viernes, 31 de agosto de 2012

Seguro y Reaseguro: La Verdad, Parte II




Ya en un anterior artículo expliqué la definición de la actividad aseguradora como de carácter eminentemente internacional que se rige -no sólo por los grandes números- sino por el llamado Principio de la Dispersión del Riesgo, que significa que las pérdidas de todo siniestro se atomizan en todo el sistema asegurador mundial de manera que un solo ente jamás se verá afectado en su salud financiera por un siniestro, esto es, si el reaseguro está bien suscrito. El sistema está diseñado para que funcione, no es el caso de las famosas pirámides para hacerse millonario. Expliqué cómo en una progresión exponencial, el número de reaseguradores y retrocesionarios crece en la distribución del riesgo: si el asegurador tiene 10 reaseguradores y estos a su vez 10 retrocesionarios cada uno, ya podemos ver que 100 compañías pueden verse envueltas en una colocación. Y si estos retrocesionarios a su vez colocan con 10 más cada uno, tenemos que en un tercer nivel de retroceso del riesgo, 1.000 empresas ya estarían participando. Y así continúa la progresión.

Por los montos en cuestión y por la especialidad del riesgo, los reaseguros industriales petroleros requieren someterse al régimen descrito, no hacerlo contrariaría los principios generales y fundamentales del Seguro. Por lo demás, no existe un solo reasegurador en el mundo que tenga la capacidad en sus contratos para asumir individualmente la suma reasegurada de la refinería de Amuay. El sistema está diseñado para que las pérdidas se distribuyan en todos sus participantes con cantidades pequeñas y para que las mismas se recuperen con ajustes de primas en un plazo de varios años (Payback o Período de Recuperación). Nadie pierde si la contratación fue bien hecha.

Ahora bien, abordaré la materia relacionada con el manejo del seguro directo y su relación con el reaseguro, bajo la existencia o ausencia de la Cláusula de Control de Siniestros, en la que el derecho a manejar el siniestro es cedido al reasegurador.

Para suscribir un seguro de cualquier índole se requiere una inspección previa que pasa a formar parte del contrato. Todos hemos llevado el carro para estos efectos o nos hemos sometido a un exámen médico para un seguro de vida. En esta inspección se define la naturaleza del riesgo y el estado de la cosa. En el extremo, podría determinar que el bien no es asegurable. De ella se pueden derivar recomendaciones del profesional inspector para protección del riesgo asegurable, que también serán condición obligatoria del contrato. Esto es especialmente cierto en los Ramos Técnicos e Ingeniería, caso de la industria petrolera. Además, se estipula en los contratos del seguro directo y de reaseguro, la realización de inspecciones periódicas que también pasan a ser parte del contrato y tienen carácter vinculante. Estas sirven dos propósitos: la verificación de que se mantiene la integridad de la cosa asegurada (principio de seguro y obligación principal del asegurado) y de que se mantienen los estándares para su preservación, como es el caso de los procedimientos de mantenimiento e -incluso- de los operativos. También de estas pueden generarse recomendaciones con efectos vinculantes.


La importancia de las inspecciones descritas se hace patente a la hora de un siniestro. Por ejemplo, si se detectaron fallas que no fueron corregidas oportunamente (que también podrían ser causa de la revocatoria del contrato de seguro directo si no se ejecutan en el plazo prescrito), podría haber lugar a un rechazo de la reclamación. Y se puede tener la absoluta seguridad de que estas inspecciones se han realizado en la industria petrolera venezolana pues son condición insoslayable para la existencia del contrato de seguro, impedirlas conduciría a la anulación de las pólizas o a que el reasegurador cancele el contrato, lo que equivale a que no exista seguro pues el asegurador no tendrá la capacidad financiera para amparar una eventual pérdida.

No conozco las condiciones particulares (todo contrato de seguro tiene Condiciones Generales y Condiciones Particulares) del seguro de Amuay. Pero puedo generalizar diciendo que la negligencia e impericia podrían estar cubiertas en algunos casos, en especial, de empleados bajos, así como los daños maliciosos (en Seguro cualquier condición lícita -por descabellada que parezca- puede estipularse si se paga la prima). Sin embargo, bajo ninguna circunstancia estarán cubiertas las pérdidas a consecuencia de incumplimiento de los protocolos de mantenimiento, de los procedimientos operativos (que como dije, ambos pasan a ser parte de las condiciones particulares del contrato) ni de las recomendaciones originadas en las inspecciones de riesgo previas y periódicas. Y estas condiciones que cito, incluyendo inspecciones, con absoluta seguridad, existen y se hicieron en Amuay. Todos los reaseguradores del planeta que participan tienen copias. La verdad contenida en ellas es inocultable y eventualmente aflorará. (Ya se ha reportado la filtración de algunos de estos informes a la prensa).

Las inspecciones, así como las investigaciones y ajustes de pérdidas en esta materia son realizadas por expertos internacionales de múltiples disciplinas, de primera línea, que son vitales para la mera existencia del sistema, que no son manipulables ni sobornables y que forman parte de firmas generalmente de trayectoria de antigua data, cuyo número puede contarse con los dedos. Los reaseguradores ni contratarán ni aceptarán la contratación de firmas distintas a estas que tengan sede en Zimbabwe o en Papua u otro rincón desconocido.

Así que reitero lo sostenido en el escrito anterior: la única manera de ocultar la verdad es renunciar a la indemnización, la cual no es sólo un derecho del Estado, sino que su gestión es la obligación de todo funcionario público con bienes nacionales a su cuidado.


Twitter: @LeoSilvaBe

Voluntad Impopular



No es nada sorprendente la reciente prohibición de la publicidad del partido Voluntad Popular por parte del impoluto y neutral CNE. Independientemente del hecho de que esta tan sólo representa la realidad que vivimos todos los venezolanos que carecemos del privilegio de escolta, de que ya unas 200.000 madres han pasado por el trance descrito en ella, y de que no es -de acuerdo a la definición- publicidad electoral de un candidato; lo más grave es que demuestra el descenso del organismo electoral desde su majestad de árbitro electoral y poder independiente del Estado a vil censor del gobierno. El CNE ya no actúa como un ministerio como sostienen algunos, sino como una oficina de segunda importancia del Ministerio de Relaciones Interiores, pues la censura es conducida por dependencias de esa jerarquía. Para descender más, sus funcionarios tendrían que ir a dirigir el tránsito en la avenidas del país.

El árbitro independiente actuó resonando por simpatía con la denuncia introducida por la diputada oficialista Blanca Eckout, quien acudió ante aquel con argumentos como: “es siembra de odio, representa un culto a la muerte, llama a la división, no puede ser que se exalte la muerte de esa manera...”. Y lo hizo de forma muy expedita, en menos de 24 horas la cuña estaba fuera del aire.

