miércoles, 19 de diciembre de 2012

Abstención II




Tal como escribiera Teodoro Petkoff, la proporción de votantes en el total de los resultados de las elecciones regionales es aproximadamente la misma que se observó en las elecciones presidenciales: 56% del oficialismo vs. 44% de la oposición. Además se ha determinado que la abstención afectó de igual manera a los dos bandos, es decir, aproximadamente la misma cantidad de electores menos que el 7 de octubre para cada lado, en términos relativos: En el caso del oficialismo fue de 41% y en el de la oposición de 42%.


Las causas del aumento en la abstención opositora deben encontrarse en cuatro razones principales:

1ª) Siempre hay mayor abstención en elecciones regionales. La proporción de abstención no fue inédita.

2ª) Prevalecen el desencanto, la falta de entusiasmo debido a la derrota reciente.

3ª) Existe el pesimismo crónico basado en la creencia de que el líder bolivariano es invencible electoralmente, particularmente debido a sus métodos fraudulentos.


4ª) La total desconfianza en el árbitro electoral absolutamente corrupto y parcial.

5ª) Hay gran decepción en una porción inmensa de la oposición con su liderazgo pues consideran que éste –cuando menos- cometió errores graves o –peor aún- quizás colaboró con el fraude electoral el 7 de octubre que le imputan al gobierno.






En Democracia el derecho y deber del voto puede y debe interpretarse como que el ciudadano tiene la potestad de votar en blanco (nulo) y aun de no participar si considera que ninguna de las opciones que se le presentan llena sus expectativas. Pero en Venezuela no hay Democracia y existe una situación especial que reclama una actitud distinta del elector pues su mera existencia y la de su descendencia están amenazadas. De manera que la participación de todos los electores opositores como un bloque monolítico –cuando menos votando- es indispensable. La abstención no es una opción en las presentes circunstancias de vida o muerte.


Hay evidencia aritmética de que con la misma participación de votantes que tuvo la oposición el 7 de octubre se hubiera ganado la mayor parte de las gobernaciones. Obsérvese la siguiente relación:


Anzoátegui:



Ganó Aristóbulo Istúriz con 279.672 votos,
Capriles el 7-Oct obtuvo 378.345 votos

Aragua:



Ganó Tarek El Aissami con 328.520 votos,
Capriles el 7-O obtuvo 384.592 votos

Barinas:



Ganó Adán Chávez con 127.669 votos,
Capriles el 7-O obtuvo 165.135 votos

Carabobo:



Ganó Ameliach con 393.758 votos,
Capriles El 7-O obtuvo 537.077 votos

Falcon:



Ganó Stella Lugo con 141.024 votos,
Capriles el 7-O obtuvo 195.619 votos

Guárico:



Ganó Rodriguez Chacín con 132.105 votos,
Capriles El 7-O obtuvo 135.451

Mérida:



Ganó Alexis Ramirez con 137.599 votos,
Capriles el 7-O obtuvo 239.653

Monagas:



Ganó Yelitze Santaella con 155.310 votos,
Capriles El 7-O obtuvo 191.178

Nueva Esparta:



Ganó Mata Figueroa con 110.502 votos,
Capriles el 7-O obtuvo 125.792



Portuguesa:



Ganó Wilmar Castro con 116.647 votos,
Capriles El 7-O obtuvo 131.100

Sucre:



Ganó Luis Acuña con 134.484 votos,
Capriles El 7-O obtuvo 182.898

Táchira:



Ganó Vielma Mora con 236.369 votos,
Capriles El 7-O obtuvo 356.713 votos

Vargas:



Gano García Carneiro con 74.609 votos,
Capriles El 7-O obtuvo 78.382

Yaracuy:



Ganó Julio León con 121.512 votos,
Capriles El 7-O obtuvo 127.442

Zulia:



Ganó Arias Cardenas con 749.492 votos,
Capriles El 7-O obtuvo 842.032


(Miranda: Capriles sacó 200mil votos menos que el 7-Oct).


Pero lejos de reprocharle a la masa abstencionista, es necesario convencerla de que su participación es necesaria y tiene importancia y significado. Carece de sentido atacarla para persuadirla de votar, máxime cuando sus reclamos hacia el liderazgo tienen fundamento en las graves fallas en que este ha incurrido, que sí las ha habido.




