miércoles, 29 de agosto de 2012

Ana Karina Rote: ¡Heil!





Ana karina rote amucón papororo itoto mantó”
Grito de guerra caribe

Cuando en 1998 escuché al entonces candidato de la revolución proferir ese grito en sus mítines en un aparente llamado de lucha que exaltaba a la multitud, me horroricé. Pensé en dos posibilidades: o no sabe lo que significa, o sí lo sabe y -en consecuencia- comporta una terrible amenaza. Aunque existe una especie de orgullo nacionalista en el venezolano por tan infame consigna indígena, para mí es expresión de oprobio y depravación, motivo de vergüenza. Hoy el asesinato de 80 yanomamis presuntamente a manos de garimpeiros me la trae a la memoria.

Cuando leí hace 30 años el clásico fundamental “El Orinoco Defendido e Ilustrado” del padre Gumilla, recuento de sus exploraciones en nuestras latitudes escrito hace 300 años, aprendí el significado de tal frase cuya traducción es “sólo los caribes somos gente, los demás son nuestros esclavos”. Gumilla describe en su obra cómo los guerreros caribes la gritaban al atacar a otras tribus originarias de América, a sus hermanos, para asesinarlos y secuestrar a los más aptos para la esclavitud.

Narra el sacerdote que los demás indígenas abandonaban sus poblados y huían cuando en la distancia escuchaban a aquellos expertos navegantes que lo gritaban mientras remontaban los ríos remando en sus embarcaciones. Aunque esto no lo menciona, es ampliamente conocido que a su son, los nativos de las islas antillanas hasta Santo Domingo fueron sometidos y conquistados.

Sin embargo, en su amena prosa, refiere el jesuita que existía un pueblo aborigen que no se doblegaba ante los genocidas caribes, y que muy por el contrario, los ponían en retirada, al punto de que eventualmente se abstenían de atacarlos: los otomacos. Los describía como gente no dada a la guerra pero de gran fortaleza. Con aptitudes físicas excepcionales que cultivaban con una alimentación sana de productos como los huevos y carne de tortuga teracayas y carne de manatí, además de la práctica deportiva diaria de un juego de pelota en el que participaban hombres y mujeres. Para este juego confeccionaban un balón agregando capas de caucho explotado en la selva. En él estaba prohibido el uso de manos, sólo del torso, piernas, pies y hombros.


Pero me disgrego, volviendo al tema, afirma Gumilla que los caribes eran socios de los holandeses en el negocio de la trata de esclavos. A las víctimas capturadas las vendían a estos clientes que tenían su base de operaciones en las guayanas. Y no es él el único autor que describe este comercio, ampliamente documentado en la literatura histórica. En pocas palabras, los caribes eran esclavistas. Además, diversos autores les han atribuido la práctica de la antropofagia, pero -sea esto cierto o falso- no es el tema central que me ocupa.

Aníbal Nazoa, hombre de honestidad moral e intelectual infinitas así como de bondad ilimitada, hoy convertido en uno de los iconos de esta revolución pues era comunista, me ayudó a memorizar “ana karina rote amucón papororo itoto mantó”: me la escribió hace 26 años en un papelito que siempre llevé en mi cartera para recordarme su vergonzoso y depravado significado. A él le repugnaba -quizás- más que a mí. Pero está claro, Aníbal fue uno de los hombres más cultos que he conocido. Además de amarlo, siempre lo admiré.

El grito “sólo los caribes somos gente y los demás nuestros esclavos” revela dos aspectos de una postura: la supuesta supremacía racial anticipada a la del nazismo por muchos siglos, que no le reconocía condición humana a otros, y desprecio por la libertad y la vida de los hermanos. No solamente asesinaban a los no aptos para la esclavitud, sino que los que eran efectivamente vendidos a los holandeses morían en altísimas proporciones, en consecuencia, también es de asesino en masa, de genocida.

No me siento orgulloso de los caribes pero sí de los otomacos, de quienes quizás desciendan los yanomamis.


 

Twitter: @LeoSilvaBe

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