Los argumentos de la Eckout -sin la menor duda- se inscriben dentro de lo que la Psiquiatría define como Proyección Identificativa. En efecto, todos estamos ya curtidos ante el concepto Muerte, no sólo porque nos están matando como moscas en un país que tiene 14,5 veces la tasa de homicidios de EUA (considerado país violento entre los desarrollados), 94 veces la de España, y el triple que la de México y Brasil, de hecho, la tercera más elevada del planeta; sino porque el oficialismo, comenzando por su máximo líder, a hecho de la muerte el leit motiv de la revolución: “Patria, socialismo o muerte, esta revolución es armada y la defenderemos con sangre (¿de quién?), si ganan tomaremos los fusiles rodilla en tierra (¿para qué?), soy yo o la guerra (guerra y muerte son sinónimos)”. La proyección es la atribución de lo propio a otros. Esto lo conoce muy bien el psiquiatra Jorge Rodríguez quien -no obstante- incurre en la misma proyección con los mismos argumentos de la diputada, agregando la palabra más técnica “necrofilia”, lo que queda comprobado con los argumentos defensivos de Carlos Vechio, representante de Voluntad Popular: Rodríguez no puede hablar de necrofilia cuando en el último semestre ha habido en Caracas 2.800 asesinatos, 2.000 de ellos en Libertador, donde él es alcalde.

La verdad es que más allá de lo que señalo, la medida del CNE es irrelevante en la era de Internet, YouTube, Twitter, Celulares, etc.. El video está disponible en la Web para un altísimo porcentaje de la Humanidad. Por otra parte, no hay manera de velar la realidad, de tapar los hechos. A todos nos han matado a un pariente o a un amigo. Llamar al odio es permitirlo, no denunciarlo; es dirigir la mirada hacia otro lado, lo que -además- no elimina ni resuelve el problema.

Por cierto, cuando la Eckhout hizo la denuncia como un llamado al odio y a la división, también denunció sin pruebas algo sumamente grave: “la tragedia de Amuay fue sabotaje de la derecha” (es decir, la Oposición; aunque nunca he sido de derecha me meten en ese pote). A todas luces, es difícil pensar en una peor y más efectiva maniobra dirigida a fomentar el odio entre hermanos que acusar a uno de ellos -además sin pruebas- de que es culpable de un terrible crimen contra la familia. Lo hizo Milosevic en Yugoslavia y también Hitler con el incendio del Reichstag (edificio del Parlamento), por ejemplo, el cual mandó a quemar para acusar a los comunistas y opositores del delito, luego solicitar poderes especiales al parlamento que le permitieron perseguir a sus adversarios, comunistas y no comunistas, y consolidar definitivamente su dictadura. De hecho, Hitler demostró que el odio y la división derivada de este, son una excelente fórmula para acaparar el poder, cosa que aprendió de los soviéticos y el terrible Stalin, cariñosamente conocido como Koba.

Para cerrar, usando el estilo del nuevo Castellano al cual son tan afectos los funcionarios revolucionarios, me atrevo a hablar por mis compatriotas cuando digo “venezolanos y venezolanas, electores y electoras, estamos muy contentos y contentas pues aunque nos sentimos atropellados y atropelladas, la decisión de los funcionarios y funcionarias del CNE demuestra la desesperación de un régimen que impone su voluntad impopular en un pueblo al que con ella convence cada día más de cuánto lo desprecian”.

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jueves, 30 de agosto de 2012

Ellos También lo Hicieron




Hoy me ocuparé brevemente de uno de los más grandes filósofos y pensadores que ha conocido la Humanidad: San Agustín, el africano de Tagaste (hoy Argelia). Muchas circunstancias de la revolución me han hecho pensar en su libro autobiográfico “Confesiones”, y no me refiero sólo a lo que sería obvio: su famosa lucha contra la concupiscencia que no es sólo relacionada con el placer carnal sino con la excesiva inclinación por los bienes materiales y la acumulación de riqueza, sino a otros aspectos de su visión del mundo y la moral. Para Venezuela la concupiscencia de los líderes revolucionarios ya es proverbial.


Antes de hacerse cristiano católico tardíamente, en sus treintas, San Agustín consideró durante algunos años adherirse a la religión del persa Manes (Mani), el maniqueísmo, de raíces zoroástricas, y participó en numerosas reuniones con sus seguidores. Sabemos que esta religión veía al mundo como un enfrentamiento entre dos principios fundamentales: el Bien y el Mal, como una escisión entre lo bueno y lo malo. Y esta es la visión del Universo que tiene toda revolución política, como la bolivariana. Ella representa lo bueno, mientras que todo lo anterior y lo distinto a esta, lo malo. Es claro que no lo satisfizo el maniqueísmo en su búsqueda y abrazó el catolicismo en el que ascendió a las más altas jerarquías llegando a ser Obispo de Hiponia. Hoy sabemos que el Bien y el Mal son dos aspectos entrelazados de una sola realidad.
Cuando a un revolucionario de cualquier nivel se le señalan hechos notorios e indefendibles como la corrupción, la represión, la persecución, los atentados contra la libertad de expresión e -incluso- la tortura y los asesinatos, la respuesta casi invariable es “ellos también lo hicieron, ellos también mataron, ellos también robaron, ellos también torturaron, ellos también...”. Jamás escuchamos “no lo hacemos, no robamos, no matamos, no perseguimos, no censuramos, no torturamos”, sino que en el colmo de la impudicia y la sinvergüenzura, se refugian en la comisión de las transgresiones por parte de sus predecesores como justificación a sus desmanes. La verdad, entendería el uso de esta “defensa” (que no es tal pues constituye confesión) hasta hace 1.600 años, cuando San Agustín reflexionó sobre el tema. Su opinión la resumiré en su frase “el pecado de otro no justifica mi pecado”. Y si no lo hubiera dicho él, creo que es de elemental sentido ético-moral. El uso de este alegato es -sencillamente- abyecto y escandaloso.

Por favor hermano, no digas “ellos también lo hicieron”, ¿no es mejor para todos, en especial para ti, que simplemente no lo hagas?

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miércoles, 29 de agosto de 2012

Ana Karina Rote: ¡Heil!





Ana karina rote amucón papororo itoto mantó”
Grito de guerra caribe

Cuando en 1998 escuché al entonces candidato de la revolución proferir ese grito en sus mítines en un aparente llamado de lucha que exaltaba a la multitud, me horroricé. Pensé en dos posibilidades: o no sabe lo que significa, o sí lo sabe y -en consecuencia- comporta una terrible amenaza. Aunque existe una especie de orgullo nacionalista en el venezolano por tan infame consigna indígena, para mí es expresión de oprobio y depravación, motivo de vergüenza. Hoy el asesinato de 80 yanomamis presuntamente a manos de garimpeiros me la trae a la memoria.

Cuando leí hace 30 años el clásico fundamental “El Orinoco Defendido e Ilustrado” del padre Gumilla, recuento de sus exploraciones en nuestras latitudes escrito hace 300 años, aprendí el significado de tal frase cuya traducción es “sólo los caribes somos gente, los demás son nuestros esclavos”. Gumilla describe en su obra cómo los guerreros caribes la gritaban al atacar a otras tribus originarias de América, a sus hermanos, para asesinarlos y secuestrar a los más aptos para la esclavitud.

Narra el sacerdote que los demás indígenas abandonaban sus poblados y huían cuando en la distancia escuchaban a aquellos expertos navegantes que lo gritaban mientras remontaban los ríos remando en sus embarcaciones. Aunque esto no lo menciona, es ampliamente conocido que a su son, los nativos de las islas antillanas hasta Santo Domingo fueron sometidos y conquistados.

Sin embargo, en su amena prosa, refiere el jesuita que existía un pueblo aborigen que no se doblegaba ante los genocidas caribes, y que muy por el contrario, los ponían en retirada, al punto de que eventualmente se abstenían de atacarlos: los otomacos. Los describía como gente no dada a la guerra pero de gran fortaleza. Con aptitudes físicas excepcionales que cultivaban con una alimentación sana de productos como los huevos y carne de tortuga teracayas y carne de manatí, además de la práctica deportiva diaria de un juego de pelota en el que participaban hombres y mujeres. Para este juego confeccionaban un balón agregando capas de caucho explotado en la selva. En él estaba prohibido el uso de manos, sólo del torso, piernas, pies y hombros.


Pero me disgrego, volviendo al tema, afirma Gumilla que los caribes eran socios de los holandeses en el negocio de la trata de esclavos. A las víctimas capturadas las vendían a estos clientes que tenían su base de operaciones en las guayanas. Y no es él el único autor que describe este comercio, ampliamente documentado en la literatura histórica. En pocas palabras, los caribes eran esclavistas. Además, diversos autores les han atribuido la práctica de la antropofagia, pero -sea esto cierto o falso- no es el tema central que me ocupa.

Aníbal Nazoa, hombre de honestidad moral e intelectual infinitas así como de bondad ilimitada, hoy convertido en uno de los iconos de esta revolución pues era comunista, me ayudó a memorizar “ana karina rote amucón papororo itoto mantó”: me la escribió hace 26 años en un papelito que siempre llevé en mi cartera para recordarme su vergonzoso y depravado significado. A él le repugnaba -quizás- más que a mí. Pero está claro, Aníbal fue uno de los hombres más cultos que he conocido. Además de amarlo, siempre lo admiré.

El grito “sólo los caribes somos gente y los demás nuestros esclavos” revela dos aspectos de una postura: la supuesta supremacía racial anticipada a la del nazismo por muchos siglos, que no le reconocía condición humana a otros, y desprecio por la libertad y la vida de los hermanos. No solamente asesinaban a los no aptos para la esclavitud, sino que los que eran efectivamente vendidos a los holandeses morían en altísimas proporciones, en consecuencia, también es de asesino en masa, de genocida.

No me siento orgulloso de los caribes pero sí de los otomacos, de quienes quizás desciendan los yanomamis.


 

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La Madre

Por Leonardo Silva Beauregard

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La reiterada sentencia de nuestro líder en cuarteles y mítines “la revolución es la madre que pare, es el vientre mismo”, a veces acompañada con canciones panfletarias desentonadas de pésimo gusto y otras consignas, me ha hecho reflexionar sobre el concepto que este y sus acólitos tienen de la Madre en el que veo contradicciones (muy frecuentes en estos sujetos) desde la perspectiva de la simbología arquetípica, por lo menos. Reflexión que someto a los expertos para que me orienten:


En uno de sus libros fundamentales, “Cuatro Arquetipos”, el gran psiquiatra y pensador del siglo XX Carl Gustav Jung, analiza el arquetipo La Madre, que por razones obvias es uno de los de más profunda y antigua implantación en el el Inconsciente Colectivo del Ser Humano. Define como símbolos de este arquetipo, entre otros, a la Iglesia Católica (que ya en interpretaciones de la alegoría del Cantar de los Cantares de la Biblia es definida como mujer: esposa de Dios) y a La Virgen María, la madre Dios (con cuya figura la Iglesia se identifica).

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Por una parte, sabemos que el líder se ha referido en múltiples ocasiones a la Iglesia calificándola de “tumor”, esto es, antes de enfermarse, pues parece ser que su terrible enfermedad le ha llevado a revisar esta opinión para acudir a ella suplicando su milagrosa ayuda. Pero detengámonos aquí un momento. Un arquetipo es una figura o símbolo primordial que ha pasado a formar parte del inconsciente colectivo y que es común a toda la Humanidad. Por lo tanto, todo humano, aun sin saberlo, conoce su significado. Esto quiere decir que sin tener conciencia de ello, sabe que la Iglesia representa la maternidad, a La Gran Madre. Por supuesto, este símbolo está vinculado a la Madre Tierra y la fertilidad, a través de otros arquetipos como Deméter, Cibeles y Gea, que tienen a su vez orígenes en las venus del Paleolítico y Neolítico, como también a la Madre Patria (aunque esta palabra viene de “pater”, padre) o país. En consecuencia, al llamar tumor a la Iglesia, llama tumor a la Madre, a la Tierra, a la Patria y al país.

 




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Por otra, la Virgen pertenece a la misma categoría de arquetipo. De hecho, en el monoteísmo la Virgen tomó el lugar de las deidades antiguas que en el politeísmo representaban a la maternidad, la fertilidad (que viene siendo lo mismo) y al planeta, y desde entonces ya formaban parte del Inconsciente Colectivo. Como he dicho, aunque una persona no lo sepa conscientemente, inconscientemente sí sabe que ella también representa la maternidad, es la Madre. De manera que quienes profanan su imagen, la decapitan, se masturban colectivamente ante y eyaculan sobre ella como sucedió en Plaza Altamira y otros sitios, violan a la Madre. El coito con la madre simbolizado en esos actos -desde las sociedades nómadas más primitivas- es considerado un tabú por las implicaciones, aun de orden biológico (in-breeding, p.e.), que tiene. En mi particular opinión es contranatura, y revela odio hacia y -quizás- ausencia de la figura materna en estos individuos, lo que se extiende a otros símbolos de la Gran Madre, como el país. Sin embargo, no puedo evitar pensar en el ritual de fertilidad de ciertas tribus primitivas africanas en el que los hombres se masturban colectivamente y depositan el semen -su semilla- en la tierra al comenzar la época de siembra. Pero en la Plaza Altamira no iban a sembrar otra cosa que muerte, como los actos del asesino Joao Gouveia demostraron.



Sin emprender profundamente esta avenida, no dejaré de mencionar que es de conocimiento público que el Comandante ha manifestado que la relación con su madre siempre fue tormentosa, e incluso, llegó a ser inexistente por mucho tiempo. Posiblemente a consecuencia de que a muy temprana edad lo entregara a la abuela para que lo criara. Es cierto que la abuela también es una figura materna, y de hecho él ha confesado amarla como su verdadera madre, pero sin duda aquella separación ha debido ser -cuando menos- muy dolorosa y traumática, y quizás sea la causa de su mala relación con su madre biológica. Me atrevo a especular acerca de si su mala relación con su madre se reflejó en las que tuvo con otras madres: sus esposas. También me pregunto si el odio que ha manifestado hacia la figura maternal de la Iglesia y hacia otros que piensan diferente o considera culpables de los males de la Humanidad, se relacione con este hecho. Y pienso que quien odie a la Madre, necesariamente odia a la Patria, que es madre y mujer. 


Toda Madre es -ante todo- mujer... Como ya dije, ha habido casos de violencia -por lo menos verbal- hacia otras madres, que son mujeres. Pero no son casos aislados. Han sido públicas y en cadena nacional sus agresiones hacia otras mujeres, como Andreína Flores, María Corina Machado, Condoleezza Rice a quienes preludiando con un “no las voy a ofender porque son unas damas” las ha azotado con huracanes de insultos tocando incluso su feminidad, que por supuesto en toda mujer se relaciona con la fertilidad y la maternidad directamente, haya o no concebido. Y me viene a la memoria un episodio que -disfrazado de chiste- revela una agresión a la esposa: "esta noche te doy lo tuyo". Bueno, pero parece que me estoy metiendo en profundidades; es un caso que dejo para que lo analicen los expertos y el lector saque sus conclusiones.



Así que tenemos claro que tanto la Iglesia, la Virgen, la Tierra, la Patria y el país son la Madre. Por lo tanto, permítanme plantear algunos silogismos:
1) Premisa mayor: la Iglesia es la Madre; premisa menor: la Iglesia es un tumor; conclusión: la Madre es un tumor.
2) La Madre es un tumor; la Madre es la Patria; conclusión: la Patria en un tumor.
3) la Virgen es la Madre; violaron a la Virgen; conclusión: violaron a la Madre;
4) la Patria es la Madre; violaron a la Madre; conclusión: violaron a la Patria.
5) todas las madres son la Madre; la Madre es un tumor, y fue decapitada y violada; conclusión, todas las madres son tumores, y fueron decapitadas y violadas.
6) La Madre es mujer; la Madre es un tumor; conclusión: la mujer es un tumor.
Si aceptamos que la revolución es la Madre, luego:
7) La revolución es la Madre; la Madre es un tumor; conclusión: la revolución es un tumor.
Por último, decapitar necesariamente es matar:
8) La Virgen es la Madre, la Patria (y -dice él- la revolución); decapitaron a la Virgen; conclusión: decapitaron a la Madre, a la Patria (y a la revolución si esta fuere la Madre).
Este último parece absurdo pero no olvidemos la condición autodestructiva de toda personalidad destructiva, ya mencionada en “Guerra y Enemigo”. Por lo demás, estoy consciente de que hasta la Lógica Formal tiene sus limitaciones para abordar y descifrar los misterios de la mente humana. Aunque pueden imputarme que tengo una grave confusión mental, creo que quien la padece es otro. Me arriesgo a decir que hay alguien con graves problemas con la figura de la Madre (y de la mujer en general) y se contradice cuando le asigna ese símbolo -en una posible sustitución- a su pretendida obra


Voy a hacer una última consideración ya no en calidad de duda ni relacionada con la simbología: Si la revolución en verdad fuera la Madre, habría que concluir que se trata de una madre terriblemente asesina, filicida. En la Unión Soviética exterminó a no menos de 20 millones de hijos, hay autores que sostienen que fueron más de 40 millones; en China se estiman 45 millones de aniquilados, la Humanidad conoce la obra de la infame Revolución Cultural; en Camboya más de 4 millones; en Cuba, sólo en fusilamientos, se le acreditan 150.000; en Corea del Norte millones han muerto de hambre nada más; a lo largo y ancho de África, ni hablar; y en Venezuela -apartando a los asesinados en 1992, en Puente Llaguno, en la Plaza Altamira y a Franklin Brito- ya tenemos 135.000 difuntos a manos del hampa por incremento en la incidencia de homicidios. En Estados Unidos de América se han dado casos de madres asesinas, incluso seriales. Y en el Reino Animal se conocen casos de hembras de algunas especies que en situaciones excepcionales llegan a matar a sus crías. No obstante, no es la regla que la madre cometa filicidio. Sin embargo, aquí estamos ante una asesina en masa de hijos que le disputa el primer lugar como genocida a Hitler. Así que me niego a aceptar que esta sin igual asesina sea la Madre.

Madre hay una sola, si es como esta, menos mal. 

Twitter: @LeoSilvaBe

martes, 28 de agosto de 2012

La Función Debe Continuar




Comenzaré por manifestar mi pésame a los deudos de las víctimas en la tragedia de la refinería de Amuay, que en el fondo, son todos los venezolanos.

No tengo elementos de juicio para pronunciarme sobre las causas de la explosión en una de las instalaciones de refinación de petróleo más grandes del mundo. Pero tampoco voy a ignorar las reiteradas declaraciones de expertos petroleros durante años en el sentido de que la planta industrial de PDVSA ha sufrido un dramático deterioro debido a tres principales causas: falta de mantenimiento, falta de inversión y la ausencia de los 20.000 técnicos y gerentes capacitados abruptamente despedidos en 2002, que constituían la columna vertebral y el know how de PDVSA, el cual era considerado de los primeros del planeta; ni los los anuncios de alarma de tales expertos que advirtieron la altísima probabilidad de que una catástrofe ocurriera, acompañados con datos acerca del aumento en la tasa de accidentes en la industria, con un saldo importante de muertes y daños ecológicos previos al nuevo accidente. Han denunciado el incumplimiento relativo y en algunos casos absoluto de los programas de mantenimiento. Y todos sabemos que de ser una compañía de elevadísima especialización y competencia, pasó a practicar negocios tan diversos como la distribución de alimentos y la construcción.



De manera que no me concentraré en los aspectos técnicos en los que pudiera hallarse la causa del siniestro sino en las reacciones del líder y el gobierno pues las encuentro peculiares.