De manera que el elector tiene la obligación de participar pero el liderazgo tiene la de hacer lo posible para lograr las condiciones mínimas de pulcritud para que en los procesos electorales que se avecinan (uno es el presidencial pues hay indicios claros de que el recién reelecto gobernante no estará en capacidad de ejercer debido a su lamentable estado de salud) el elector sienta que su voto cuenta,  hace la diferencia y que será defendido por líderes decididos.




Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe




lunes, 17 de diciembre de 2012

Abstención




Se estima que una de las principales causas del revés electoral para la oposición en las pasadas elecciones regionales para gobernadores del 16 de diciembre, fue la elevadísima abstención. Por esta razón surgieron las acusaciones e incluso los insultos contra quienes no votaron, por haberle entregado la victoria en bandeja de plata al oficialismo. En las redes sociales pudimos ver expresiones como “irresponsables, indolentes, vende patria”, entre otras.


Votar es una obligación, un deber ordenado por la Constitución. Sin embargo, reside en el sistema y en el líder la responsabilidad de convocar efectivamente a los votantes a ejercer lo que también es su derecho. El elector venezolano tiene suficientes razones para ser suspicaz de un sistema electoral que, a su juicio, no ofrece las suficientes garantías de neutralidad y pulcritud, o peor, que es abiertamente fraudulento.


En atención a esta duda bien fundada, el liderazgo opositor ofreció en el pasado para las elecciones presidenciales garantías de que velaría por la limpieza del proceso, defendería los votos opositores y que a tal fin auditaría y presentaría al país la totalidad, el 100% de las actas debidamente auditadas con sus Constancias de Verificación Ciudadana. Esto jamás sucedió. La derrota electoral del 7 de octubre, proceso en el que hubo una altísima participación, y las extrañas circunstancias que lo rodearon, crearon la apatía que llevó a la abstención del 16 de diciembre. 


Es labor del líder captar el interés de la masa electora, elevar su entusiasmo, y convencerla de que deben votar por él en razón de las bondades que ofrece su opción. No es la masa un cúmulo de borregos cautivos y sin conciencia que acude ciegamente a votar bajo la extorsión “voten por mí pues yo soy la única alternativa que tienen, si no, gana su adversario”. En un escenario como el venezolano, el líder debe presentar además, el compromiso de que defenderá los votos que recibe y efectivamente hacerlo. Pero el liderazgo opositor le falló a su pueblo cometiendo graves errores el 7 de octubre, cuando actuó de maneras que levantaron las sospechas de sus seguidores. Todavía no existe explicación plausible, por ejemplo, para el silencio que mantuvo por horas esa noche luego de haberse manifestado triunfal al comienzo de la misma. Y como se ha mencionado, las actas de votación auditadas que prometió al país todavía no las ha presentado, acto que aclararía ante los suspicaces cualquier duda acerca de los hechos y sus procederes.


Esta misteriosa conducta del liderazgo ha arrojado serias dudas acerca de su honestidad (dudas que no comparto) que han erosionado terriblemente la confianza del elector. Muchos decían “¿votar otra vez para que mi voto se lo den a Chávez y los de la MUD lo permitan?” y cosas parecidas. Se ha llegado a elaborar teorías de que existe un complot entre la MUD y el gobierno para que a cambio de ciertos beneficios, esta colabore en su legitimación a través de elecciones fraudulentas. Esto, estoy seguro, no es cierto.

No me he cansado de insistir: “no dudaré de la honestidad de los líderes de la MUD, pero por favor, por el bien de todos, presenten las actas que prometieron”. Por cierto, llamó la atención la declaración de Ramón Guillermo Aveledo en la noche del 16 de diciembre en el sentido de que esta vez examinarían hasta la última acta. El 7 de octubre aceptaron la derrota sin revisar ni una.


¿Quién es el responsable de la alta abstención y la consecuencial derrota, el elector apático, desencantado,  decepcionado, suspicaz de su liderazgo o el liderazgo que no ha obrado con claridad, ha cometido graves errores y no ha sabido conservar la confianza del elector?


No debe perderse de vista que la unidad es vital, que sin ella no sobreviviremos, pero un liderazgo cuestionado, con razón real o sin ella, atenta contra esa unidad que en este momento está resquebrajada debido a los hechos de los líderes en las pasadas elecciones presidenciales, cometidos bien por omisión, bien por error (reitero, no creo que por dolo). En aras de la unidad, los líderes deben cobrar conciencia de que son mutables. Para salvaguardar la unidad, o le hablan claro al país acerca de lo que sucedió el 7 de octubre, o deben dar paso a otras mujeres y hombres con capacidad, que en nuestro campo sobran. No podrían dar mayor muestra de compromiso y adhesión a la causa libertaria.



 

Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

jueves, 13 de diciembre de 2012

Enfermedad




Hemos visto a los líderes chavistas exigir respeto con legítima indignación por el trance que atraviesa su líder debido a su enfermedad, exigen consideración por el dolor ajeno y es lógico que lo hagan.

Tristemente, el gobernante ha basado su estrategia para acceder y preservar el poder en la siembra de odio. Ha amenazado con total destrucción y en efecto ha destruido a muchos. Baste como ejemplo el caso del señor Franklin Brito y su familia, sin olvidar el de la doctora María Lourdes Afiuni y el de los presos políticos. Infinidad de personas que no han llegado a las páginas de los diarios han visto su existencia destruida e incluso han perdido la vida por hecho directo o indirecto de parte del Soldado de Sabaneta.


No obstante esta realidad, los partidarios del oficialismo se sienten ultrajados cuando las víctimas tienen expresiones de júbilo por la tragedia que los aqueja; y es humano que así sea. Ahora reclaman las expresiones de “todo el odio y el veneno” que en primer lugar su propio líder sembró.

Son lamentables estas manifestaciones de odio de parte de los adversarios del autócrata pues –aun como legítima defensa- constituyen la demostración fehaciente de que él tuvo éxito absoluto inoculando el odio en nuestra sociedad, de que sucumbieron a su voluntad, pero también es humano y comprensible que sucedan.


Sin embargo, así como los oficialistas están en su derecho de sentirse ultrajados por tales expresiones contra su líder, hemos visto cómo de forma asquerosa están utilizando la propia desgracia con fines proselitistas en provecho de las candidaturas regionales para gobernadores. Y esto lo están haciendo de forma estudiada y premeditada, tal como consta del documento instructivo para los candidatos emanado del comando de campaña, redactado por el psiquiatra Jorge Rodríguez.


Y es aquí donde surge la pregunta válida: ¿Qué es peor, cuál es mayor ofensa, qué es más bajo, los insultos de opositores colmados de odio o el proselitismo lleno de amor aprovechando la enfermedad del amado líder?


Leonardo Silva Beauregard
Twitter: @LeoSilvaBe

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Miedo




Desde la sesión del domingo conducida en la Asamblea Nacional a los efectos de otorgar el permiso para el viaje del líder máximo, hemos escuchado repetidas veces “estamos tristes pero no es debilidad”, por parte de los dirigentes del oficialismo. Lo ha reiterado Nicolás Maduro en las cadenas de radio y televisión para dar los partes del estado de salud del gobernante. Se ha mostrado legítima y comprensiblemente contrito pero ha culminado siempre con amenazas contra quienes osen ofender al mismo autor de las frases “odio con todas mis entrañas al Estado de Israel, pulverizaré a burgueses y oligarcas” y “la Iglesia Católica es un tumor”, ¡imputándoles siembra de odio!


Estamos claramente ante lo que los psiquiatras llaman Proyección Identificativa: los hechos y condiciones propios, la propia esencia, el individuo la ve reflejada en otros. Desde esas intervenciones que comenzaron con las de algunas damas diputadas envueltas en el paroxismo de la histeria y la de Diosdado Cabello, han sido continuas las amenazas contra quienes manifiestan odio hacia el jefe enfermo.
 

El “no es debilidad” se ha convertido en un mantra que repiten para convencerse de que no sienten pánico ante la perspectiva de orfandad. Lo que resulta evidente de la actitud del oficialismo en la voz de Cabello primero y ahora de Maduro en su calidad de Vicepresidente es de que –cuando menos- existe inmenso nerviosismo ante la situación que están viviendo. ¿Tiene necesidad de repetir quien se siente fuerte “no estoy débil”? ¿Tiene necesidad de repetir quien se siente fuerte amenazas contra quienes no deben representar peligro alguno?


Sin embargo, no nos engañemos, el hecho de que en estos momentos cunda el pánico en el oficialismo no significa que el peligro de violencia no sea extremo. No existe promotor de la violencia más eficiente que el miedo. Es el estímulo que provoca la respuesta de agresión que le permite sobrevivir al animal acorralado.


Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe