. Su siguiente paso una vez hecha la división, fue definir al enemigo, “ellos”, y decretar su eliminación: “freiré sus cabezas, los pulverizaré”. 
 
Esta ha sido la esencia de su discurso durante más de 14 años, el cual se basa en dividir y luego sembrar el odio a ese enemigo por él creado -culpable de todos “nuestros” males- para luego cobrar dividendos: votos. Y sabemos muy bien que la división y el odio han demostrado ser excelentes herramientas de proselitismo populista, de izquierda o de derecha, como Hitler lo demostró. Este discurso los mantiene hoy por dos razones: porque le resultó efectivo hasta ahora y porque no conoce otra cosa, expresa su naturaleza. Pero se le agota, deja exhausto al receptor. Hasta el mejor producto comienza a sufrir el impacto negativo de una prolongada campaña de mercadeo de saturación, máxime si es negativa (más que promover virtudes propias denuncia supuestos defectos del adversario).

La palabra “símbolo” tiene su raíz etimológica en la del Griego antiguo “symbolos, de sym-bollein”, que se traduce “unión”. Es el antónimo de “diabolos, de dia-bollein” que significa división, separación (de ella viene “diablo” que significa “el que divide, separa, calumnia”, adoptada por La Biblia). Ante las palabras divisionistas de Chávez como “el que no es chavista no es venezolano”, Capriles ha respondido con sabios mensajes de unión como “no es el presidente quien decide quién es venezolano. Son los venezolanos quienes deciden quién es el presidente” o “quiero ser el presidente de todos los venezolanos, incluyendo a los rojos”.

De manera que el discurso de Capriles no solamente representa una posición política e ideológica distinta a la del candidato de la división, del pasado, sino que es símbolo de Venezuela, es su unión, su libertad y su futuro. Y esto lo están captando muchos de los otrora fieles a Chávez, quienes hasta le han manifestado a Capriles “¡hay un camino, Comandante!” Frase que sin lugar a dudas expresa la unión de las dos posiciones: el título que le dan a Chávez unido con el slogan de Capriles. Porque los venezolanos deseamos la unión. Deseamos volver a ser sólo nosotros en vez de "nosotros y ellos" (o peor, "nosotros o ellos"). Y esto significa que Capriles se convirtió en nuestro símbolo, en nuestra unión.

 
       



Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

2 comentarios:

  1. odio mentira engaño estafa trampa ardid teatro opereta confusión verdades a medias..

    seguro que capriles es símbolo, es capaz de unir a todos los oligarcas, narcos, mafiosos, paramilitares, escuadrones de la muerte, golpistas, sicarios a sueldo de miami, saboteadores, y deviles morales varios que venderían a su madre por una bolsa.

    capriles simboliza, une, representa y defiende el miedo, el miedo de la clase opresora que teme perder el control sobre los esclavos.

    a quien caraja pretendes engañar?
    hazle una entrada a pinochet y dí que simboliza chile, si eso te place.

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  2. Me opuse a Pinochet, generalmente me opongo al poder máxime si es fascista, de izquierda o derecha. Gracias a ser anónimo se permite Ud. el craso error de escribir "deviles" en vez de el correcto "débiles", lo cual, en vista de la sarta de sandeces que expresa, apenas discernibles en su incoherente prosa, demuestra su pobre intelecto; y justifica la cantidad de mitos que intenta fallidamente expresar en su monserga escrita. Muy agradecido por su uso tan desatinado del lenguaje y las vulgaridades, muy propios de un fascista ignorante robolucionario. Saludos.

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