En primer lugar, llamó poderosamente la atenciòn que el jefe de estado no apareció ante el país ni en el lugar de los acontecimientos sino hasta transcurridos casi dos días (40 horas) del evento. Sólo hizo una llamada relefónica hacia el medio día del Sábado con voz que sonaba congestionada. Como sustitutos hicieron acto de presencia –además de la gobernadora del estado Falcón- el Vicepresidente Elías Jaua y el ministro de energía y presidente de PDVSA Rafael Ramírez. Estos funcionarios, en compañía de un grupo de vecinos de las zonas pobladas afectadas que se deshicieron en elogios y agradecimientos al líder por la atención prestada ante el suceso (!?), pronunciaron frases como: “dentro de dos días la refinería reanudará operaciones (una imposibilidad técnica absoluta)… No se afectará el suministro de gasolina” dijo Ramírez (a pesar de que se informaba la destrucción del 50% de la planta que producía casi toda la gasolina del país y de exportación, 600.000 barriles diarios); “en el pasado no se hacía esto” dijo Jaua refiriéndose a la respuesta eficiente del gobierno (sin mencionar de que en pasado jamás sucedió “esto”, un siniestro de esta naturaleza y magnitud); y “por algo bueno pasó” declaró la gobernadora, última esta que me abstendré de comentar.

Por fin, 40 horas después del suceso, apareció el líder para manifestar su dolor e informar en una cadena de TV en la cual, además de las justificaciones y consignas, resaltó un encuentro con la corresponsal de RCN de Colombia. Cuando la dama preguntó al candidato a la cuarta reelección acerca del olor a gas en los días previos que denunciaron los propios vecinos, junto con los saqueos posteriores que -incluso en las anteriores emisiones televisadas oficiales- también habían sido denunciados, éste respondió displicente y despreciativamente ¡con risas y carcajadas! que era imposible que tales cosas hubieran sucedido, atropellándola con palabras y gestos. (¡¿Risas en tan grave situación?!). La verdad, sin ser semiólogo pienso que no hubo concordancia entre el mensaje en las palabras de pena del contristado gobernante y el metamensaje patentemente jocoso expresado con sus gestos y actitud.

Luego, en la noche, además de una misa católica con la plana mayor del gobierno y la FAN (hecho interesante tomando en cuenta que esa Iglesia ha sido calificada de “tumor” por el jefe de Estado), se hizo un acto de celebración de los actos de heroísmo de los militares que participaron enfrentando los hechos y en los rescates de víctimas. Hubo palabras de reconocimiento y aplausos emocionados, ¡una celebración antes de que los cadáveres de las víctimas se enfriaran y los quemados terminaran de llegar a los hospitales!, con la imposición de condecoraciones a los héroes. Y me pregunto, ¿en qué momento se hicieron las investigaciones y procedimientos que concluyeron en tales premiaciones como se hace en todos los países del mundo? No cuestiono que premien el valor, pero esas ceremonias –en medio del sufrimiento humano- pueden hacerse en privado, máxime si hay manifestaciones de júbilo como el aplauso. De nuevo, incongruencia entre el mensaje luctuoso y el metamensaje de júbilo; palabra ésta que en un rendimiento fallido freudiano, usó la periodista del canal del Estado cuando anunció el decreto presidencial de tres días de “júbilo”, cuando debió decir “duelo”. Según Freud, estos actos revelan –en una suerte de traición del inconsciente- la realidad interna del individuo.

Después vinieron las nada sorprendentes acusaciones contra la Oposición, también conocida bajo los alias “derecha fascista” y “burguesía”. No solamente se le imputa el tratar de aprovechar la tragedia con fines electorales, sino que hasta sugieren que la causó con sabotaje: “Ojalá haya sido un evento fortuito y no causado por manos criminales” declaró Diosdado Cabello. Lo primero, no obstante que desde un comienzo, las transmisiones oficiales con afectados desde el sitio del suceso contenían un sin fin de alabanzas y loas al candidato del gobierno y toda clase de consignas políticas gobierneras; transmisiones que culminaron con una cadena en la noche del Lunes puramente publicitaria, en la que este aparece abrazando sobrevivientes solidario con su dolor. Lo segundo, sin tomar en cuenta que hay indicios vehementes de que la negligencia pudo ser la causa, lo que comportaría responsabilidad penal por dolo eventual.

Ha habido contradicciones entre los voceros del gobierno, mientras unos señalan cifras de fallecidos y desaparecidos, otros proporcionan escrutinios distintos, o, como en el caso de la Fiscal, afirman que no existen desaparecidos. Ramírez declaró que el fuego estaba bajo control mientras ardían dos tanques de combustible, pero tan solo unas horas después, otro tanque se incendió (hoy el fuego está extinguido). Y claro está, su promesa de que la refinería entraría en funcionamiento a los tres días de la catástrofe, aparentemente no será cumplida.

En todo caso, sea hecho fortuito o accidente por negligencia, lo evidente es que el manejo del evento a posteriori por parte del régimen emite un mensaje –cuando menos- inquietante y quizás indignante, aun para sus seguidores, pues de lo que no hay duda es que desde todo punto de vista, humano y material, Venezuela entera es doliente en este terrible acontecimiento.

“La función debe continuar”, frase pronunciada por el líder con motivo de esta tragedia, extrañamente traducción del Inglés “the show must go on”, que es un icono de la cultura yanqui tan odiada por él, se originó en el mundo del circo en el siglo XIX de donde fue adoptada por el teatro norteamericano. Quizás fue la más apropiada para el circo que montó con nuestro dolor y temor, y la tragicomedia que ha vivido Venezuela en los últimos años. No fue, como él afirma, producto del pensamiento de un filósofo, a menos que éste tuviera la nariz grande, roja y redonda, y se llamara Fofó.

Seguro-Reaseguro: La Verdad



Con relación a la espantosa tragedia de Amuay, la Fiscal General expresó que no habría investigación de organismos internacionales independientes, pero debe referirse solamente al aspecto criminalístico-penal del accidente. El que no haya investigadores ajenos al gobierno haría dudar a los más suspicaces de la fiabilidad de las pesquisas. Sin embargo, por ley, hay seguros suscritos con sus correspondientes reaseguros distribuidos por todo el orbe y toda reclamación de seguros es investigada.

La investigación de todo siniestro exige la participación de investigadores altamente especializados, ajustadores de pérdidas, que no son muchos en el área de la industria petrolera, profesionales de quienes se conocen las credenciales en el mercado asegurador mundial y de cuya honestidad la propia existencia del mismo depende. Los reaseguros de este tipo de riesgo suelen tener la cláusula conocida como de Control de Siniestros, en esta se estipula que el pool reasegurador, en cabeza del líder, interviene directamente en la investigación y manejo del siniestro, incluyendo el nombramiento de los ajustadores, asumiendo así este derecho que normalmente es soberano del asegurador. Pero aún sin la existencia de esta cláusula, el asegurador tiene la obligación ante los cesionarios del reaseguro de la mayor diligencia en la investigación, so pena de que los reaseguradores se nieguen al pago en base al contrato. De forma tal, que salvo que el gobierno decida no reclamar la indemnización de las pérdidas, a lo cual está legalmente obligado y que –de hacerlo- constituiría una confesión de culpa, los aseguradores y reaseguradores conocerán las verdaderas causas del siniestro que son inocultables con la tecnología disponible. Y tenga la plena seguridad el lector, el sistema asegurador mundial no es tonto ni manipulable, entre otras cosas porque –bajo el principio de dispersión del riesgo y tratándose posiblemente del más grande siniestro de la Historia en esta industria- decenas, si no cientos de compañías, serán afectadas y tendrán que contribuir al pago de las pérdidas.

Las compañías de seguros se protegen con tres tipos principales de reaseguro: Tratados de Reaseguro Obligatorio o Automático, de Reaseguro Facultativo, y de Cartera. El Obligatorio se contrata para la generalidad de los negocios con sumas aseguradas que van de bajas a moderadas y riesgos “normales”, como Incendio y Terremoto de viviendas y comercio, por ejemplo. Los topes de suma asegurada (reasegurable) constituyen lo que se conoce como Capacidad de los Contratos. En esta modalidad el asegurador está siempre obligado a ceder y el pool reasegurador de los contratos a aceptar. El Facultativo generalmente se utiliza para riesgos de características especiales por su naturaleza y monto, como los grandes riesgos industriales. En estos seguros el asegurador tiene la facultad (discreción) de ceder y el asegurador la de aceptar. Por lo general, en especial en riesgos especializados y de elevado monto asegurado, participan varios reaseguradores en un pool del cual uno funge de líder. Los de Cartera cubren la totalidad de la cartera de la empresa (retenciones de la compañía) ante la eventualidad catastrófica por fenómenos naturales como terremotos y huracanes, o desviaciones anormales de la siniestralidad; son los Excesos de Pérdidas, Stop Loss, etc.. Existen variedades mixtas de los anteriores, como Facultativos-Obligatorios, Open Cover, etc.. Los reaseguros que amparan la industria petrolera son de tipo facultativo, lo que no obsta para que un asegurador se reserve una mínima fracción del riesgo conocida como retención y coloque en sus contratos automáticos.


Lo anterior conduce a la conclusión de que la compañía aseguradora (o pool de coaseguradoras) no decide el manejo del siniestro si hay Cláusula de Control y -aún si lo hicieren pues no la hay- debe hacerlo en total coordinación con el líder reasegurador cuyos intereses tiene que defender como el mejor padre de familia. Este líder -a su vez- le rinde cuentas a sus coreaseguradores, estos a sus retrocesionarios, y así sucesivamente. La práctica es que los aseguradores en acuerdo con los reaseguradores designan los ajustadores de pérdidas que conducirán la investigación, quiénes -a su vez- contratan especialistas (ingenieros, químicos, detectives, contables, etc.). De manera que tantas compañías y personas intervienen en el proceso, que es imposible manipular las investigaciones para eludir la verdad. Y la única forma de evitar la investigación independiente es renunciar a la indemnización, lo que violaría la Ley.

Leonardo Silva Beauregard

@LeoSilvaBe


sábado, 25 de agosto de 2012

Gasto Socialista


por Leonardo Silva Beauregard

En estos días de comunicación de masas no podemos seguir desoyendo las necesidades de nuestros semejantes ya que ignorarlas sería suicida”.
Rollo May
Esto es socialismo, ayudar a los que necesitan”.
Hugo Chávez Frías

En uno de sus “Viernes Económicos”, nuestro líder vistiendo cachucha de catedrático de Economía después de quitarse la de filósofo y antes la de historiador que ya había reemplazado a la de abogado, nos contó orgulloso cómo durante su gobierno se había destinado la astronómica suma de 600 mil millones de dólares (US $ 600.000.000.000; siempre me intriga por qué usa la denominación monetaria del Imperio y no nos habla en rublos o ruanes) a Gasto Corriente incluyendo “Gasto Social”. Es decir, del billón y medio de dólares(1) (un billón de los de verdad, no el billón de los norteamericanos, un millón y medio de millones) que le ha ingresado a su gobierno, ¡el 40% lo echó fondo perdido, o sea, “nos lo comimos”! (claro, unos comieron demasiado mientras otros no han comido todavía).

Nadie niega la necesidad de lo que en la Democracia se conocían como “programas sociales” ahora denominados “misiones”. Es indispensable destinar parte de los ingresos para resolver las necesidades más inmediatas de los menos favorecidos. Incluso por propia supervivencia como indica la cita de May. El gasto en áreas como alimentación, vivienda, salud, educación y seguridad es fundamental e impostergable. Sin embargo, habiendo gastado $ 21.400 dólares por cada venezolano, todavía el gobierno reconoce que 400.000 almas van a dormir sin comer todos los días.

Y es que el Gasto Social -de corte eminentemente cortoplacista pues sólo cumple la función de resolver problemas de imendiatos que requerirán solución definitiva- debe acompañarse de planes de inversión verdaderamente efectivos, no sólo promesas y proyectos inconclusos, que conduzcan al desarrollo económico a largo plazo y haga menos nesario incurrir en un gasto de tal magnitud. El Gasto Social es un paliativo no una cura. Pero el populismo cuesta dinero. No sólo se sostiene con la división y el odio. Necesita combustible para arder. El fanático debe ser recompensado o mejor, ilusionado con la ficción de bienestar: requiere mendrugos para que tolere las fallas eléctricas, la corrupción de sus líderes, la inflación, ser asesinado en la calle y todas las demás plagas.

No quiero ni imaginar qué le harían sus hijos al padre, al “Bolívar este”, si se desplomaran los precios del petróleo -como me enseñaron en la universidad que suele suceder con las materias primas (Comodities) según demuestra la experiencia y como sucedió en la década de 1980-, y no pudiera seguir dándoles limosnas. ¿Es ayudar a los pobres otorgarles dádivas en el corto plazo (mientras haya recursos) sin concluir las obras necesarias para garantizarles bienestar en el largo plazo? Como dice el adagio popular, Gasto Social solamente, es “pan para hoy, hambre para mañana”.

Por cierto, en días recientes el líder les ha manifestado a los trabajadores -como los de Guayana- no contar con recursos para pagarles las obligaciones laborales adeudadas desde hace casi tres años. Y ya en algunos mítines ha confesado no poder desarrollar obras por falta de dinero... ¡¿Cómo es posible que tal orgía de millones no haya dado réditos suficientes para pagarles a los trabajadores, ¡al proletariado!?! ¡¿No habíamos quedado en que el Socialismo era la dictadura del proletariado?! Bueno, parece ser que estos proletarios no lo saben o proletario no manda más que soldado

Una última consideración: Echarse encima semejante monto trasciende lo irresponsable y se inscribe dentro de lo criminal e incluso pecaminoso, máxime si tomamos en cuenta que gran parte del gasto ha encontrado camino expedito a los bolsillos de los revolucionarios como consecuencia de las “bien ganadas” comisiones por su lucha reivindicatoria.


(1) Ingreso total en 13 años: Un billón trescientos mil millones ($ 1.300.000.000.000) más ciento noventa y seis mil millones ($ 228.000.000.000 - $ 32.000.000.000 = $ 196.000.000.000) del incremento de la Deuda Externa Total del país= $ 1.496.000.000.000 o $ 1,5 billones.

viernes, 24 de agosto de 2012

Inversión Versus Rendimiento



Por Leonardo Silva Beauregard

Es posible que este escrito no sea más que una perogrullada y que muchos se ofendan por sentirse tratados como ignorantes (que no es mi intención), pero lo hago porque me asombra escuchar del gobierno “hemos invertido en esto, estamos invirtiendo en aquello, invertiremos en lo otro” cuando no existe demostración del rendimiento, es decir, del beneficio de tales inversiones ni garantía de que lo tendrán.

Obviamente inversión y rendimiento son conceptos distintos aunque relacionados. El segundo es la consecuencia que se espera y se busca con la primera. El signo positivo o negativo de una inversión depende de su rendimiento: es posible invertir mal o invertir bien. Cuanto mayor es el rendimiento, mejor es la inversión. La califica. Se puede invertir en una compañía que quiebre a los 6 meses o en una próspera, en Enron o en Apple. De manera que afirmar “invertimos tanto dinero en X” no necesariamente significa que se hace bien; de hecho, no significa nada, más allá de que se ha desembolsado una cantidad de dinero y quizás, que el administrador obra con buenos deseos e intenciones.

Por supuesto, debe existir una proporción sana entre el monto de la inversión y su rendimiento o rata de retorno. De ser cuantificable monetariamente, el retorno debe superar el costo del dinero, es decir, los intereses que pagaría el capital invertido (esta consideración es importante puesto que nos hemos endeudado hasta la médula para “invertir”) o el costo de la oportunidad, o sea, el beneficio de haber hecho la operación en otro proyecto (incluso, como haber colocado el dinero en alguna institución financiera o prestado a otro país, por ejemplo). En el extremo, no tiene sentido invertir 100 para obtener 0, o peor -10, es decir, perder o empeorar (¡sí, es posible, ha sucedido con la electricidad y el agua!). Esto sin juzgar si la inversión en determinada empresa es la estrategia conveniente. 

Lógicamente, en materia de políticas públicas no se puede esperar que toda inversión tenga un rendimiento positivo expresado en términos pecuniarios solamente. Existen otros beneficios no directamente mensurables en moneda (aunque indirectamente tengan un efecto sobre el PIB, el ingreso y la calidad de vida, sobre todo en el largo plazo) como es el caso de los que se obtienen en los sectores de Educación, Salud o Seguridad y Defensa, por ejemplo. Pero existen otros índices estadísticos como medida para estos, como de criminalidad, analfabetismo, morbilidad, mortalidad, etc.. 
 
Además de la proporción inversión-rendimiento y las estadísticas, hay otros métodos para medir la calidad de una inversión como los referenciales comparativos. Por ejemplo, en días pasados hemos escuchado con alarma cómo en la más reciente -y esperemos que definitiva- inauguración del hospital Pérez Carreño, se informó al país con orgullo que en él se había invertido $ 50.000.000 a lo largo de los 10 años que se ha llevado la construcción de esa obra todavía no concluida. Pero Carlos Ocariz denunció que el promedio mundial para este tipo de proyecto -incluyendo tanto a países desarrollados y subdesarrollados- de acuerdo a las dimensiones, servicios y número de camas, es de $ 4.000.000, o ¡sólo el 8% de lo que se ha le inyectado hasta ahora! Es decir, el régimen de jacta de haber destinado más de 12,5 veces -1.250%- lo necesario para esa “inversión”. lo que se traduce en que el rendimiento que algún día se obtendría si en efecto se concluye la obra, sería desproporcionadamente bajo o negativo: el rendimiento de un capital hundido (lo que realmente ha debido costar) equivalente a $ 4.000.000  tendría que ser mayor que el costo de $ 50.000.000, o bienes de capital de $ 4.000 millones tendrían que producir el beneficio de $ 50 millones, ya que lo que vale 4 costó 50 (en un análisis de Costo de Oportunidad se podría argumentar -y quizás demostrar- que es preferible colocar tal cantidad de dinero en el banco y pagarle a clínicas privadas con los intereses el tratamiento de los pacientes, por ejemplo. Pero las merecidas comisiones ilícitas que pagan los bancos a los revolucionarios por sus sacrificados servicios al pueblo son muy bajas ).

También hemos visto que declara haber invertido cifras récord en el sector eléctrico, lo cual es cierto. En efecto, en 13 años se dedicaron $ 7.700 millones ($ 2.000 millones desde 2007) al desarrollo de esta infraestructura. Ignoremos el hecho de que los expertos han denunciado sobreprecios del orden de hasta ¡el 60%! en las contrataciones para la adquisición de equipos y de que -por ejemplo- se compraron plantas cubanas de prontísima obsolescencia que ya dejaron de funcionar. Pero lo que sí está demostrado es que el rendimiento de tan formidable esfuerzo para el país ha sido o nulo o negativo, si lo juzgamos por la calidad de un servicio cuya falla total o parcial sufrimos a diario en todo el territorio (me refiero a las fallas que no son atribuibles a iguanas o rabipelados, o a la sequía en el verano o a las lluvias en el invierno, por supuesto).

Por último, como ya dije, se puede invertir y perder, y aún empeorar. Pero además se puede quedar endeudado. En efecto, la Deuda Externa que en 13 años pasó de $ 32.000 millones a $ 228.000 millones (que se sepa) para financiar las “inversiones” y el gasto corriente, que se suma a $ 1,3 billones en ingresos totales (que no bastaron a la voracidad mesiánica delirante) para un total de $ 1,5 billones ($ 50.000 que “recibió” -pero no vio- cada compatriota), nos deja ante la potencial situación de haber perdido lo invertido y quedar hipotecados por generaciones, con un monto que ronda los US $ 30.000 per cápita, para cada venezolano, hombre, mujer y niño; solamente de principal pues también hay que pagar intereses y comisiones de servicio. Y repito: “no tiene sentido invertir 100 para ganar 0 o perder 10”, y -además- quedar endeudado y pagando intereses compuestos por los 100.

En conclusión, no es relevante que un administrador de recursos con bolsillos sin fondo y chequera ilimitada se llene la boca afirmando “invertí tanto aquí o cuanto allá, estoy aprobando una inversión de tanto acá o acullá””, acompañando con el gesto de un plumazo como si estuviera sacando cuentas con cara de sapiencia. Lo importante -más bien- es que explique “cuánto nos beneficiamos o nos ganamos”, qué proyectos en realidad se concluyeron, y efectivamente presente las pruebas del éxito de tales inversiones más allá de las consignas, los mitos y las visiones grandiosas. O como decimos en criollo: que se le vea el queso a la tostada. (Y no sería malo que la explicación abarcara el “beneficio” que obtenemos de los $ 7.000 millones anuales “invertidos” en Cuba y otros “aliados”).

Hay una importante diferencia entre invertir y dilapidar.

Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

jueves, 23 de agosto de 2012

Imperio de la Mentira



Por Leonardo Silva Beauregard

No hay nada más peligroso que la verdad”
Hugo Chávez Frías
El privilegio de la mentira es que siempre vence al que pretende servirse de ella (...) El odio es en sí mismo una mentira (...) No se puede odiar sin mentir”.
Albert Camus

Las citas precedentes parecen hacer innecesario el presente artículo, pero de todas formas procederé a plantear el tema que hoy me ocupa. Como dice el adagio: a confesión de parte relevo de pruebas.  Pasemos por alto el silogismo paradójico subyacente en la cita del gobernante: si nada es más peligroso que la verdad, luego miente, y si miente la misma cita es falsa. Quienes tienen discernimiento están perfectamente conscientes de que el jefe de Estado venezolano hace honor a su propia sentencia, no sólo porque reiteradamente miente sin control, sino porque siempre en misteriosa conjunción con la palabra “amor” (¡que dice cristiano!), manifiesta vehementemente odio a quienes estima son sus adversarios. Hemos escuchado de su boca frases como “yo no soy comunista; yo fui un niño de familia muy pobre (cuando ambos padres eran maestros y uno dirigente político copeyano); si el pueblo me lo pide, renuncio; Cristo era socialista; Bolívar era socialista; yo no acepté la renuncia ni ordené activar el Plan Ávila (aun cuando hay grabaciones de sus órdenes en este sentido el 11-A); alcanzamos la soberanía alimentaria; resolvimos la crisis eléctrica del país; la pobreza se redujo a casi cero; el agua es potable; en Venezuela hay menos crímenes que en EUA; el Capitalismo es la causa de la criminalidad”; además está la retahíla de promesas incumplidas; y un gran etcétera. ¿Pero es la mentira la estrategia adecuada para mantener popularidad en el largo plazo?

Es harto conocido que el político -como el vendedor- recurre frecuentemente a la mentira, suele hacer una venta engañosa. Más aún, la Psicología describe la cualidad de mentiroso verosímil como característica del líder. Sin embargo, la mentira es una estrategia que sólo funciona en el corto plazo; causa fatiga en el receptor. En el caso del vendedor, el consumidor no vuelve a comprar su producto luego de comprobar reiteradamente que la calidad no se corresponde con la foto del paquete. No crea fidelidad hacia la marca. Ya son lugar común las palabras de Abraham Lincoln “se puede engañar a parte del pueblo todo el tiempo y a todo el pueblo parte del tiempo. Pero no a todo el pueblo todo el tiempo”. Y es cierto. Después de escuchar exactamente las mismas mentiras durante más de 14 años, la gente -como mínimo- debe comenzar a tener ligeras sospechas de que le están jugando quiquirigüiqui.

Por ejemplo, entre otras, en días recientes hemos visto tres mentiras importantes: la enésima inauguración del hospital Pérez de León, el cual en realidad no abrió sus puertas, sazonada con la dosis adicional de falsedades en contra de la Alcaldía; a los trabajadores de Guayana les prometió hacer un emporio minero-energético-industrial de su estado (como si eso no lo hubiera hecho ya la Democracia desde hace 50 años) cuando ellos mismos saben que su gobierno lo llevó a la ruina, destruyó las industrias básicas y hasta la planta de tubos con la que les ofreció producir 500.000 tubos petroleros ahora, la paralizó hace 4 años, de manera que los chinos suplen a PDVSA con tales tubos; y la acusación contra los enfermos de cáncer de que son actores en una conspiración mediática para desacreditar al gobierno (que por lo demás no necesita que nadie lo desacredite porque tanto el líder como sus acólitos hacen un excelente trabajo de auto-descrédito). Esta última es particularmente cruel, y sin duda constituye violencia, no solamente por negárseles tratamiento médico sino por la agresión implícita en tal infundio. A estas dolidas almas, además de las colas y humillaciones que sufren para tener tratamiento médico, se les imputa que mienten pues sí reciben la atención adecuada y que las máquinas de terapia son apagadas solamente cuando vienen los medios a informarse. Me resisto a creer que esos seres humanos sufridos, llorosos, suplicantes, sean actores de Hollywood contratados por la “derecha fascista” para fingir. Tengo la plena seguridad de que esos llantos de lamentación y esos clamores desesperados no son una película de ficción, son una espantosa realidad que ningún ser vivo merece vivir.

La mentira finalmente resulta inútil. El pueblo no es tonto, los vecinos de Petare saben exactamente cuál ha sido la gestión de Ocariz y cuál fue la de Rangel, sabe cuántas veces han inaugurado ese hospital y sabe que en realidad es una inauguración ficticia; sabe que esas puertas no están abiertas para atención médica. Los trabajadores guayaneses saben tan bien que los está engañando con su nueva promesa de desarrollo para Guayana y hasta con el pago de sus beneficios laborales que les adeuda desde hace 30 meses, que a gritos le hicieron suspender abruptamente la cadena nacional y abandonar el recinto. Los enfermos, sus amigos, vecinos y parientes saben que han sido abandonados y que se les escapa la vida. Y no hay forma de que ese pueblo se vuelque a votar por quien le miente tan burdamente insultando su humanidad, sensibilidad e inteligencia. En la era de Internet, YouTube, Twitter, etc. nada, ni la mentira y mucho menos la verdad, se pueden ocultar. Esas mentiras -y todas- se las cobrarán en las urnas electorales. Como afirma Camus: la mentira finalmente siempre derrota y destruye al mentiroso. ¿O será que los votos en realidad no le importan porque tiene un plan alterno y sólo le interesa crear un clima nublado con mentiras que genere la ilusión de que está construyendo y todavía cuenta con una mayoría que se beneficia de su obra?


Es idiota creer que los demás son idiotas. La estrategia correcta para relacionarse con otros humanos no es presumirlos imbéciles, sino por el contrario, respetar su intelecto y sentimientos. Así que yo agregaría a la cita de Camus: “el privilegio de la víctima de la mentira es que siempre el mentiroso -en actitud idiota- le cree idiota y por esto también aquella siempre termina venciéndolo”.




Y Camus también dice que la mentira y el odio no son más que sinónimos. Es decir, la mentira es la proyección de la maldad, del lado oscuro, y finalmente siempre queda en evidencia.

Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe